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- 28/12/2008 01:00
Elegancia y buen gusto
Algunas veces los seres humanos debemos seguir conductas elementales de imagen acorde con nuestra sociedad; sin embargo en esta cultura moderna de igualdad, las reglas de cortesía y elegancia parecen cosas del pasado.
La elegancia, definida por el diccionario de nuestra Academia Española de la Lengua, se muestra como la forma bella de expresar los pensamientos, además de significar gracia, nobleza y sencillez.
Pero para algunos, en especial aquellos que dicen ser representantes del pueblo (diputados y diputadas de la República) esta gracia social de elegancia, deja mucho que desear cuando se expresan y visten ante la Opinión Pública.
Esta cultura de imagen que debe tener todo funcionario público se incrementa o aumenta en forma negativa, cuando algunos personajes aparecen ante los medios de comunicación social vestidos de guacamaya o parecidos a un semáforo de la Vía España.
En cinco años legislativos, si bien hemos visto una mejora en la educación y vestir de los honorables diputados (principales y suplentes) todavía algunos dejan mucho que desear al momento de escoger sus combinaciones para estar ante la prensa o sus comunidades, olvidando que su imagen exterior es parte importante del “conjunto” que presentan a la sociedad como miembros de la Asamblea Nacional.
El vestir como forma elemental para expresar imagen ofrece una perspectiva al pueblo sobre las cualidades de sus representados, como Marcelino Mudarra, Raúl Rodríguez, Denis Arce, Javier Tejeira, Arturo Araúz y el secretario general, Prof. Carlos Smith, entre otros, que proyectan elegancia, sencillez y respeto al momento de estar ante sus comunidades o representar a la Asamblea Nacional de Diputados en foros internacionales.
La elegancia o el vestir como sinónimo de prestigio debe ser asumida por cada uno como un estilo innato o propio con variantes sociales y educativas que forman un patrón de conducta, el cual debe ser aceptado o rechazado por la sociedad.
-El autor es periodista. mrelis_13@yahoo.es