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- 06/11/2026 00:00
Efemérides patrias: entre la resistencia territorial y la encrucijada geopolítica
Noviembre vuelve a convocar a la sociedad panameña al ejercicio de la memoria histórica y la introspección crítica. Las efemérides patrias, que rememoran las gestas independentistas de 1821 y 1903, no deben ser entendidas como meras ceremonias de civismo folclórico, sino como espacios de deliberación sobre la vigencia del proyecto de Estado-nación panameño. El “mes de la patria” nos encuentra enfrentando una doble encrucijada, que pone a prueba las bases materiales e institucionales de nuestra soberanía. Por un lado, el recrudecimiento de las diputas geopolíticas globales sobre su posición geográfica; y por el otro, la severa vulnerabilidad socioambiental evidenciada por los desastres naturales que han impactado el territorio nacional durante el presente año.
Desde la perspectiva historiográfica crítica, la construcción de la patria nunca ha sido un proceso al margen de las condiciones concretas de subsistencia. Las tensiones por el control del comercio marítimo y las emergencias derivadas del cambio climático convergen hoy para recordar que la verdadera independencia no reside solo en la custodia de los símbolos patrios, sino en la capacidad colectiva de articular un modelo de desarrollo equitativo, sostenible y soberano frente a las presiones hegemónicas y la crisis ecológica mundial.
El istmo en la disputa geopolítica internacional y continental
A lo largo del siglo XXI, la condición de Panamá como pivote del comercio marítimo mundial ha adquirido una relevancia estratégica renovada. El Canal de Panamá continúa siendo una arteria logística fundamental por la que circula cerca del 5% del comercio global y donde convergen las principales rutas de transporte entre los grandes polos de producción y consumo. No obstante, el tránsito hacia un orden internacional multipolar ha transformado al istmo y al continente americano en escenarios de contienda indirecta entre las grandes potencias, principalmente Estados Unidos y la República Popular China.
Mientras Washington apela a doctrinas de seguridad hemisférica para resguardar su influencia histórica sobre la infraestructura del canal y las rutas interoceánicas, Pekín se consolida como uno de los principales usuarios comerciales del canal y un inversionista clave en la infraestructura portuaria panameña y latinoamericana. En esta disputa, la república de Panamá se sitúa bajo constantes presiones diplomáticas que ponen a prueba el estricto cumplimiento del Tratado de Neutralidad Permanente. La preservación de la neutralidad no es una postura pasiva, sino un imperativo de soberanía, el canal debe mantenerse al servicio exclusivo del comercio pacífico universal y del bienestar del pueblo panameño, evitando la subordinación a los bloques de poder geopolítico.
La vulnerabilidad ambiental y los desastres naturales hacen urgente la cohesión social
El contexto del presente año 2026 ha demostrado trágicamente que la soberanía territorial no se amenaza únicamente mediante presiones geopolíticas externas, sino también a través del impacto del cambio climático y los fenómenos telúricos. Las intensas inundaciones registradas en diversos puntos del país, sumadas al violento sismo de magnitud 7.7 registrado el pasado 9 de octubre en la península de Azuero, han dejado al descubierto otras brechas de vulnerabilidad estructural que persisten en nuestra sociedad. Además de las ya existentes en Bocas del Toro, Las Comarcas (Naso, Bribri, Gnobe Bugle, Gunas de Yala, Madugandí, Wargandí) y el Darién, regiones históricamente olvidadas en este país.
Estos desastres naturales evidencian que las emergencias no impactan por igual a todos los sectores sociales. Al igual que en las coyunturas históricas del siglo XIX y XX, son las poblaciones del sector intermedio, rural y los trabajadores más desfavorecidos quienes sufren con mayor rigor la pérdida de viviendas, tierras de cultivo y medios de vida. las catástrofes naturales sobrepasan la asistencia de emergencia, ´por ende, exige una planificación territorial rigurosa, la inversión pública en infraestructuras resilientes y la redistribución equitativa de los recursos nacionales. Un país que no garantiza la seguridad material y la protección de su población frente a las crisis climáticas y geológicas difícilmente podrá sostener un proyecto nacional fuerte e independiente.
Frente a las complejas dinámicas geopolíticas del siglo XXI y los constantes desafíos ambientales, el significado de las fiestas patrias debe deconstruirse, salir del homenaje ceremonial hacia una agenda nacional de autodeterminación y equidad. La conmemoración de la historia panameña cobra sentido en la medida en que sirva como herramienta crítica para responder a las urgencias del presente. En ese escenario contemporáneo, la sociedad panameña debe orientar sus esfuerzos hacia la defensa sagaz de la neutralidad territorial, rechazar cualquier intento de instrumentalización militar o política por parte de hegemonías extranjeras, debemos mantener la bandera de la justicia social y reconstrucción resiliente de nuestra ecológica y soberanía sobre los recursos. Es decir, proteger las reservas naturales del país frente a la explotación indiscriminada, reconociendo que la seguridad ambiental constituye la base sobre la cual descansa la viabilidad misma de la república.