Con un consumo per cápita de hasta 400 litros diarios —el más alto de la región—, Panamá enfrenta una crisis de eficiencia donde la mitad del agua procesada...
Los dos ancianos indigentes se arrimaban a la pared para que el aguacero no los mojara ni mojara los cartones y los trapos sobre los que duermen. Al verlos me preguntaba si cuando jóvenes se preguntaron cómo sería su vejez. Y recordé cuando en un supermercado, en día de pago a los jubilados, al anciano que cogió una lata de melocotón su hijo se la arrebató airadamente: ‘Deje eso, no lo va a llevar '. ¿Qué sentí en ese momento? Tristeza por el anciano e indignación por la dureza de corazón del hijo.
Cuando se es joven no se piensa en la vejez y en nuestra sociedad casi no existe el ‘plan de vida para la vejez '. La preocupación llega tarde, sobre todo con la jubilación que no es siempre jubilosa (menos dinero); la soledad se va aposentando y las horas que antes parecían volar se hacen largas, a veces acompañadas por el insomnio, la depresión, el abandono físico. Se deja de interactuar con los amigos, la sociedad y muchas veces la propia familia aparta a sus viejos.
Los adultos mayores nos hemos convertido en un problema de dimensiones mundiales. Y no es de fácil solución el asunto. En 2013 la expectativa de vida en Panamá era de 77 años, alta, según mediciones mundiales; es probable que vivamos hasta los 77 años o más, gracias al acceso a servicios médicos, alimentación más sana, higiene, y educación en general.
¿Nos preguntamos si tendremos recursos para no depender de otros, con quién o dónde viviremos esos años? El ritmo de vida ha cambiado aceleradamente en las últimas décadas. El servicio doméstico es cada vez más escaso y caro; las casas grandes de antes que albergaban a nuestros viejos son cosa del pasado; en muchos hogares hombre y mujer trabajan fuera de casa y cada vez más lejos por ende, más horas ausentes del hogar. Ante estas circunstancias, que son reales, ¿qué hay para los ancianos de la familia?
Por las razones arriba expuestas, la mayoría de las familias tiene dificultades para cuidarlos; requieren medicamentos (el Seguro Social es deficiente), visitas al doctor, tal vez silla de ruedas, etc.; es común que tengan dificultad para caminar, comer, bañarse; o sufrir de presión alta, artritis, diabetes, demencia senil, etc. Los familiares también se afectan; la impaciencia y la irritación ante la lentitud, las divagaciones, etc. de su anciano crean sentimientos de culpa (si son buenos hijos). Hay adultos mayores con buena salud y capaces de valerse por sí mismos, pero aún así, ciertas precauciones y atenciones son necesarias.
No basta el cariño que se le tiene al anciano. Si bien es importante aliviar su soledad, su pérdida de autonomía, también lo es cubrir sus necesidades materiales. Ante un panorama que no es favorable al anciano ¿cuáles son las opciones? Mantenerlo en casa o llevarlo a un hogar para ancianos, opción que algunos consideran propia de hijos ingratos, malagradecidos. Hay hogares de excelente calidad solo al alcance de familias con amplios recursos económicos; otros son casas familiares acondicionadas con precios altos para la familia promedio (a menos que hagan ‘vaca ' para pagar la mensualidad). Estos ‘hogares ' han proliferado, hasta ilegalmente, y no todos cuentan con personal idóneo y condiciones físicas y sanitarias adecuadas, lo que plantea un problema adicional para el bienestar del anciano y para la familia.
En papel existen leyes que garantizan buena calidad de vida a los de tercera edad, pero la realidad es otra; contratar empleados ‘mayorcitos ' no es usual en comercios y empresas; existen prejuicios sobre su capacidad intelectual; y desgraciadamente algunos son víctimas de maltrato físico. El sociólogo Fernando Murray estima en 12 % la población de tercera edad y señala que ‘vivimos en una sociedad que descalifica a los ancianos; tan pronto la persona cruza la barrera de la jubilación, de manera casi inmediata se le va restando protagonismo ' ( La Estrella de Panamá 11/1/2015). Existen algunos programas para adultos mayores, pero la movilización es uno de los problemas en una ciudad hostil para ellos (y para todos) y donde la cultura del respeto por los adultos mayores es prácticamente inexistente.
Recientemente el presidente Juan Carlos Varela sancionó la Ley No. 36 para la protección integral de los derechos del adulto mayor. Es loable todo lo que ofrece la Ley, pero, a mi parecer, muy poco es realizable por ahora; y el Programa 120 a los 65 es paliativo, se queda en la superficie, no resuelve problemas de fondo. La Constitución Nacional, la Ley 6/6/1987 y el Código de Familia contemplan mucho de lo que incluye la ley arriba citada. Sobra decir que casi todo es letra muerta. Según el sociólogo Murray se aplican poco, por lo que ‘… hablar de un papel más preponderante del adulto mayor en Panamá, pasa primero por hacer una sociedad más inclusiva para ellos, mejorar las pensiones, desarrollar de manera científica políticas y programas de atención, que involucre acciones en las comunidades, en los servicios de salud, recreación, cultura, deporte, educación y sobre todo visibilización '.
Como en la canción ‘Mi viejo ', la edad se nos viene encima ‘sin carnaval ni comparsa '. Y anillo al dedo el sabio consejo de Benjamín Franklin: ‘Mientras puedas, ahorra para la vejez y la necesidad, porque el sol de la mañana no dura todo el día '.
COMUNICADORA SOCIAL.