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26 de Ene de 2022

Columnistas

Razonamientos didácticos entre un cuento y otro (*)

“[…] cada vez que creo haber completado satisfactoriamente lo que me parece puede ser ya un libro completo […], […], resulta que no pasan dos días sin que ya esté empezando lo que podría ser otro: […]”

Uno de los absurdos benéficos -algunos lo son, créanme- más frecuentes que confronto durante este largo exilio social causado por la pandemia que azota de modo reiterado y acaso permanente al mundo, incluida Panamá, es en sí misma una feliz paradoja; un oxímoron, dirían los lingüistas.

Por un lado, me ha permitido escribir con una fluidez y una continuidad mayor que nunca antes en mi vida -cuentos, ensayos breves, poemas-. Es decir, mi creatividad, defenestrada por completo por la ansiedad y la depresión durante los tres primeros meses de la pandemia en 2020, posteriormente ha aflorado de un modo absolutamente sorprendente e inusual.

Por otra parte, cada vez que creo haber completado satisfactoriamente lo que me parece puede ser ya un libro completo (sobre todo de cuentos y minicuentos), cerrado sobre sí mismo, sin fisuras, resulta que no pasan dos días sin que ya esté empezando lo que podría ser otro: entusiasmado, pletórico de energía nerviosa; regateándole tiempo al tiempo que ahora parece sobrarme, tras trabajar como docente en colegios y universidades de Panamá, EUA y México con horarios fijos desde los 19 años (mi primera clase fue como profesor de inglés, en el sexto año del Instituto Nacional, siendo aun estudiante de la Universidad de Panamá, en una época en que al producirse una vacante por licencia de maternidad de una profesora de ese plantel, en Panamá simplemente no había profesores disponibles de dicha materia. Válgase la anécdota). Han sido, pues, 58 años de profesorado -en inglés y en español- en tres países.

Pero volviendo al tema inicial, tres factores han permitido y propiciado, sin duda, la ráfaga creativa de los últimos dos años: la tranquilidad implícita en el largo encierro obligado y el hecho de estar jubilado y vivir sin compañía a mis 77 años de edad. Visto de forma no sé bien si pesimista u optimista, acaso sea una manera de no enloquecer. Una suerte de tú a tú con la vitalidad que a Dios gracias siempre me ha animado, pero ahora sacándola sin proponérmelo, de forma absolutamente natural, no de la manga sino de donde no sabía que seguía existiendo.

No sé si me explico. Probablemente no, porque ni yo mismo lo tengo del todo claro. Y es que en general me pasa, al crear escritura creativa, algo similar a como ahora mismo ocurre al sentir la impostergable necesidad de hablar del asunto, de examinarlo tratando de entender sus vectores, los beneficios indudables de sus dúctiles acechanzas. Y por supuesto, al ejercitarme en las siempre gratas lides del raciocinio -como ahora mismo lo hago-, no permitir que mi cerebro enmohezca antes de su hora. Porque si bien ya tengo a veces pequeños lapsus de memoria, por suerte la imaginación -esa "loca de la casa", según la llamaba Santa Teresa de Jesús- sigue presente titilando sus imágenes y propuestas, al igual que la capacidad de razonar.

Los críticos nacionales y de otros ámbitos a menudo se refieren a la presencia constante, de un modo u otro, no pocas veces de manera experimental, de la llamada "metaliteratura" (o metaescritura) en buena parte de mi obra. Sin duda tienen razón. Porque ese hablar sobre un cuento desde el cuento mismo, sobre un poema desde el propio poema o acerca de un determinado ensayo desde las entrañas mismas de su discurrir, es algo que me encanta hacer. De hecho, lo estoy haciendo ahora mismo, mientras redacto estos razonamientos.

Sin duda, el hecho de haber sido profesor de literatura durante tantos años, haber impartido diplomados y talleres por tanto tiempo, así como el dedicarme entre una cosa y otra a la investigación literaria (que a su vez me ha permitido preparar numerosas antologías y conferencias), así como a la promoción cultural en general, han fortalecido sustancialmente esta tendencia. Todo lo cual quiero pensar que ha aportado un significativo ingrediente didáctico a mi quehacer. El tiempo -juez inexorable- dirá.

Termino acotando que ha coincidido en el tiempo la publicación este año de tres libros de cuentos de muy reciente escritura: "Lo efímero perdurable" (Panamá); "Vuelta de tuerca: 100 Cuentos" (Guatemala) y "Hueso duro de roer" (Costa Rica), así como la aparición de varias antologías sobre diversos aspectos del cuento en Panamá.

En el fondo, se trata de una sola amalgama; de un entramado híbrido cuyas facetas se complementan y fortalecen unas a otras. Y por ello doy gracias a los dioses; y a mis lectores.

(*) Para Rodolfo de Gracia, académico de la lengua y versátil crítico literario.

Cuentista, poeta, ensayista, promotor cultural.