• 07/07/2023 00:00

Ahí no es

“Cambiemos las reglas del juego a favor de los buenos, cambiemos la Constitución y pongamos a los malos donde deben estar: presos, no gobernando. Donde reina la corrupción, ahí no es”

Hace meses se rompió una tubería en la calle frente a nuestra casa. Son cosas que suceden. Las variaciones en las líneas subterráneas generan altísimos y bruscos cambios en la presión del sistema. Es lo menos que debemos esperar cuando un sistema es insuficiente para abastecer a la comunidad al 100 %, y la entidad responsable por este servicio público se ve obligada a sectorizar el flujo del agua. Al no haber sólo agua en las líneas, debe haber otro fluido en el interior de las tuberías. Y lo hay. Hay mucho aire en las líneas.

Cerrar y abrir bruscamente una válvula de un sistema de tuberías de cierta longitud causa que las partículas del fluido que se detienen al cerrar sean empujadas por aquellas que vienen inmediatamente detrás, pero que vienen en movimiento con la apertura del sistema. Se genera una sobrepresión conocida como Pulso de Zhukovski, aunque el término de uso común es golpe de ariete. Este fenómeno es uno de los causantes de la mayoría de los daños en instalaciones hidráulicas.

Como ciudadanos responsables, cumplimos con el lentísimo y en extremo burocratizado protocolo para colocar la denuncia del daño. Finalmente, luego de varias conversaciones tratando de explicarle a una operadora que está a cientos de kilómetros de donde sucedió el evento, y que evidentemente no conoce el área, se logra determinar la ubicación de la ruptura.

Aparecen las cuadrillas de personas cansadas, mal equipadas y peor motivadas a realizar el trabajo sucio. Lodo, agua, tramos de tubería. Rompen la rodadura de un asfalto mal colocado, pero que ha desafiado el paso del tiempo sirviendo como calle interna, y corrigen la ruptura. Se dejan de desperdiciar miles de galones de agua potable, necesitada por todos, y que es carísima, aun cuando los tanques cisterna, propios y alquilados, por parte de una de las peores entidades gubernamentales rueden repitiendo falazmente, y a la vista de todos, un letrero que miente “agua potable gratis”.

Nada es gratis.

Si bien agradecemos que se reparó el daño, pues nos duele ver el agua perderse, el asunto se repitió a menos de dos meses de la reparación. ¿Por qué? En este caso, no podemos echarle la culpa al buen Zhukovski, aunque los directores designados de estas instituciones preferirían hacerlo. Son expertos en culpar al que sea, menos ellos. Me recuerdan políticos corruptos. Pero nos estamos desviando.

La causa de este segundo incidente viene de la mano de la mala gestión por parte de la entidad responsable del abastecimiento y disposición del agua a nivel nacional.

Detallando, si bien es cierto que repararon la línea de agua, jamás repararon la rodadura de la ya abusada calle. Al dejar el hueco que alberga la línea de agua potable cubierto tan solo con material selecto o tosca en la primera ocasión, el impacto de los vehículos que circulan por la calle llegó de manera directa a la tubería de agua, generando movimientos que terminaron por volver a romperla. Repetimos el tedioso recorrido de la primera denuncia y colocamos una segunda, que fue igualmente atendida, con menor ánimo que la primera vez.

Ahora no sólo no repararon la rodadura tampoco, sino que además no colocaron ni siquiera tosca, pues el único camión que tiene la entidad para atender toda una provincia está dañado. Siendo esto así, dejaron dos tramos de tubería de ¾” de diámetro y una vara que se encontraron en la calle, haciendo un triángulo con unas tres yardas de cinta plástica amarilla como “señalización” del inminente peligro que significa haber dejado ese hueco abierto allí, pues no se pudo compactar.

¿En qué cabeza cabe que eso es una reparación? ¿Si llega a haber un accidente allí, quién es el responsable?

Estoy seguro de que mi incómoda historia se repite a lo largo y ancho del territorio nacional, y que abarca muchos temas más allá del agua. Mala salud, malas carreteras, mala educación, malos manejos de los bienes del Estado.

Mientras sigamos permitiendo que delincuentes sean candidatos, y que lleguen a puestos de elección popular, nada va a mejorar. Todo va a empeorar. Ya cada partido tradicional nos ha dado repetidas muestras de lo que son capaces, pues todos han estado en el poder, aún si se cambiaron de colores. Ya estuvieron, y nada mejoró. Debemos estar claros en algo como ciudadanos: cuando vengan a pedir votos, ahí no es.

¿Usted ya estuvo? Ahí no es. ¿No hizo nada cuando tuvo la oportunidad, pero ahora sabe todas las respuestas a los problemas? Ahí no es. ¿Promete de todo? Ahí no es. ¿Habla de cambio, pero se juntó con los mismos de siempre? Ahí no es.

No nos engañemos. Todos sabemos que, si bien los partidos de siempre tienen colores diferentes, son la misma vaina. No quieren cambiar la Constitución, porque la actual protege a los malos, y con eso, a ellos les va bien, mientras el país se va al carajo.

Los vemos ahora hablando de que, si esto es legal, o aquello es incorrecto, pero cuando cometían sus pillajes, ahí no había ley que valiera. No son capaces de poner un tapón a un tubo, ni de reparar un hueco, pero van a solucionar la educación del país. Ahí no es.

Cambiemos las reglas del juego a favor de los buenos, cambiemos la Constitución y pongamos a los malos donde deben estar: presos, no gobernando.

Donde reina la corrupción, ahí no es.

Dios nos guíe.

Ingeniero civil.
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