29 de Sep de 2022

Columnistas

Saúl tiene razón

Casi cien organizaciones se aliaron para enfrentar amenazas a la libertad de los panameños. Se llama la Gran Alianza Nacional por Panamá y está compuesta de grupos y cooperativas de agricultores, ganadores, pescadores, comerciantes, distribuidores, agroindustriales, etcétera.

Casi cien organizaciones se aliaron para enfrentar amenazas a la libertad de los panameños. Se llama la Gran Alianza Nacional por Panamá y está compuesta de grupos y cooperativas de agricultores, ganadores, pescadores, comerciantes, distribuidores, agroindustriales, etcétera.

Hace décadas no veíamos algo así. La última vez fue cuando el Partido Demócrata Cristiano (hoy Partido Popular, el cual presido), lideró la lucha final contra la dictadura. La Alianza se concentra en dos temas. Primero, no tolerar el irrespeto a la libertad del libre tránsito, pues, ese derecho nos brinda acceso a alimentos, salud y educación. Segundo, impedir que en la mesa de diálogo se tomen decisiones sin incluir en el debate al sector productivo, que validará si las medidas propuestas son viables o nos traerán ruina.

La protesta legítima por el alto costo de alimentos, combustible y medicinas se convirtió ahora —manipulada por Saúl Méndez— en una trampa que pretende cambiar el modelo económico panameño.

Pues bien, en relación con los modelos, cometemos el error de considerar como únicas opciones al capitalismo (una economía libre de mercado con cero intervenciones estatales) o el comunismo (una economía planificada con la producción controlada enteramente por el gobierno).

Panamá mezcla un poco de ambas. Por un lado, las empresas fijan los precios de servicios y productos libremente (con monopolios u oligopolios en algunos casos lamentables) y por el otro lado, el gobierno establece impuestos y se endeuda para nombrar copartidarios y tener plata para los subsidios.

Saúl Méndez plantea revisar el modelo económico. ¡Claro! Tiene razón. Pero la revisión debe ser para ajustar las imperfecciones del libre mercado, no para que afloren más las ponzoñas del populismo y el clientelismo. La revisión debe ser para depender menos de la deuda y para reducir paulatinamente los subsidios. ¿Cómo? Dándole herramientas a los panameños para que, con productividad, obtengan por cuenta propia mejor salud, vivienda y educación.

¿Quién es este señor? Él se queja del carácter poco competitivo del sector privado panameño, pero su sindicato es único y no tolera competencia. Él exige transparencia, pero lidera una organización con ingresos anuales de cuatro millones en cuotas sindicales que nadie le audita. Él reclama representatividad nacional, pero la participación electoral de su agrupación —con su predecesor y él como opción— marcaron menos de 1% en elecciones de 2014 y 2019.

La mayoría de los problemas nacionales los resuelven con la voluntad. ¡Con el diseño actual de nuestra Constitución, dicha voluntad es de quien sea que ocupe el cargo de presidente! No me refiero a alardear o bravuconear, sino a ser consecuente con el hecho de que no todas las decisiones se pueden delegar.

La realidad es que somos un país de adictos a los subsidios. ¿Por qué? Porque el panameño promedio (que gana 900 mensuales o menos), no paga impuesto sobre la renta, paga poca electricidad, se mueve en transporte barato y su casa tiene una hipoteca subsidiada. Además, es beneficiario directo o indirecto del Ángel Guardián y de Los 120 a los 70.

Pero la fiesta que paga el Estado, también incluye a empresas de los sectores productivos. Ellas son igualmente adictas a la protección estatal. Como Agroindustrial que soy, reconozco que llegó el momento de que los empresarios seamos autocríticos.

Así pues, ante la crisis nos endeudamos para resolverlo todo. A diciembre de 2018 la deuda era 25 mil millones y a junio de 2022 es 43 mil millones: un incremento de 72% en 42 meses. Ningún otro gobierno, de 1903 a 2018, la ha aumentado tanto.

Usando la pandemia como justificación, el PRD nos endeudó para engordar a la obesa masa de funcionarios y dejar intactos los subsidios. No invirtió el dinero en obras públicas ni en fomentar empleos productivos.

La ideología socialcristiana en la que me forjé por 30 años, promueve tener un sistema solidario como el norte de su acción política. Sabemos que así podemos tener una sociedad colaborativa. Además, es necesario que la sociedad sea subsidiaria, pues no debemos hacer por el prójimo lo que este puede hacer por sí mismo.

Promovemos el respeto a la dignidad humana y su potencialidad, con una rendición de cuentas transparente que combata la corrupción y oligopolios como el de las medicinas.

A diferencia de la izquierda y derecha, los demócratas cristianos asumimos una postura de centro democrático, teniendo tanto libre mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario.

Presidente del Partido Popular