Una botella de cristal con un pequeño mensaje dentro que apenas dice ‘Remember’ da la bienvenida a ‘Ground Zero 360 - Remembrance’, muestra que abrió este...
Lo que hoy conocemos como Arraiján fue declarado oficialmente distrito el 12 de septiembre de 1855. Ese mismo año se inauguró en el istmo el ferrocarril transístmico y, por otro lado, también se estableció el proyecto del Estado Federal de Panamá, promovido por el ilustre jurista Dr. Justo Arosemena. Hay que recordar que la República de Panamá no existía como tal, pero sí existía un lugar llamado Arraiján, considerado un asentamiento no declarado desde 1734.
Han pasado 171 años desde entonces, y el distrito que fuera hogar del poeta Lucas Bárcenas ha experimentado múltiples cambios y vicisitudes a lo largo del tiempo. No es hasta los años 40 y 60 cuando se instalan las principales conexiones viales y se da la construcción del Puente de las Américas, sustituyendo el ferry lo que genera una mayor conexión con el resto del país. Esto hace que esta porción de tierra se convierta progresivamente en un emplazamiento de interés habitacional. Actualmente, es el segundo distrito más poblado del país, por detrás del distrito de Panamá, con aproximadamente 299,079 habitantes, según el censo de población de 2023.
Sin embargo, durante mucho tiempo ha estado de espaldas al desarrollo nacional, situación que lo ha marcado fuertemente y que permite caracterizarlo como un modelo de desarrollo tardío. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) define espacios como Arraiján dentro del concepto de “nueva ruralidad”, los cuales son lugares que no terminan de ser rurales, pero que tampoco son completamente urbanos. Aunque el concepto ha ido cambiando con el tiempo, los indicadores utilizados señalan características propias de lugares que, en su momento, carecieron o aún carecen de algunos de los aspectos básicos que conforman lo urbano.
Los indicadores utilizados por la Cepal para abordar la nueva ruralidad se basan en aspectos como el Índice Demográfico Rural (IDR), el Índice Relativo Rural (IRR) y el Índice Ambiental Rural (IAR). Estos tres elementos son considerados al momento de ampliar la discusión conceptual sobre espacios que, por su cercanía con la metrópolis, son tradicionalmente considerados urbanos, pero que todavía carecen de muchos aspectos propios de la urbanidad.
Entre estas carencias se encuentra el acceso a la energía eléctrica: Burunga presenta un 2.1%; Arraiján (cabecera), un 2.0%; y Nuevo Emperador, un 12.9%. También existen deficiencias en el acceso a un sistema hídrico entubado domiciliario: Burunga, 22.5%; Arraiján (cabecera), 22.9%; y Nuevo Emperador, 23.1%.
Por otro lado, el porcentaje de población que reside en lugares poblados considerados rurales según el Instituto Nacional de Estadística y Censo, debido a las características y deficiencias señaladas anteriormente, se distribuye de la siguiente manera: Burunga, 8.8%; Arraiján (cabecera), 2.2%; y Nuevo Emperador, 48.7%. A esto se suma el sistema productivo agrario: Burunga, 1.0%; Arraiján (cabecera), 0.9%; y Nuevo Emperador, 11.7%, además de una mayoría de población nacida en otros distritos.
El hecho de que el distrito nunca haya tenido un Plan de Ordenamiento Territorial (POT) ha definido, de manera desorganizada su configuración y planificación, haciendo compleja cualquier acción destinada a mejorar los servicios básicos existentes o crear otros, como; parques públicos, sistemas de bibliotecas, mejoras viales, canchas deportivas y espacios para adultos mayores, entre otros.
El crecimiento exponencial del distrito, especialmente en los corregimientos de Arraiján (cabecera) y Burunga, ha dejado su huella en la pobreza multidimensional, caracterizada por las carencias en servicios básicos, sin dejar de mencionar un sistema de transporte obsoleto que data de muchos años. Este crecimiento informal surge especialmente a partir de los años 90, debido, por un lado, a algunos cambios en los procesos de asignación de la tierra y, por otro, a la toma de tierras mediante invasiones, y en parte como un proceso marcado por las carencias de espacio habitacional que se estaban produciendo en la Ciudad de Panamá en el período posterior a la invasión y, por otro lado, por una fuerte migración interprovincial hacia la urbe en búsqueda de mejores oportunidades.
Como consecuencia, surgieron aproximadamente 110 barrios, de los cuales el 54% corresponde a asentamientos informales. Solo entre 1990 y 2000, el crecimiento del distrito fue de 142.4% en tan solo diez años. Entre 2000 y 2010 surgen los demás corregimientos y el distrito se consolida como ciudad dormitorio.
Entre 2010 y 2020 se produce una segunda transformación, caracterizada por la creación de barriadas organizadas por bloques, lo que incrementó aún más el crecimiento del distrito y aceleró la densidad demográfica que conocemos hoy.
Para 2021, Arraiján contaba, según el Miviot, con 62 nuevas invasiones de tierras, de las cuales 25 se encontraban en proceso de formalización. El fenómeno que se inició en los años 90 nunca se ha detenido, sino que continúa.
Corregir implica organizar, planificar y tomar decisiones a conciencia y con voluntad política, aunque parezca complicado. La carencia habitacional es un factor primordial, pero no se puede pasar por alto que la informalidad habitacional trae peores implicaciones para el desarrollo de un distrito que parece seguir de espaldas al país 171 años después.