17 de Ago de 2022

Columnistas

Mataron al halcón, pero no a su corazón

Este 31 de julio de 2022 se cumplieron 31 años de que un complot criminal con manos extranjeras y un par de nacionales lograron la explosión en pleno vuelo del bimotor Thwin Other en que Omar Torrijos y un grupo pequeño volaron al incógnito sideral en el horno de la altísima temperatura que produjo la pequeña y certera bomba activada desde tierra.

Este 31 de julio de 2022 se cumplieron 31 años de que un complot criminal con manos extranjeras y un par de nacionales lograron la explosión en pleno vuelo del bimotor Thwin Other en que Omar Torrijos y un grupo pequeño volaron al incógnito sideral en el horno de la altísima temperatura que produjo la pequeña y certera bomba activada desde tierra. A nivel protocolar, ningún mandatario en nuestra historia logró concentrar tantos personajes mundiales que alguna vez estrecharon la mano del panameño histórico de talla internacional; pero, aquello solo era “lo formal”. El llanto profundo fue de las decenas de miles de campesinos, obreros, madres agradecidas, que no pudieron contener su dolor. El sepelio religioso tuvo que esperar más de dos días ante la exigencia del pueblo por despedir, humedecidos sus ojos, a la cajita con sus cenizas calcinadas. Fue la conmoción anímica dolorosa más grande de la historia republicana. Lograban así algunos interesados “Derribar al halcón en pleno vuelo”, como lo denunciaron en su momento Moisés y Hugo Torrijos, sus hermanos.

Sorprendió grandemente la frase de monseñor Marcos McGrath en su homilía, sin haber sido nunca su amigo personal: “Omar tuvo de la misericordia que es la miseria misma del Señor; amó a los pobres, no solo de Panamá, sino a los del tercer mundo, y les enseñó a valorar su propia dignidad”. Un real editorial inigualable. El arzobispo retrataba el agradecimiento popular al más grande estadista de nuestra historia, a pesar “de su pecado original”, como él lo reconocía.

“Los únicos que le llaman la atención al general Torrijos son los campesinos humildes, con los que él tiene una clara complicidad de clase”. Afirmaba sobre Omar, su íntimo amigo, Gabriel García Márquez. Otro editorial. Ante un “regaño” de una periodista nacional a su arribo, ya no como “Isidoro, el guerrillero” —al que Omar acogió como un hermano mayor en su clandestinidad— sino como el Jefe de Gobierno de España, «¿Y usted todo un demócrata europeo, por qué tuvo intimidad con un dictador como Torrijos», el estadista con su chispa andaluza, sonriendo, respondió: “Omar Torrijos fue un dictador, confeso y converso, pero un fenómeno irrepetible en América Latina”. Y ¡cuánta verdad encerraba esa frase sentenciosa! No encontramos desde el 31 de julio de 1981 un solo mandatario convertido “en Líder”, que lo iguale o empareje. Y no hablamos solo de Panamá, sino a nivel continental. Solo puedo lastimar, tal vez, al expresidente de Uruguay “Pepe” Mujica. Ambos —cada cual a su manera— debían recoger de su subconsciente que “en los sueños, cuando surge la imagen de dinero, el simbolismo es excremento”. Tal vez Carl O. Jung habría podido descifrar, en sus estudios de los sueños, la razón.

Obviamente el planeta y sus situaciones han tenido cambios sorprendentes, de todo tipo, los buenos y los pésimos, en tres décadas. Pero el “desapego material”, cuando hablamos de mandatarios de países, solo está reservado a esporádicas almas de sustancias nobles. Y, dolorosamente, al contrario de los genes, no es hereditario, y tampoco ha sido “contagioso”. Y Panamá, la patria profunda de Omar Torrijos, no ha sido la excepción.

Al final, lograron herir de muerte al halcón, pero no lograron asesinar su corazón. Ese corazón —no el músculo de carne y nervios físicos— sino a la semilla esencial que ese hombre predestinado a lograr gigantes triunfos colectivos, al igual que una vida corta, ha seguido viviendo pese al tiempo en el alma y en el inconsciente colectivo de los panameños. Aunque parezca tarde, no lo es en el tiempo y espacio, para conocer que un panameño notable y adversario político respetable como don Mario Galindo, reconociera recientemente “que se equivocó al enjuiciar políticamente al general”. don Mario sabe que ”honrar, honra”.

Y, para terminar estas parrafadas memorísticas en el aniversario de su muerte física, no encuentro mejores frases que las de su amigo trovador, “Pille” Collado, en sus décimas tituladas «Postrer Adiós»: “Omar, hijo de Joaquina, gime el indio en la montaña, donde oprime la campaña la congoja campesina. Tu muerte pisó la hiedra que cubre el púber lamento de aquellos niños de viento que pululan en tu tierra”.

Abogado, militar retirado