Los integrantes del Grupo USAR Panamá relatan a ‘La Decana’ sobre las jornadas de búsqueda junto a sus canes en la zona cero del terremoto, las historias...
- 03/05/2010 02:00
Después del conteo
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Agrega La Estrella en Google ↗️He resistido —conscientemente— tratar este tema por razones muy, muy personales. En los últimos dos meses varios amigos me han insistido en que formule una opinión al respecto. El tema me irrita y siento rabia en algunas ocasiones. Tengo sentimientos encontrados, aprensiones, interrogantes mentales; algo de dudas con respecto a la finalidad del conteo de los negros y afrodescendientes que se realizará el próximo 16 de mayo. Lo de la rabia es de reírse.
En mis cincuenta años he tenido que soportar la ridícula bobada de personas —algunas muy allegadas— que han evitado a toda costa ser catalogados como negros o afrodescendientes. “¿Negro yo? ¡Dios me libre! Mi familia es morena...”, aclaran con una seriedad tan determinante y definitiva, como la de un médico a la hora de decirle a una mujer que está embarazada. Con esas cosas simplemente no se juega.
Para ellos es de suma importancia una clasificación supuestamente superior en la escala étnico-cultural panameña. Otros, con el afán de distanciamiento racial y cultural, han trabajado arduamente por ocultar todo indicativo ancestral: se convencieron de que el pasado no existió y que su historia genética les permite acomodar a su antojo la realidad: “¡Negro no! ¡Chombo blanco!”.
Rabia, porque la oportunidad del autoreconocimiento lo que hará es validar en la mente de estos tránsfugas étnicos su triste condición de renegados y acomplejados sociales. Estarán contentos finalmente con haber respondido que “ no ” y convencidos de que, en definitiva, su descendencia étnico-racial ha sido resuelta para siempre y validada oficialmente con estos censos, independientemente de la ciencia, los genes y de la abuela.
Pero ya desde un punto de vista más serio, creo que el ejercicio es válido y necesario para tener una visión estadística y objetiva de la realidad de las comunidades negras y afrodescendientes en Panamá, a pesar de los que aprovecharán para restarse. Mis dudas y aprensiones tienen que ver más con las esperanzas que se puedan generar con base a lo publicitado en el sentido de que: “ Con la inclusión de la etnia negra en los Censos Nacionales se rompe con el proceso histórico de invisibilización que ha padecido este sector de la población panameña y se abre la posibilidad de alcanzar un conjunto de reivindicaciones de carácter económicos, políticos, sociales y culturales largamente anhelados ”. Esa esperanza puede ser lacerada en medio de este ejercicio de buena fe.
Este trabajo es valioso e importante ahora, y esperamos que se cumplan los objetivos trazados desde la Conferencia Mundial Contra el Racismo realizada en Durban, Sudáfrica en el 2001. Yo creo que los resultados serán concretos, pero para como se dan las cosas en nuestro país, sé que mucho tiempo habrá de pasar antes de que podamos ver en ejecución los programas de inclusión que se prometen; el firme apoyo de los organismos gubernamentales para crear, financiar y apoyar sistemáticamente las mismas y en consecuencia, celebrar los resultados correctivos.
Pero no perdamos de vista que la Humanidad experimenta una mezcolanza que es más evidente en nuestro propio Panamá. Mi más profundo sentido de solidaridad no me permite dejar a un lado la incómoda verdad de reconocer que las mismas limitaciones y problemas sociales que hoy, e históricamente hemos enfrentado los negros y los afrodescendientes, igualmente han sufrido otros grupos minoritarios de nuestro país.
Los otros rostros que están a muy tempranas horas de la madrugada en las paradas de autobuses, comparten con los negros y afrodescendientes los mismos sufrimientos y penurias de un sistema de transporte colapsado. Los niños y jóvenes a acuden a los colegios públicos para ser atendidos por un sistema educativo arcaico y que no les ofrece serias posibilidades de crecimiento personal, transitan el mismo camino de incertidumbre que los nuestros.
Creo que el fin que se persigue debe ser solidario e inclusivo con las otras etnias que han sufrido y se han visto igualmente limitadas, marginadas, discriminadas y explotadas. Solo así podremos constituirnos en un conglomerado humano que camina con el objetivo compartido de crear una mejor sociedad; una sociedad con individuos que trasciendan las barreras y limitaciones actuales, para que en el futuro nuestros hijos comprendan claramente que, a pesar de nuestras diferencias culturales y de nuestra etnia, en esta tierra y en este país fuimos capaces de extender la mano para ayudarnos los unos a los otros.
*Comunicador social.ernestoholder@gmail.com