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- 01/07/2026 00:00
Azuero merece una solución real e integral, no cisternas
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Agrega La Estrella en Google ↗️Hace apenas una década, hablar de Azuero era hablar de una región asociada a tranquilidad, estabilidad y calidad de vida. A pesar de desigualdades sociales persistentes y sectores históricamente golpeados por la pobreza, existía algo que la población daba casi por sentado: agua potable, seguridad relativa, acceso a servicios y una sensación de orden que distinguía a la región dentro de Panamá.
Quienes crecimos en comunidades rurales en Azuero sabemos que el río La Villa es parte de la vida cotidiana, de la agricultura, de las familias y del desarrollo mismo de toda una región. Hoy, esa realidad parece desvanecerse. Las imágenes de camiones cisterna abasteciendo comunidades, familias almacenando agua en tanques improvisados y plantas potabilizadoras incapaces de operar por contaminación del río La Villa reflejan una crisis mucho más profunda que un problema temporal de abastecimiento. Reflejan décadas de abandono, improvisación y falta de planificación hídrica que aplica a todo el país. Y quizás lo más preocupante sea el riesgo de normalizarlo. Azuero no merece ni puede aceptar como cotidiano que abrir una llave deje de ser garantía de agua potable, y ni siquiera que salga el liquido. No puede resignarse a vivir bajo esquemas de emergencia permanentes mientras la contaminación de sus ríos continúa avanzando.
La crisis actual no surgió de un día para otro. Durante años, distintos informes y alertas advirtieron sobre el deterioro de la cuenca del río La Villa debido a actividades porcinas, uso intensivo de fertilizantes y agroquímicos, deforestación y operaciones empresariales instaladas cerca del cauce de varios ríos. A ello se suma el crecimiento poblacional y los efectos cada vez más visibles del cambio climático y los períodos prolongados de sequía asociados al fenómeno de El Niño.
Las consecuencias ya son evidentes. La contaminación del río durante años ha impedido en distintos momentos que plantas como la potabilizadora Roberto Reyna de Chitré y otras puedan procesar adecuadamente el agua para consumo humano, afectando a miles de residentes de Herrera y Los Santos. Mientras tanto, las respuestas continúan concentrándose en medidas paliativas frustrantes: cisternas, distribución limitada y soluciones de corto plazo. Sin embargo, la discusión y la solución debe ir mucho más allá de la emergencia inmediata y visiones políticas limitadas y proselitistas.
Actualmente vivo y trabajo en Nueva York, la región metropolitana más grande de Estados Unidos, con más de veinte millones de habitantes. Y aún resulta sorprendente la confiabilidad de algo que muchas veces pasa desapercibido: el agua. Aquí el agua del grifo puede utilizarse diariamente para lavar, cocinar y beber, y el sistema funciona con una continuidad que rara vez se cuestiona su falta. Eso no ocurre por casualidad. Es resultado de planificación y ejecución pública, inversión y mantenimiento sostenido y protección rigurosa de las fuentes hídricas.
Nueva York entendió hace más de un siglo que proteger el origen del agua era una prioridad estratégica. Por ello desarrolló un sistema de acueductos que transporta agua desde cuencas protegidas y zonas montañosas ubicadas a más de 150 kilómetros de la ciudad, lejos de centros urbanos e industriales que pudieran contaminarla.
Azuero necesita comenzar a pensar con esa misma visión de futuro. El liderazgo político y social de la región debe debatir seriamente la construcción de una nueva toma de agua y eventualmente una nueva planta potabilizadora en las tierras altas de Las Minas, cerca del nacimiento del río La Villa, donde las fuentes aún mantienen mejores condiciones ambientales y menor exposición a contaminación acumulada río abajo.
Un acueducto de aproximadamente 60 kilómetros desde Chepo de Las Minas hasta reservorios regionales en Chitré podría parecer costoso y algo imposible para muchos hoy. Pero más costoso será continuar perdiendo calidad de vida, productividad económica y seguridad hídrica cada vez que el río La Villa vuelva a contaminarse o que las sequías se intensifiquen.
Además, captar agua cerca del nacimiento del río permitiría reducir significativamente los costos y complejidad del tratamiento químico, al tratarse de fuentes menos expuestas a contaminación agrícola, porcina e industrial. Desde esos reservorios regionales, el agua podría distribuirse hacia múltiples comunidades de Herrera y Los Santos bajo una visión moderna e integrada de seguridad hídrica.
El verdadero problema ya no es únicamente la contaminación actual. El verdadero desafío es entender que la población seguirá creciendo, que las fuentes de agua enfrentarán mayor presión y que fenómenos como las sequías y el cambio climático serán cada vez más severos en las próximas décadas.
La historia y el desarrollo de Azuero siempre estuvo, está y estará ligada al río La Villa. La diferencia es que hoy ya no basta con depender de él. Ahora toca decidir si tendremos la capacidad de protegerlo, aprovecharlo y planificar el futuro de toda una región antes de que la crisis termine convirtiéndose en costumbre.