Temas Especiales

20 de Ene de 2022

Columnistas

Intenciones de voto prematuras

“[...] el voto más peligroso, y el causante de que llevemos a los “peores” a la silla presidencial, es el “clientelista” [...]”

Es innegable que una encuesta de opinión aplicada de manera correcta y sin “manipulación” puede resultar en un instrumento científico para medir cierto tipo de comportamiento social. Aunque es válido decirlo, las encuestas que recogen “preferencias políticas” tienen que someterse a rigurosas pruebas de adecuación y tomar en cuenta un universo del cual se puedan extraer muestras significativas.

Las encuestas de preferencias políticas tienen que navegar en un “mar de turbulencias” constantes, donde entran en juego la pasión y también la ignorancia. Este tipo de condicionamiento hace que hasta el último minuto muchas intenciones puedan cambiar de forma abrupta sin que la encuesta tenga algún control sobre las mismas.

En el pasado, las encuestas de opinión que se aplicaron sobre intenciones de voto tuvieron errores significativos en el momento de la supuesta “predicción”. Ejemplos como el de Juan Carlos Varela, que ganó para sorpresa de muchos; el de Juan Carlos Navarro, que corría también como favorito en las predicciones electorales; y, el del cantautor Rubén Blades, que las encuestas colocaban peleándose con el primer lugar y luego llegó en un distante tercer lugar, son aleccionadores con lo que trato de explicar.

En los actuales momentos, existe un grupo significativo de panameños(as) que ha perdido la fe en las encuestas de “opinión”, por aquello de que algunas encuestas solo responden a los intereses de quienes las contratan y es por ello que, al final del camino, las mismas solo se convierten en una especie de fuerza propagandística más.

En lo personal y como científico social que soy, dudo mucho que el expresidente Ricardo Martinelli goce de la simpatía de la mayoría de la población panameña por la cantidad de “escándalos” de corrupción en la que se ha visto como protagonista, al igual que familiares cercanos.

Vale la pena resaltar que existe un grupo de electores que todavía sigue creyendo que la salvación está en los partidos políticos y en algunos candidatos que saben que la “mentira” y las medias verdades pueden surtir efecto al momento de depositar el voto.

Algunos otros se han acostumbrado tanto a las prácticas del “clientelismo”, que solo les basta un “salpique” para afirmar que tal o cual candidato es “el mejor” de las opciones.

La “doble moral” con la que actúan algunos panameños(as) cuando justifican aquella acción deleznable en la que un gobernante hace fortuna con el apoyo de su influencia, pero también reparte una “porción” de regalos que son comprados con el impuesto que la mayoría paga sin darse cuenta, no puede ser entendida a “conciencia” por los que abanican estas posturas para nada decentes.

Existe una porción de votantes que se puede catalogar como “alienados políticos” que están representados por aquellos que votan de acuerdo a “mitos urbanos” o de “rumores” que ellos interpretan como válidos. Este grupo de electores carece de capacidad mínima de autoanálisis y siempre vive echándole la culpa a todos los que están en el poder y resaltando cualidades positivas a quienes no lo poseen en los actuales momentos.

Muchas personas que adversaron a Martinelli siendo presidente, hoy en día lo defienden, simplemente, porque no les ha ido bien con el Gobierno actual. No olvidemos que la enorme cantidad de personas que perdieron sus empleos producto de la pandemia se pueden contar como un colectivo de “votantes resentidos” que le daría su voto “irracional” a cualquiera que le prometa una “vida en el paraíso”.

En las elecciones también votan los que pertenecen a una estructura partidista y cuyos familiares cercanos también lo pueden ser. Este voto es hasta el momento el más comprometido y difícilmente varía, puesto que también va ligado a una “tradición familiar”, según la cual “todo mejora cuando gana alguien de la familia”.

Sin embargo, el voto más peligroso, y el causante de que llevemos a los “peores” a la silla presidencial, es el “clientelista”, conformado por los individuos que esperan que les llueva el “maná” tan prometido y por el cual tenemos hoy día una “cultura política” forjada por los políticos mentirosos y oportunistas desde inicios de la República.

Sociólogo y docente panameño.