Temas Especiales

17 de May de 2022

Columnistas

Desastre o prosperidad, una disyuntiva

“Quizás el surgimiento de otra variante del coronavirus sea el signo de un descuido, que requiera mayor concentración, cuidado y modificar todo, para un trabajo más eficiente”

Una de las primeras noticias del nuevo año 2022 ha sido el fallecimiento del arzobispo emérito de Sudáfrica, Desmond Tutu. Su nombre está ligado a una de las campañas más prolongadas de la lucha contra el apartheid y la discriminación en todos los niveles, que alcanzó no solo su país, sino también, escala planetaria. Esta muerte constituye el apagón a la gestión personal frente a una época cruda, oscura e irracional.

Más allá de resaltar su papel significativo en el contexto de diversas crisis históricas, advirtió que es necesario transformar el estado de las cosas: “Reparar injusticias sin crear justicia, siempre termina empeorando la realidad…”. Pero es relevante su capacidad de hacer que el espíritu humano pueda adquirir la certeza de alcanzar sus metas, por la seguridad de lograr un nuevo panorama en donde desenvolver la vida y sus actividades más preciadas.

El periodo anual, que culminó el 31 de diciembre, fue un verdadero reto para las sociedades que debieron atestiguar, sin mayores posibilidades de actuación, cómo se deterioraban las estructuras sanitarias, económicas y, por tanto, la estabilidad de todos los grupos; incluso, los más íntimos como la familia. Emergió un nuevo virus, que se extendió a todos los confines antes de que se pudiera conocer de su agresividad y formas de enfrentarlo.

Pero, además, hubo grandes conflictos, siempre caracterizados por fórmulas inequitativas para atender los grandes desbalances. La naturaleza también ha enfrentado múltiples contingencias, que adquirieron características de gravedad histórica y deterioraron estructuras que servían para estabilizar a comunidades o determinados sectores de una u otra región en diferentes partes del orbe.

Estos fenómenos de diferente factura, origen o circunstancia terminan por crear una atmósfera de incredulidad, de fatiga en las posibilidades del pensamiento humano y se constituyen en detonantes de varios tipos de conflictos, que surgen alrededor de los individuos, en sus niveles más estrechos y se expanden a su alrededor; sobre todo con otras personas, colectivos o terminan por adueñarse de las conciencias en forma generalizada.

Es allí donde se empieza a imaginar un mundo con valores invertidos y, este desdoblamiento, al prolongarse en el tiempo, termina por afectar a una generación, si no surgen nuevos modelos. Un ejemplo de esto es el fracaso escolar de alrededor 30 000 estudiantes, en el reciente ciclo lectivo, y que representa un aumento con relación a años precedentes. ¿Qué sucede cuando no se tiene, siquiera, una visión clara de los acontecimientos?

“Hemos perdido el rumbo”, decía el gran dictador, personaje de Chaplin; “… la codicia ha envenenado el alma del hombre…”, continuó, en su enfoque de una humanidad asolada por males que estaban fuera de su comprensión. Expresaba, además, la paradoja de los grandes descubrimientos o éxitos de la tecnología y, que, al contrario de la razón, se habían convertido en herramientas que también podrían tener una agresividad de carácter masivo.

Sin embargo, nuevas etapas pueden iniciarse, gracias a esa otra condición de recuperación o resiliencia que permite una redefinición de los umbrales de la desesperanza para proponer una readecuación de los factores y salir del ámbito pantanoso, alcanzando nuevos y claros senderos que conduzcan a otros escenarios. Todo esto puede conquistarse con solo levantar un poco la mirada, y escrutar el ámbito en que se generan las pulsaciones siniestras.

Siempre hay oportunidad de llegar a metas diferentes; sobre todo, porque no somos máquinas. El propio religioso, Tutu, lo expresaba: “Es a través de la debilidad y la vulnerabilidad que la mayoría de nosotros aprende empatía, compasión y descubrimos nuestra alma”. No es la negación “per se”, el alejamiento y dar la espalda, como logramos alcanzar resultados y sobreponernos a condiciones adversas.

Quizás el surgimiento de otra variante del coronavirus sea el signo de un descuido, que requiera mayor concentración, cuidado y modificar todo, para un trabajo más eficiente.

Periodista