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28 de Ene de 2022

Columnistas

La humildad de la vergüenza

“[…] nunca, en el barrio en que yo crecí, los vi (a los padres y madres) involucrarlos ni, mucho menos, estimularlos a que siguieran por el camino del delito, celebrar ni justificar sus acciones ni defenderlos a capa y espada”

Una de las definiciones de la RAE sobre la vergüenza es: “Turbación del ánimo ocasionada por la conciencia de alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante”. Acá hemos perdido mucha vergüenza en los últimos años, a todos los niveles y camino de las correcciones nos proporcionará, mucha más en los meses por venir.

Hay mucho que aún nos falta saber sobre el caso por el cual se declaró culpable Luis Enrique Martinelli y en el que involucró a su hermano. Poco sabemos sobre los otros involucrados y las ramificaciones que pueden señalar lo extenso del entramado para lavar los dineros mal habidos: bancos, socios, etc. Y vergüenza debe dar saber que, si no es por el empeño de los fiscales en Estados Unidos, no estaríamos al inicio de este proceso por saber la verdad sobre este y talvez muchos otros delitos.

Para los que hacían cálculos politiqueros sobre las próximas elecciones generales del 2024, deben comenzar a reevaluar esos cálculos, yo no me aceleraría en pensar que el camino hacia la victoria está señalado. Ahora no es fácil asumir que un candidato en particular, independientemente de lo que digan las encuestas en este momento, tiene grandes posibilidades de ganar esas lecciones. Yo lo pongo en duda. Si únicamente dependemos de los Estados Unidos para “limpiar la casa”, no creo que dejarán a los “señalados por corrupción” ganar espacios.

También en los últimos días, y porque los Estados Unidos está directamente involucrado, se llevó a cabo la “Operación Fisher”, en donde se capturaron 57 personas: 47 hombres y 10 mujeres, presuntamente, vinculados al “Clan del Golfo”. Las autoridades contabilizaron más de 10 millones de dólares decomisados en los operativos relacionados a este evento.

El historial del sistema judicial panameño frente a actos de corrupción y abuso de poder habla por sí solo y, como “profesionales”, deben sentir vergüenza ante lo decidido por la justicia de Estados Unidos de actuar en los casos en que puede hacerlo. Vergüenza debe darnos todo el sistema de seguridad, que, en los últimos años, ha permitido la infiltración de personas ligadas a la delincuencia nacional e internacional, en todos los niveles de jerarquía y operaciones, aparentemente, con el beneplácito y conocimiento de los gobernantes de turno.

El miércoles es el Día de las Madres y reflexiono sobre la responsabilidad de todo padre o madre y su deber de alejar a los hijos de los peligros que la vida les puede poner por delante, inclusive, dirigidos e influenciados por personas que, igualmente, tienen la responsabilidad de amarlos y protegerlos a como dé lugar. Como hemos celebrado a Rubén Blades en las últimas semanas, y una de sus canciones, “Amor y control”, es la favorita de miles de personas. Una reflexión sobre el papel de los padres en la crianza y guía de los hijos es de suma importancia para todos en este tiempo que vivimos.

La mayoría de las personas de mi generación, que provenimos del barrio, tenemos y hablamos con orgullo, en la mayoría de los casos, de la conducción y la disciplina con que nuestros padres nos criaron. Y subrayo nuevamente: “en la mayoría de los casos”, porque siempre hay excepciones.

Yo vi madres y padres rogar a sus hijos del barrio que dejaran el camino equivocado. Hacer lo posible por alejarlos de las influencias negativas de otros. Llorar, sufrirlos, rezar y llorarlos nuevamente. Llevarles lo necesario si caían en la cárcel. Pero nunca, en el barrio en que yo crecí, los vi involucrarlos ni, mucho menos, estimularlos a que siguieran por el camino del delito, celebrar ni justificar sus acciones ni defenderlos a capa y espada.

Una de las conductas que nos ha traído a este momento es la falta de honor y vergüenza de ofensores, familiares y amigos. Creo que en el pasado los amigos, por no decir la familia inmediata, enérgicamente increpaban al pariente que se desviaba de la honorabilidad, “manchaba” o dejaba en entredicho el nombre de la familia. Hoy, eso es lo de menos, tanto de los presuntos maleantes, los que gozan del resultado de sus hazañas, así como los que deben impartir justicia. Eso, en las familias más acomodadas al igual que en las del barrio. Los de mi época, sintieron dolor, expresaron vergüenza y lo lamentaron con humildad.

Comunicador social.