Moisés Cohen, presidente del Consejo de Servicios Internacionales de Panamá, desglosa la importancia de la Ley de Sustancia Económica como la llave para...
Cuando el 8 de mayo de 2025 el cardenal protodiácono anunció al nuevo papa con la tradicional fórmula “Habemus Papam”, seguido del “qui sibi nomen imposuit” (quien se ha impuesto el nombre de...), no nos percatamos de que el nuevo pontífice, el cardenal estadounidense Robert Francis Prevost, al adoptar el nombre de León XIV, ya estaba enviando un claro mensaje al mundo. León XIV se perfilaba como el “Papa de la nueva cuestión social para este siglo XXI”.
Al cumplirse un año de aquel acontecimiento, nos detenemos a reflexionar sobre el estilo y el pensamiento de este pontificado que ha comenzado a marcar un camino claro en la historia de la Iglesia. Sus primeras palabras, serenas y poderosas resonaron en la Plaza de San Pedro y el mundo entero con una carga profética: “¡La paz esté con todos ustedes! (...) Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante”.
¿Por qué León XIV? La elección de este nombre nos remite a León XIII, autor de la Rerum Novarum (5-V-1891). Desde el punto de vista comunicativo, el mensaje es inequívoco: estamos ante un Papa que hace latir su corazón al ritmo de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). Su estilo de gobierno se fundamenta en un trípode: sinodalidad, evangelización y oración (discernimiento). Esto quedó patente en su primer consistorio extraordinario del 7 y 8 de enero de 2026, donde 170 cardenales no se reunieron para un trámite burocrático, sino para un encuentro fraternal. La aprobación de los tres ejes demuestran que el Papa busca la unidad de mando a través de la colegialidad.
Mientras en la encíclica Dilexit nos (24-X-2024) el Papa Francisco nos recordaba que, al servir al prójimo encontramos a Jesús “codo a codo”, León XIV, tomando esta herencia, presenta la exhortación Dilexi te (4-X-2025), centrando su mirada en el amor hacia los pobres. El diagnóstico que presenta es contundente: la pobreza no es una fatalidad, sino producto de una estructura de pecado. El Papa denuncia la existencia de élites que viven en “burbujas de lujo” mientras millones sobreviven en condiciones indignas. Advierte contra la tendencia a convertir al pobre en una estadística para evitar tocar su realidad. Su propuesta es clara: la caridad no es un paliativo, sino un “fermento de justicia” que debe cambiar los sistemas injustos.
El pontificado de León XIV no se limita a la pobreza material tradicional, sino que ha ido identificando “novedades” tecnológicas y sociales que generan nuevas formas de exclusión, entre ellas, las siguientes: Ansiedad y consumo, el impacto de las redes sociales en los jóvenes, que enfrentan el espejismo del éxito inalcanzable; adicciones digitales, en referencia al diseño de plataformas de apuestas y juegos de azar que explotan la vulnerabilidad; ética y cuerpo, sobre la crisis de los opioides y la comercialización del dolor bajo una falsa “idolatría del cuerpo”; extractivismo, relativo a la violencia detrás de la tecnología, que alimenta la desestabilización política; entre otros. Ante esto, el Papa exige que la ética global prevalezca sobre el beneficio técnico-económico y que la limosna no sea una dádiva, sino un momento de encuentro humano.
En su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2026, León XIV propuso un concepto innovador que condensa su visión social y espiritual: la paz desarmada y desarmante. No se refiere solo a la ausencia de armas, sino al desarme del lenguaje y de las intenciones agresivas; a esa fuerza de la no-violencia activa, a esa actitud de apertura que obliga al interlocutor a bajar la guardia.
Al cumplirse este primer año de pontificado, es evidente que León XIV ha venido a renovar la fidelidad de la Iglesia al Evangelio e invita a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a ser líderes que no solo miren los balances financieros, sino que sepamos descifrar el impacto de la tecnología en la dignidad humana. La pregunta que nos deja este primer aniversario no es solo qué pensamos del Papa, sino cómo integramos su mensaje en nuestra vida. Queda bajo nuestra responsabilidad “decodificar” cómo vivir en lo ordinario esa invitación a ser una sociedad que sepa ser hermana de los pobres y una firme promotora de la paz.