01 de Dic de 2022

Columnistas

Seguimiento al compromiso adquirido en salud

“[...] estamos lejos de alcanzar la transformación a la que se refieren el “Libro Blanco” o los Acuerdos del PBCB”

La semana pasada fui invitado por la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá a participar como expositor en el Foro para el seguimiento al compromiso adquirido de monitorear los temas presentados en Agenda País 2019–2024, dedicado, en esta ocasión, a analizar el pilar del Sistema de Salud.

Allí, junto a otros panelistas, tuve la oportunidad de ofrecer mi punto de vista sobre ¿dónde estamos en la transformación necesaria del sistema de salud?, y, lo más importante, ¿qué hacer de ahora en adelante para proteger los logros y cerrar las brechas? En este ámbito, comparto en esta columna de opinión un resumen de mis argumentos, los invito a conocer todas las participaciones en la página Web de la Cámara, y los exhorto a ejercer nuestro derecho de controlar socialmente la gestión de nuestras autoridades en pro del avance de la transformación.

Antes de entrar en materia, es obligatorio incorporar en la ecuación, el impacto que ha tenido la pandemia de COVID-19 en la salud, la vida y los medios de subsistencia, provocando una enorme crisis social y económica y la exacerbación de inequidades de larga data. No podemos analizar el desempeño del sistema de salud en estos tres años sin considerar las limitaciones impuestas por esta enfermedad. Tampoco podemos sentarnos a llorar sobre la leche derramada, y seguir en pausa o haciendo más de lo mismo que hacíamos antes de la pandemia.

En este contexto, el compromiso analizado en el panel fue el adquirido por los aspirantes a presidente en 2019, al recibir por parte de la Cámara la Agenda país 2019-2024. Allí, recogiendo los planteamientos de los panelistas de aquel evento _del cual también formé parte_ los candidatos presidenciales acordaron poner en ejecución los lineamientos propuestos en el conocido “Libro Blanco” para la mejora y fortalecimiento del Sistema Nacional Público de Salud Integral en el marco de una política de Estado y establecer un cronograma de trabajo para implementar el sistema público de salud integral a más tardar en 2030, cumpliendo con el plan estratégico nacional de visión de Estado Panamá 2030, y el correspondiente ODS. Adicionalmente _en virtud de la relevancia del problema en el acceso a medicamentos_ se recomendó aprobar leyes que permitan la creación de una Dirección General para el suministro de medicamentos, además de insumos médicos quirúrgicos, tecnología sanitaria y otros productos para la salud humana.

Vale destacar en este asunto del seguimiento al compromiso, que hace un año le entregamos al presidente los Acuerdos del Pacto del Bicentenario y, en este mandato popular, que también es un compromiso, surge, como principal pendiente por resolver, la necesidad de avanzar hacia una cobertura universal de salud, mediante la estrategia de Atención Primaria de Salud, APS y Redes Integradas de Servicios de Salud; en un sistema de salud público en su financiamiento, público en su gestión administrativa, y público en la provisión de la atención de salud; para que todas las personas y las comunidades tengan acceso equitativo a servicios de salud integrales y garantizados, a lo largo de toda su vida, con calidad y sin dificultades financieras.

El análisis del contexto arriba descrito _complementado con la percepción de los miles de panameños que acuden a diario en busca de sanación a nuestro sistema público de salud_ permite concluir que estamos lejos de alcanzar la transformación a la que se refieren el “Libro Blanco” o los Acuerdos del PBCB.

Sin embargo, hay oportunidades. Entre el Minsa y la CSS cuentan con un presupuesto anual cercano a los 10 000 millones de balboas, y complementando el mandato constitucional, y el acervo metodológico disponible, tenemos, desde hace un año, el Decreto Ejecutivo 290, por medio del cual se establece el proceso de coordinación efectiva y sostenible de los servicios integrales de salud, entre el Ministerio de Salud y la Caja de Seguro Social, para la población de la República.

Esa coordinación efectiva es un primer gran paso. Ayudará a solventar los principales desafíos que enfrenta nuestro sector salud, en especial: mantener el control de la epidemia COVID-19 y prepararnos para futuras amenazas; el fortalecimiento de la capacidad de Rectoría y la funciones esenciales de salud pública del Minsa; superar la segmentación y fragmentación del sistema de salud panameño; el desarrollo de la gestión efectiva y transparente de los recursos financieros que disponemos; la conformación de una red integrada de servicios de salud, articulada por niveles de atención y grados de complejidad, con asignación necesaria y suficiente de recursos; el desarrollo de un Modelo de Atención basado en la Atención Primaria de Salud y el abordaje de los determinantes sociales de la salud, y; la corrección de las deficiencias en la infraestructura, equipos, insumos, medicamentos y recursos humanos.

Como señalé al final de mi ponencia en el Foro, reitero ahora que, aquí todo está escrito y validado. Solo nos hace falta el efectivo compromiso y liderazgo político que concrete el seguimiento y la ejecución de lo acordado, a fin de avanzar y dejar claramente sentadas las bases que obliguen a las futuras autoridades a mantener el impulso.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).