• 23/11/2008 01:00

Balbina, cambio para avanzar

La oposición política haría una mejor contribución al país si depusiera sus rivalidades personales y se presentara menos fragmentada ant...

La oposición política haría una mejor contribución al país si depusiera sus rivalidades personales y se presentara menos fragmentada ante el electorado. Desafortunadamente, eso no se avizora en el escenario actual. El oportunismo mesiánico de unos, la disputa por un liderazgo disperso de otros, y la falta de criterio y sensatez de alguno más, deja a la oposición como un movimiento circunstancial, sin mayor grado de cohesión. La oposición debería dialogar más con criterio amplio, sin pensar en carreras personales ni trofeos presidenciales. La oposición debería dejar de funcionar como pequeños aparatos al servicio del narcisismo de quien vocifera más y hace promesas de cambio que no se cumplirán.

El cambio no es envolverse en un populismo de derecha ni blandir una lógica trasnochada de arbitrariedades y exclusiones, derivada de una pugna de personalismos. En el abanico político actual están los dirigentes opositores con ansias de figurar, desesperados por sumar la Presidencia de la República a sus trofeos mercantilistas, insensibles ante los pobres, porque no se imaginan cómo es ese mundo, tampoco les ha importado. Independientes y jóvenes, que aún no han participado en una contienda electoral, no se encuentran representados en la oferta opositora, porque no exhibe capacidad para acceder al poder. El verdadero cambio no lo representa quien se arropa en un movimiento denominado Cambio Democrático. Esa agrupación, una mixtura de oportunismos y disidencias de partidos, se vende como una alternativa inexistente. El comportamiento de sus dueños no representa cambio alguno. Menos democracia. Autoritarismo, confrontación y métodos antisistema, son la caracterización de quienes no ejercen la democracia interna y niegan al adversario para reducirlo a la categoría de enemigo. Esa oposición no antepone la búsqueda de coincidencias ni está colocando los cimientos de políticas de Estado que deban ser debatidas.

El verdadero cambio, el cambio consensuado — porque está hablando con la verdad y no vende engañosos espejismos ni fórmulas mágicas — lo representa Balbina Herrera. Al reconocer los logros y realizaciones de la administración Torrijos, también está señalando, con franqueza y seriedad, que hay muchas tareas inconclusas. Por eso hay que dar un paso más. Por eso está convocando a un diálogo sincero a los sectores sociales, políticos, económicos, independientes y a la juventud, buscando coincidencias básicas para recoger lo mejor de lo actuado en este quinquenio por terminar, y construir el compromiso de una renovada agenda pública. Con la capacidad y la experiencia acumulada, Balbina representa la fuerza del cambio para avanzar, que puede aprovechar los logros alcanzados y culminar los sueños y esperanzas de la mayoría de los panameños.

-El autor es periodista.d_olaciregui@hotmail.com

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