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16 de Ene de 2022

Columnistas

Navidad y fin de año

“[…] durante este mes, más que excesos, […], debemos destacar el valor humano, la solidaridad, volcar nuestras miradas hacia los que menos tienen y compartir con ellos”

Al llegar diciembre, no sé si es el aire de fin de año, la música radial o el desborde coyuntural de ansias lo que lleva a la gente común a interpretar y vivir la Navidad desde diversas ópticas. Generalmente, se abocan a un consumismo exagerado y superfluo que, de hecho, no es normal, sino inducido. Pues, se entiende que en este mes se compra, se bota, se exhibe, se derrocha, se compite y paulatinamente se da una desvirtualización del espíritu navideño.

Si bien cada uno, según sus recursos, tenencias y posibilidades, asume este mes del año a su manera, nos parece oportuno esbozar algunas reflexiones al respecto. Navidad prístinamente fue un festejo pagano que la Iglesia católica muy bien supo manejar al instituir el 25 de diciembre como el nacimiento de Jesús, dándole otra connotación y sentido.

En el tiempo de los romanos, en Saturnalia, (fiesta en honor al dios Saturno) se hacía una celebración con banquetes e intercambio de regalos al final de la temporada de cosecha. A diferencia de esta celebración, y posteriormente vinculado con lo que conocemos como Navidad, bíblicamente vemos a los Reyes Magos buscando al Niño Jesús para ofrecerle regalos y reverencia. En 1492 se sitúa uno de los registros históricos de esta celebración en América Latina. Ciertamente es una fecha importante en el cristianismo y momento donde se celebra; sin embargo, intereses económicos e ideológicos han dado un giro abrupto a esta, de tal manera que más que una celebración solemne y reflexiva, se ha convertido en festejo de la deidad: Consumo.

La transculturación creó a Santa Claus o Papá Noel y consigo una motivación más allá, formas conductuales dirigidas o focalizadas hacia comprar y tener desmedidamente, perdiéndose así la humildad de Jesús, objeto de la celebración, su prédica, su ejemplo y el modelo de un hombre distinto, con una visión revolucionaria, pero dirigida hacia los menesterosos y más necesitados.

Entonces, se me ocurre que, durante este mes, más que excesos, más que materialismo, más que competencias triviales, debemos destacar el valor humano, la solidaridad, volcar nuestras miradas hacia los que menos tienen y compartir con ellos. Asimismo, en este fin de año, orar y hacer esfuerzos ingentes por exorcizar la corrupción, el individualismo, la maldad, el egoísmo, la mentalidad perversa de nuestros gobernantes, que han hecho de la riqueza del país un patrimonio personal en desmedro de la educación, la salud y la vida de grandes núcleos humanos que también son Panamá. Celebremos la Navidad y un fin de año unidos en familia.

Docente

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