Uno de los puntos clave mencionados fue la interacción de la APA con otras carteras del Estado para garantizar que los procedimientos se realicen en regla...
En 2005, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 27 de enero como el Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto. El Holocausto fue el genocidio sistemático de judíos europeos perpetrado por el régimen nazi entre 1933 y 1945. Cerca de seis millones de judíos, entre ellos un millón y medio de niños, fueron fusilados, gaseados o torturados hasta la muerte.
Para que ese exterminio ocurriera no bastó un puñado de líderes: decenas de miles de soldados, burócratas y civiles alemanes participaron directa o indirectamente. Sin embargo, al finalizar la guerra, la justicia fue escasa. En los juicios de Núremberg apenas unos 180 oficiales nazis fueron condenados. Israel capturó y juzgó simbólicamente a uno solo: Adolf Eichmann, en 1961.
La impunidad no es un problema del pasado. El 24 de marzo de 2016, un soldado israelí ejecutó a un terrorista palestino herido que no representaba una amenaza inmediata. El 25 de mayo de 2020, un policía en Minneapolis asfixió a George Floyd. Ambos fueron encarcelados. ¿Qué tienen estos casos en común? Que fueron grabados y difundidos. Las imágenes detonaron protestas masivas contra una vieja sospecha social: que quienes portan armas con respaldo del Estado gozan, demasiadas veces, de impunidad
¿Fueron estos hechos aislados? Difícilmente. Por cada caso documentado, probablemente existen miles en los que el responsable jamás fue juzgado. El mensaje implícito es devastador: se puede matar sin consecuencias. Cuando un agente armado va a prisión, el mensaje se invierte: piénsalo antes de apretar el gatillo.
La violencia acompaña a la humanidad desde su origen. En el Génesis, Caín asesina a Abel y responde con cinismo cuando se le exige rendición de cuentas: “¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?”. La negación y la impunidad nacieron con nosotros. La diferencia es que hoy todo puede ser grabado. ¿Qué habría pasado si Dios hubiera subido ese crimen a Instagram?Aunque el asesinato ha sido una constante, en guerras, crímenes y toda clase de “cidios”, resulta inquietante que, pese a los avances tecnológicos y jurídicos, la sociedad occidental aún falle no solo en castigar estos actos, sino en prevenirlos.
La “licencia para matar”, romantizada por personajes ficticios como James Bond, sigue operando en la vida real. El año 2026 comenzó tan sangriento como otros, pero también tan impune. Se estima que las autoridades iraníes han asesinado a decenas de miles de manifestantes en las recientes protestas en contra del régimen teocrático que gobierna usando a la violencia y la intimidación como ley, además de exportar al terrorismo como fruta medio oriental desde 1979. Ni siquiera el Muro de Berlín resistió tanto.
Más alarmante que el criminal masacre es el silencio, o la tibieza, de muchas organizaciones internacionales de derechos humanos mientras exhiben una severidad selectiva en otros conflictos, en contra de Israel, por ejemplo. Esta doble moral erosiona la credibilidad de quienes dicen defender la vida humana sin distinción.
Estados Unidos, emblema histórico de la democracia liberal, tampoco está exento de esta deriva. Agentes migratorios (los infames ICE) implementan un régimen de terror similar usando a la violencia letal contra civiles durante operativos y protestas, incluso contra madres y niños, recibiendo el respaldo del gobierno federal. Cuando el Estado respalda esta fuerza desmedida, comienza a parecerse peligrosamente a aquello que dice combatir, como las tiranías de Irán y Rusia.
Otro síntoma alarmante es el aumento de suicidios entre agentes armados. Tras la masacre perpetrada en contra del sur de Israel por Hamás el 7 de octubre de 2023, numerosos miembros de las fuerzas de seguridad israelíes han quitado la vida con sus propias armas, incapaces de procesar el trauma: los cuerpos mutilados, las violaciones, los colegas asesinados y la culpa persistente de “pude haber salvado a más”. El suicidio, el menos juzgado, es también una tragedia social prevenible.
La soluciones son simples. Toda persona con licencia para matar debe ser evaluada de manera periódica: psicológica, ética y socialmente. Ser policía, soldado o agente de seguridad es una labor difícil y peligrosa, pero no otorga permiso para disparar contra quien protesta, insulta o graba con un teléfono celular.
La impunidad de los crímenes cometidos por agentes armados es una bola de nieve moral. Si no se detiene, puede desembocar en horrores que juramos no repetir. Y entonces ya no podremos decir que no sabíamos que podía ocurrir, no podremos decir “nunca jamás”. Porque ya ocurrió, y sigue ocurriendo, en nuestra época, demasiadas veces.