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03 de Jul de 2022

Columnistas

Vestimenta, derechos y prejuicios

El termino vestimenta proviene del latín “vestire”, hay distintos tipos de vestimenta de acuerdo con cada ocasión, casual o informal, formal, semiformal, etiqueta o deportiva.

El termino vestimenta proviene del latín “vestire”, hay distintos tipos de vestimenta de acuerdo con cada ocasión, casual o informal, formal, semiformal, etiqueta o deportiva.

Hay empresas que imponen una vestimenta a los trabajadores, en el caso de las mujeres hay uniforme, y se determina la longitud de las faldas, los zapatos, el bolso, entre otros, y también existe para las personas que acuden a realizar trámites públicos en instituciones públicas del Estado, nada de pantalón corto, chancletas, u otros.

El vestuario que empleamos es un símbolo de expresión de nuestra imagen, “nuestros cuerpos vestidos hablan y revelan una cantidad de información sin mediación de palabras (Fernández Silva), y seguidamente, tendríamos que preguntarnos: ¿Por qué nos vestimos de una u otra manera? ¿Somos lo que vestimos? ¿Nos vestimos para nosotros o para los demás? ¿La forma en que nos vestimos nos criminaliza o incita al delito? ¿Existe el derecho a vestirnos? En la película de Erin Brockovich, cuya protagonista es Julia Roberts (2000), usaba un vestuario ajustado y provocativo, como asistente legal de una firma de abogados, y aunque de manera talentosa gana el pleito de la firma contra la destrucción del ambiente, no por ello tiene enemistades por su forma de vestir.

La vestimenta que usamos se debe a muchas razones, y en ello influye lo social, cultural o religioso, y vestimos diferente porque lo somos (estudiantes, religiosos, médicos, enfermeras,), y en muchas ocasiones no nos atrevemos a cambiar nuestro vestuario simplemente por presión social o “el qué dirán”. Hay que usar la vestimenta que nos haga sentirnos cómodos, pero en el caso de las mujeres se visten para sí mismas por vanidad, y usan vestidos sexis para impresionar a otras mujeres, y lo hacen porque les gusta verse bien y que las demás mujeres las envidien, y le da lo mismo si a los demás les gusta o no, pero no lo hacen para impresionar o provocar a los hombres, como usualmente se piensa.

Con el vestuario que empleamos se nos puede criminalizar y discriminar, por cuanto damos la imagen de que somos delincuentes, o se nos castiga como mujeres deportistas por usar una ropa “demasiada corta y reveladora”, como sucedió en los juegos Olímpicos de Tokio, o somos mujeres sometidas a juicio. ¿Cómo espera que la respeten vistiendo así? ¿No te sabes vestir?

Pero, se ignora que tenemos el derecho humano a vestirnos libremente, y por ello, se cuestiona sobre todo en el caso de las mujeres por vestirse con una falda demasiado corta, o un escote revelador, calificándonos de que eso no es propio de una “mujer decente”, porque con ello estamos provocando que nos tiren piropos callejeros, seamos acosadas sexualmente u objeto de violaciones. Ideas equivocadas que deben ser desterradas tanto de las mentes de los hombres como de las mujeres, porque se ha comprobado que la vestimenta no incita a los delitos sexuales. Y así se afirma (Alonso), “que las mujeres usan un look sensual para gustarse a sí mismas, y que no son una carta para piropear o toquetear, y que “la cantidad de ropa que usan no determina la cantidad de respeto que se merecen”.

En conclusión, recordemos que “no hay que juzgar al libro por la portada”, y que “el hábito no hace al monje”, valoremos a las personas en su comportamiento, y no por su cuerpo, su aspecto, o su vestimenta, y rechacemos la violencia machista y los prejuicios sociales que afectan los derechos de las personas de vestir libremente.

Catedrática de Derecho Penal, UP