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Lo prometido y lo pendiente en la gestión de Jorge Herrera al frente de la Asamblea
- 01/07/2026 00:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️El 1 de julio de 2025, Jorge Herrera llegó a la presidencia de la Asamblea Nacional con un discurso que buscó diferenciarse de administraciones anteriores. Prometió una Asamblea “más moderna, transparente y cercana a la ciudadanía”, ofreció eliminar las llamadas “botellas”, reformar el Reglamento Orgánico del Régimen Interno, digitalizar los procesos administrativos y recuperar la confianza en el Órgano Legislativo, una de las instituciones con menor credibilidad entre la población.
Un año después, al concluir su gestión, el balance deja luces y sombras.
Durante sus intervenciones del 2 de enero y del 30 de abril de 2026, Herrera defendió que su administración impulsó una mayor apertura institucional. Destacó la publicación de la asistencia y las votaciones de los diputados, la transmisión de las sesiones de las comisiones, la digitalización de parte de los procesos administrativos y la apertura de la Asamblea a estudiantes, organizaciones civiles y ciudadanos.
También reivindicó la aprobación de proyectos como la reforma a la Ley de Interés Preferencial, el programa de pasantías para jóvenes, la ampliación de horarios en centros de salud, el reconocimiento de pagos pendientes a educadores jubilados y normas relacionadas con la protección ambiental y del patrimonio histórico.
Las cifras presentadas por el presidente saliente reflejan una intensa actividad legislativa. Según su informe de gestión, durante el período se aprobaron 100 proyectos de ley en tercer debate, de los cuales 44 se convirtieron en leyes de la República. Además, se realizaron 129 sesiones plenarias, 305 reuniones ordinarias de comisión y más de 1,500 horas de trabajo legislativo.
Sin embargo, el principal compromiso político que asumió hace un año no logró concretarse.
Desde su discurso de toma de posesión, Herrera presentó la reforma del Reglamento Orgánico del Régimen Interno como el eje de la transformación institucional que pretendía impulsar.
La iniciativa contemplaba actualizar las normas de funcionamiento del Legislativo, fortalecer los mecanismos de transparencia, establecer reglas más claras para la carrera legislativa y promover mayores controles sobre la asistencia y el desempeño de los diputados.
Durante el informe semestral de enero reiteró que esa reforma seguía siendo una prioridad.
No obstante, al cerrar el segundo período ordinario de sesiones reconoció públicamente que el proyecto solo avanzó hasta el primer debate en la Comisión de Credenciales.
“No lo alcanzamos a iniciar en el pleno”, admitió Herrera, quien incluso solicitó al presidente de la República incluir la discusión en sesiones extraordinarias.
El reconocimiento convierte esa reforma en la principal deuda política de su administración.
El seguimiento de los tres discursos evidencia que varias de las promesas avanzaron, pero no se consolidaron durante su presidencia.
Entre ellas figura la modernización administrativa de la Asamblea. Herrera informó sobre la digitalización de procesos, la firma de convenios para fortalecer la administración pública y la incorporación de herramientas tecnológicas para divulgar la actividad legislativa. Sin embargo, el proceso quedó en desarrollo.
Algo similar ocurrió con la revisión de la estructura administrativa. Aunque anunció medidas de contención del gasto y una reorganización institucional, no presentó un balance específico sobre la eliminación de las denominadas “botellas”, una de las promesas que más expectativa generó.
La reforma de la carrera legislativa, el descuento salarial para diputados que se ausentan injustificadamente de las sesiones o una nueva ley de descentralización tampoco se concretaron.
Donde Herrera concentra la mayor parte de sus logros es en transparencia institucional. Durante su gestión comenzaron a divulgarse de manera permanente la asistencia y las votaciones nominales de los diputados. También se transmitieron las reuniones de las comisiones legislativas y se fortaleció la publicación de información a través de la página web institucional.
Para el panameñista, esas medidas representan un cambio en la relación entre la Asamblea y la ciudadanía, al permitir que cualquier persona pueda conocer el comportamiento de los diputados sin necesidad de solicitar la información.
Más allá de los resultados administrativos, Herrera intentó construir un perfil político distinto al de sus antecesores.
En sus tres discursos insistió en la necesidad de privilegiar el diálogo entre las bancadas, evitar la confrontación permanente y construir acuerdos con el Ejecutivo cuando las iniciativas fueran consideradas de interés nacional.
Ese mensaje también marcó su despedida, en la que defendió la búsqueda de consensos como la principal característica de su presidencia.
La administración que asuma la Asamblea el 1 de julio recibirá varias tareas inconclusas.
La principal será decidir el futuro de la reforma al Reglamento Orgánico del Régimen Interno, considerada por distintos sectores como una pieza clave para modernizar el funcionamiento del Legislativo.
También deberá definir si mantiene la agenda de digitalización y transparencia impulsada durante el último año y si retoma reformas que quedaron pendientes, como la carrera legislativa, la reorganización administrativa y nuevos mecanismos de control sobre la asistencia y el desempeño de los diputados.
El balance de Jorge Herrera muestra una gestión que logró avances en apertura institucional y rendición de cuentas, pero que no consiguió concretar la transformación normativa que presentó como el eje de su presidencia. Ese será, probablemente, el principal legado y, al mismo tiempo, la principal asignatura pendiente que heredará la próxima Junta Directiva de la Asamblea Nacional.