29 de Sep de 2022

Columnistas

Invertir en la prevención y control de las enfermedades no transmisibles

Mañana lunes comienza la Semana Mundial de Acción sobre las enfermedades no transmisibles promovida por la Alianza de ENT (NCD Alliance), organización líder a nivel mundial en el control de estas enfermedades.

Mañana lunes comienza la Semana Mundial de Acción sobre las enfermedades no transmisibles promovida por la Alianza de ENT (NCD Alliance), organización líder a nivel mundial en el control de estas enfermedades. Este año la Alianza hace un llamado a invertir en la prevención y control de las Enfermedades no transmisibles, a fin de salvar vidas hoy y ahorrar dinero en el futuro.

Este llamado tiene especial relevancia para nosotros, pues, como he señalado antes en esta bitácora, las enfermedades no transmisibles, ENT, causan la muerte a más de 12 mil panameños cada año en el territorio nacional, producto de: hipertensión, los infartos, la diabetes, enfermedades pulmonares, y todos los tipos de cánceres. Esas defunciones representan más del 60% de todas las causas de muerte, afectan a personas que todavía estaban en edad productiva y tenían mucho que ofrecerles a sus familias y al país. Y, lamentablemente, en Panamá, las ENT no han alcanzado la suficiente y necesaria atención política para detectarlas precozmente, controlarlas y tratarlas.

Sin embargo, sabemos que la mayoría de estas ENT se pueden prevenir mediante intervenciones costo efectivas, que también conocemos, para promover la reducción de los factores de riesgo comunes, tales como el consumo de tabaco, el consumo nocivo de alcohol, la inactividad física y comer alimentos poco saludables, entre otras.

Dicho lo anterior los invito a que reflexionemos sobre los asuntos que tenemos que resolver para responder de mejor manera a la necesidad de prevenir y controlar las ENT; teniendo en cuenta la eficacia, la rentabilidad, la asequibilidad, la capacidad de ejecución, la viabilidad, y el impacto en la equidad en salud.

Como señalé arriba, las intervenciones específicas —apropiadas a nuestro contexto y altamente costo efectivas para promover estilos de vida saludables y factores protectores contra las ENT— las conocemos, tenemos los recursos humanos capacitados para tal efecto, al igual que planes y programas específicos.

No obstante, será fundamental la efectiva y renovada comunicación social para aumentar la conciencia pública y política, la comprensión y la práctica sobre la prevención y el control de las ENT, a fin de integrar la prevención y control de estas dolencias en la agenda social y de desarrollo, y en las estrategias de alivio de la pobreza y desarrollo nacional promovidas tanto desde el sector público como del empresarial con amplia participación social.

Ese aumento de la percepción política y ciudadana nos ayudará a priorizar, aumentar y sostener, según sea necesario, las asignaciones presupuestarias, gubernamentales y del sector privado para desarrollar e implementar una política y un plan nacional multisectorial —con el lógico abordaje de los determinantes sociales, económicos y políticos de la salud— para la prevención y el control de las ENT con la participación efectiva y comprometida de todas las partes interesadas.

Aunque señalé arriba que poseemos los recursos humanos para la implementación técnica de la propuesta; necesitamos fortalecer la capacidad nacional, incluida la capacidad humana e institucional, para el liderazgo, la gobernanza, la acción multisectorial y las alianzas para la prevención y el control de estas enfermedades.

A estas alturas de la lectura surge obligadamente la pregunta de ¿y de dónde va a salir el dinero para invertir en la prevención y control de las ENT? La respuesta fácil es que entre el Minsa y la CSS manejan un presupuesto de un poco más de 9,000 millones de balboas, equivalente al 36% del Presupuesto General del Estado, y cercano al 8% del PIB, superando el 6% del PIB, que establece como referencia la OPS para desarrollar la cobertura universal de salud que incluye por definición la prevención y control de las enfermedades.

Pero esta disponibilidad de recursos financieros, aunque es una condición necesaria, no ha sido suficiente, para combatir las inequidades y avanzar hacia la salud universal. Y esto ha sido básicamente por tres causas que tenemos que superar: la primera y más importante es la segmentación y fragmentación de nuestro sistema público de salud, que afecta la calidad e impide la equidad en las prestaciones de salud; a eso súmenle la prevalencia de un modelo de atención centrado en curar enfermedades, con poco o ningún enfoque de promoción de la salud y menos de determinantes sociales del binomio salud-enfermedad y; finalmente y no menos importante, está la necesidad de fortalecer la capacidad del Minsa para el ejercicio de la rectoría y las funciones esenciales de salud pública, así como la capacidad gerencial en salud pública de muchas autoridades de la CSS.

Entonces, es claro que, más que la necesidad de recursos financieros, está la urgencia de transformar el sistema de salud, evaluar con indicadores objetivamente verificables su desempeño para disminuir la morbilidad y mortalidad que padecemos por causa de las enfermedades objeto de esta glosa, y mejorar de manera integral el estado de salud de la población.

Para eso, complementando nuestra Carta Magna, también tenemos suficientes leyes, reglamentos, normas, decretos, bibliografía nacional e internacional, recursos humanos y experiencia. ¡Que no nos falte la voluntad!

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS)