28 de Sep de 2022

Columnistas

Interdependencia y futuro

Uno de los atributos más importantes de un líder es tener visión. Si quiere dirigir un Estado, una empresa, agrupación política, grupo cultural o social, etc.

Uno de los atributos más importantes de un líder es tener visión. Si quiere dirigir un Estado, una empresa, agrupación política, grupo cultural o social, etc., es necesario que sepa claramente hacia dónde quiere llevarlos y tener la visión de realizar los cambios y ajustes pertinentes para lograr esos objetivos. Una visión retadora y positiva en beneficio de todos y que sepa que no lo puede hacer solo, que no se las sabe todas. Necesita del apoyo de una variedad de personas (seres humanos) que lo ayuden en sus objetivos.

A lo largo de los años mis propuestas para redirigir los destinos de la Nación siempre se han basado en que la dirigencia de los gobiernos debe estar —fundamentalmente— conformados por humanistas, y los tecnócratas, ciudadanos bien preparados y de positiva disposición para servir el país, que trabajen a la par de los humanistas o tal vez al servicio de la visión de estos, en aras de procurar un mejor balance social.

Aquí rigen los tecnócratas. Asesorados por los de las instituciones financieras internacionales. Juegan con los números y nos dicen que estamos a un tris de ser un país de un primer mundo que solo ellos visualizan para una minoría de personas. Esas determinaciones son incomprensibles cuando, a estas alturas de nuestra historia, el problema social en todas las áreas (salud, educación, seguridad, pobreza, empleo, justicia, etc.), y las verdaderas perspectivas de desarrollo, están seriamente comprometidas.

Con todos los cálculos y recálculos que estos hacen cada cierto tiempo, con la seriedad y seguridad con que nos lo presentan, seguros de sus predicciones para el futuro o justificando los cambios en cuanto a sus pronósticos pasados, las cosas de igual manera no favorecen a los más necesitados. Ellos creen aportar 'soluciones eficaces' a la hora de asignar y distribuir fondos, y como se ha definido, 'por encima de otras consideraciones ideológicas o políticas'. Las condiciones de supervivencia cotidiana del conjunto humano nacional (los pobres y la clase media) es un reto que poco toman en cuenta. Con miras, las escuelas y el sistema de salud debieran entender lo que sucede.

La interdependencia entre los que ejercen todas las disciplinas del quehacer humano (científicos, filósofos y pensadores, educadores, creativos, tecnócratas, poetas, artistas, locos, bohemios, etc.), es vital para construir sociedades fuertes y con posibilidades de sobrevivir los desconocidos retos del futuro.

Las protestas del mes de julio 2022 dejaron muchas cosas en evidencia y una de esas fue la incapacidad de las autoridades de romper con sus cadenas mentales técnicas y colocarse, por lo menos a orillas, del escenario social en que se desenvuelven los retos y dolores humanos más dramáticos y tristes que vive gran parte de la población de este país.

Al margen del tema del costo de la energía, la gasolina, la comida, los productos de primera necesidad, etc., la visión de un buen líder en la evidente coyuntura de disgusto social que se manifestó a lo largo y ancho del país, debería llevarlo a entender… Entender que las tareas puntuales tienen que ver específicamente con dos responsabilidades: 1- ajustar lo que se puede de manera inmediata para darle algo de respiro económico a la población (eso incluye ajustes en la conducta de burla hacia la sociedad) y, 2- marcar el camino hacia el futuro.

Ese camino tiene que ver con entender que dependemos los unos de los otros y que el valor de una sociedad seguirá siendo su diversidad cultural y productiva; sus aportes creativos, su sensibilidad humanística para entender y enfrentar ese mundo que hoy cambia rápidamente y en la cual ya estamos rezagados en la responsabilidad de construir una mejor sociedad.

A mi parecer, si conjugáramos las planificaciones correctivas y para el futuro con el concurso de los humanistas, gente que mira al ser humano, sus desventajas y sus posibilidades, la puerta de desarrollo y la creación de espacios para las transformaciones sociales, serían atendidas de otra manera y con la seriedad que corresponde.

Ni las autoridades, ni los empresarios, ni los educadores, ni las iglesias, ni los dirigentes obreros tienen claro que, para transformar esta sociedad para enfrentar el futuro, tiene que diseñar el camino en función de la interdependencia humana y procurar mejores condiciones de vida para la supervivencia de todos. Desde ese pensamiento es de donde tenemos que partir.

Comunicador