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26 de Ene de 2022

Columnistas

¿Un nuevo infierno?

“[…] de estallar una guerra […], el paso estratégico que representa Panamá sería automáticamente objetivo de las potencias que adversen a occidente, lo que podría significar la aplicación del Tratado de Neutralidad […]”

A menos que EUA y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) posean un arma secreta que garantice la efectividad de una estrategia de “primer golpe”, que liquide por completo la capacidad defensiva y de respuesta rusa, me temo que hay cálculos poco exactos en la posibilidad de éxitos rápidos en una eventual confrontación militar de occidente con Moscú.

Así, porque, independientemente del armamento mostrado cotidianamente por el Kremlin y las renovadas advertencias de sus dirigentes, nadie sabe a ciencia exacta cómo está estructurada la defensa rusa o qué oculta en su reserva. Podría ser ingenuo suponer que con las cinco ampliaciones de efectivos armados que ha realizado la OTAN en la frontera ruso-europea en lo que va del siglo XXI, los dirigentes de ese país se hayan quedado de brazos cruzados.

Aun cuando desde EUA han hablado de retórica guerrerista rusa y la semana pasada lanzaron advertencia en caso de que Moscú actuara contra Ucrania, lo cierto es que ni Washington ni la Unión Europea han negado que la OTAN tenga en los límites de Rusia tropas y bases en las que, solo en Ucrania, actúan 10 000 instructores militares, cuatro mil de ellos norteamericanos.

Llama la atención igualmente que, pese al enérgico rechazo de Moscú a la progresiva ampliación de la OTAN y a las advertencias formuladas por el presidente Vladimir Putin, la prensa occidental parece poco interesada en el tema, ocupada como está en el despliegue de la variante ómicron de la COVID-19.

Al final de la semana, la posición rusa era reforzada por una declaración conjunta con China, lo que permite suponer que, en caso de que estalle una guerra, occidente estaría actuando contra el eje Moscú-Pekín.

Moscú ha dicho, y con razón, que no es Rusia la que tiene armamento y tropas desplegadas en la frontera sur de EUA, al contrario, un largo cordón de efectivos de la OTAN proyecta de manera ofensiva la presencia de occidente, y mientras los rusos exigen garantías de seguridad para su frontera, occidente no ha dicho si habrá contactos en tal sentido.

Preocupan los hechos, porque, de estallar una guerra como la que se percibe, el paso estratégico que representa Panamá sería automáticamente objetivo de las potencias que adversen a occidente, lo que podría significar la aplicación del Tratado de Neutralidad de este país con Washington, consignado en los Tratados Torrijos-Carter y que privilegia a EUA en la defensa de la ruta.

Tal parece que hay de parte del Potomac y la UE cierta subestimación a la capacidad de reacción de Rusia y de China, a menos que en la estrategia de ataque se contemple un conflicto de largo alcance, lo que implicaría el involucramiento de casi todos los países del orbe en una confrontación de esa naturaleza.

Los antecedentes históricos indican que con Rusia no se puede hacer cálculos de ese tipo. En 1941, cuando Alemania se lanzó contra la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, tuvo a su favor un factor sorpresa que le costó a esta última la destrucción en tierra de su flota aérea, y le garantizó a la “Wehrmacht” un rápido avance sobre el territorio soviético. Las tropas alemanas actuaron en profundidad sobre San Petersburgo, entonces Leningrado, y casi llegaron a las puertas de Moscú.

La realidad de hoy es otra. Dudo que el factor sorpresa dé a occidente la ventaja que busca. Por el contrario, Europa podría convertirse, otra vez, en el tablero donde occidente y oriente diriman sus diferencias.

Se sabe que los países de la OTAN suman un cuantioso arsenal de armas atómicas, y puede haber cálculos aproximados de los que tiene Rusia y China. Sería una carnicería, una locura perfecta… el problema estriba en cómo terminaría eso. En la Segunda Guerra Mundial las muertes ascendieron a más de 50 millones de personas. Creo que, de darse, esta vez la pandemia de la COVID-19 sería un detalle.

Periodista