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Agrega La Estrella en Google ↗️La mayoría de países en el mundo mantienen una conexión con las universidades y los sectores productivos para ofertar las carreras que el mercado laboral necesita, nuestro país, atraviesa un momento crucial en su historia laboral e industrial en la formación de profesionales.
Mientras el comercio, como empresas multinacionales e inversionistas, demandan competencias especializadas en inteligencia artificial, desarrollo de software, logística avanzada y energías renovables nuestras instituciones de educación superior continúan abriendo ofertas para carreras completamente saturadas en el mercado cuyos egresados enfrentan una amarga realidad: el desempleo o trabajo informal.
Este alejamiento entre la oferta laboral, académica y la demanda real del mercado de trabajo no es un fenómeno nuevo, pero las cifras oficiales confirman la gravedad del problema, según la más reciente encuesta del mercado laboral del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC), la tasa de desempleo nacional se ubica en un 10.4 %, lo que representa a más de 227,000 personas desocupadas en el país. Sin embargo la brecha se profundiza drásticamente cuando observamos a la población joven: casi el 50% de los desempleados en Panamá son jóvenes entre 20 y 29 años, un segmento donde la tasa desocupación ronda el 19% prácticamente duplicando el promedio nacional.
Sencillamente, una de las causas del problema lo hemos alimentado inconscientemente, con el divorcio entre la oferta y la demanda educativa universitaria formando profesionales en disciplinas saturadas como: Derecho, Contabilidad, Administración de empresas, educación primaria, relaciones internacionales, mercadeo y publicidad, ingeniería industrial entre otras que continúan matriculando a proporciones masivas la población estudiantil. Si bien es cierto todas estas áreas son fundamentales para el desarrollo de la sociedad, la escala incontrolada que se ofertan las universidades publicas y privadas ha rebasado la capacidad de absorción del sector productivo.
Esta saturación se refleja en el alarmante nivel de informalidad que arrastra nuestra economía. Los datos del INEC revelan que la tasa de informalidad laboral alcanza el 47.1 %, afectando a más de 750,000 trabajadores. En este caso de los jóvenes de 15 a 29 años, el impacto es aún mayor la informalidad alcanza un 54 %, cuando miles de profesionales graduados, al no encontrar vacantes dentro de su campo académico, terminan desempeñando actividades independientes no reguladas o informales alejadas de sus áreas de estudio.
Debemos mejorar el modelo de Educación Superior en Panamá, esa metodología de acreditación por el Coneaupa y fiscalizador por la CTDA requiere una regulación moderna ágil y eficaz que permita a las autoridades del Ministerio de Educación o de la Educación Superior intervenir de manera eficiente en los vacíos del sistema y permitirle mejorar de manera efectiva y de calidad el sistema educativo de tercer nivel.
Las consecuencias de la pasividad frente a las carreras saturadas que se ofertan en nuestras universidades generan impactos devastadores en nuestra economía como: 1.) Fuga de talento y frustración juvenil. Jóvenes que han dedicado 4 a 5 años de su vida a la educación superior para enfrentarse a mercados saturados. 2.) Pérdida de competitividad nacional, cuando las plazas que se requieren deben ser ocupadas por extranjeros que vienen con la preparación que el mercado necesita. 3.) Presión sobre la economía del país cuando aumenta la informalidad y desempeños en otras áreas distintas a la de su formación.
Superar esta crisis requiere una hoja de ruta coordinada entre la academia, gobierno y sector privado, no se trata de eliminar las ciencias sociales o la formación humanística, sino de crear la oferta según las necesidades reales del mercado y la matrícula hacia las áreas de verdadero crecimiento del país. Es indispensable modificar y fortalecer el Sistema Nacional de Acreditación y Evaluación de la Educación Superior, condicionando, la aprobación y renovación de carreras a estudios rigurosos de empleabilidad, considerando que un programa académico que no solo debe evaluarse por su contenido teórico, sino por su capacidad real de inserción laboral. Destacar la importancia y credibilidad de formación técnica vocacional y profesional de institutos como el ITSE en carreras rápidas de ciclo corto como una manera innovadora de consolidación de formación eficaz y con empleos de calidad, formando técnicos capacitados en áreas que el mercado panameño necesita.
Por último, el desarrollo socioeconómico no se mide por el volumen de títulos que se entregan en la universidad cada año, sino por la capacidad de sus graduados para integrarse productivamente a la economía, es por ello que persistir en una oferta de carreras saturadas es postergar el crecimiento del país y engañar el sacrificio de miles de jóvenes profesionales que buscan al terminar sus estudios desempeñándose en las áreas de su formación profesional.