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27 de Ene de 2022

Columnistas

Fábula del zorro en el gallinero

“No más zorros en nuestro país. Constituyente Originaria para cambiar el juego, y echar a tanto zorro a la candela”

Estábamos en el mercado cuando un vecino, don Toti, llegó quejándose de que había sido víctima de un abuso. Siendo alguien conocido, todos pusimos atención a su alharaca, para ver si entendíamos de qué se quejaba.

Con poco aire para hablar, pero sin dejar de gesticular con manos y brazos, alcanzó a decir con lo que le quedaba en los pulmones:

-“¡Un zorro se ha metido en mi gallinero y se ha comido todas mis gallinas!- con tono apesadumbrado.

-“Epa, don Toti, no se preocupe, que aquí en “Tierras Partidas” todo se resuelve. ¿Tiene la foto del zorro comiéndose a sus gallinas?”, dijo uno de los vecinos de mayor experiencia. -“Con esa prueba sumaria va preso ese zorro”- concluyó.

-“Pero no tengo foto”- dijo Toti confundido. -“No obstante, el zorro quedó atrapado dentro de mi gallinero. Entró flaco, y luego de comerse mis gallinas estaba tan gordo que no pudo salir. Aún está ahí”- dijo con tono certero don Toti. -“¿Qué más prueba necesitan?”-

-“Aguanta, Toti, las vainas no son así. Para eso tenemos leyes”- argumentó otro de los que se había acercado al grupo de la conmoción. -“Yo soy abogado, Toti, y las leyes funcionan acá de otra manera. Tienes que presentar una querella formal, en la que acredites pruebas contundentes que demuestren que el Señor Zorro, a quien ahora represento, presuntamente cometió los delitos que le imputas ahora”.-

-“¡Tienes que estar jodiéndome, Ballesteros! ¡Te acabo de decir que anoche estaban todas mis gallinas allí, y ningún zorro! ¡Y ahora no hay gallinas y hay un zorro, tan gordo, que no ha podido salir por donde entró!”-

-“Esto no es personal, Toti, lo siento. Pero es que las leyes son las leyes, y así son las vainas. Es más, te advierto que si no presentas las pruebas del delito del cual acusas a mi cliente, te vamos a demandar por difamación, pues la imagen y el prestigio del Señor Zorro se han visto mancillados por tus declaraciones”-.

Salgamos por un momento de la fábula, amigo lector, y enfoquémonos en el momento actual. ¿Acaso le resulta familiar este relato? Espero que sí.

Vivimos en un mundo en que gente que no trabaja se mete en nuestras casas a comerse nuestra comida, y exige que tengamos lo que a ellos les apetece.

A ver si me explico mejor. Nuestras sociedades son regidas por políticos. Los políticos tienen salarios astronómicos que se pagan con nuestros impuestos.

Aguanta...

¿Y qué carajos son los impuestos?

Definición técnica:

“El impuesto es un tributo o carga que las personas están obligadas a pagar a alguna organización (Gobierno, rey, etcétera) sin que exista una contraprestación directa. Esto es, sin que se le entregue o asegure un beneficio directo por su pago”.

¡Pues, coño! ¡Si más claro no puede estar!

Los ciudadanos estamos obligados a pagar los salarios de unos parásitos sin educación, sin valores, sin capacidad creativa y sin la intención de mejorar la situación colectiva de la ciudadanía, y lo hacemos de manera voluntaria, a sabiendas de que parte del fruto de nuestro sudor va a terminar en los bolsillos de aquellos que perpetúan lo malo, y buscan de manera continua cimentar la traición como senda.

Traición:

“En Derecho, la traición se refiere al conjunto de crímenes que engloban los actos más extremos en contra del país de cada uno. Familiarmente, la traición consiste en defraudar a familia, amigos, grupo étnico, religión u otro grupo al cual pueda pertenecerse, haciendo lo contrario a los que los otros esperan”.

En “Tierras Partidas” cualquier zorro con plata se consigue un leguleyo que diga que no hay manera de probar que hizo lo que hizo. Entiéndase bien, los leguleyos no tienen que probar la inocencia del Señor Zorro, no. Solo tienen que agarrarse de las múltiples falencias del sistema para que no se pueda demostrar la culpabilidad de su cliente.

¿Y las gallinas?

Resulta que en un pueblo con poca o nula memoria, nadie recuerda el motivo, flagrante a todas luces, de la acusación. Acá, en “Tierras Partidas”, nos gusta que los zorros se coman las gallinas, y después nos prometan gallineros para todos.

Al final, el Señor Zorro demandó a don Toti por difamación, pues las fotos del “gallinicidio” jamás aparecieron. Además, se quedó viviendo en el gallinero, pues no podía salir de lo gordo que estaba, y los administradores de justicia determinaron que era responsabilidad de don Toti alimentar al Señor Zorro de por vida, pues era culpa de él que el Señor Zorro hubiera quedado atrapado en el gallinero, al cual jamás se demostró que hubiera entrado de manera forzada.

No más zorros en nuestro país.

Constituyente Originaria para cambiar el juego, y echar a tanto zorro a la candela.

¡Panamá Buena!

Fuera la porquería.

Dios nos guíe.

Ingeniero