Moisés Cohen, presidente del Consejo de Servicios Internacionales de Panamá, desglosa la importancia de la Ley de Sustancia Económica como la llave para...
- 12/05/2026 00:00
Las últimas dos semanas han sido prolijas en denuncias de desatinos incurridos por las autoridades administrativas que desean continuar como tales en la gestión de nuestra primera Universidad. Las denuncias, han sido públicas a través de comunicados firmados por agrupaciones de empleados administrativos y otras muchas, recibidas en reuniones en las que he participado en varias Facultades y Centros regionales de la Universidad de Panamá (UP). Veamos algunas de estas denuncias.
El grupo conocido como MOVICA, manifestó el descontento que experimentan los trabajadores de las oficinas administrativas y servicios diversos respecto de las prácticas de “persecución, vigilancia, traslados injustificados, aislamiento y hostigamiento” que llevan adelante las autoridades actuales con el ánimo de crear un ambiente que supuestamente favorecería los votos necesarios para que el ungido de la rectoría actual salga triunfante en el torneo electoral que se va intensificando en nuestra institución. Esta agrupación, palabras más, palabras menos, llega a afirmar que las candidaturas que pretenden darle continuidad (nuevas caras para la misma administración) ya no están en capacidad de responder a los cambios necesarios, caracterizando sus malas prácticas de gestión como “propias de liderazgos mediocres, carentes de visión, de sensibilidad humana y solvencia moral”.
Denuncias de orden similar también fueron esgrimidas desde la agrupación estudiantil que agrupa a las diversas corrientes de estudiantes universitarios de toda la UP. Me refiero aquí a denuncias hechas aludiendo específicamente a la reproducción de estas mismas prácticas señaladas por MOVICA, pero desde la óptica estudiantil. Incluso llaman la atención de la complicidad de dirigentes de asociaciones estudiantiles por cuanto que: “lejos de defender los intereses del estudiantado, actúan subordinados de la actual administración” (FEUP).
El grupo de los trabajadores universitarios, aglutinados por el SINTUP (antiguamente conocido como ASEUPA), fue más contundente en los señalamientos de los perjuicios que la actual administración le ha ocasionado a nuestra Institución de educación superior en su conjunto, tal como se deduce de su “Carta abierta al candidato oficialista”.
En efecto, este gremio que es el de mayor fuerza entre los empleados administrativos, le recordó al candidato de la actual rectoría, que “Durante los últimos diez años usted ocupó una de las más altas posiciones de poder dentro de la Universidad. No fue un observador distante sino parte de la estructura de la estructura de gobierno bajo la cual se profundizó el desgreño administrativo que hoy golpea a toda la comunidad universitaria” (SINTUP, 7/05/2026).
El colega Miguel Antonio Bernal tampoco se quedó tras la palestra en esta serie de manifestaciones del gran malestar universitario. En este caso se refirió a “Un escandaloso fraude (2)” que preparan las fuerzas que impulsan al candidato de la administración actual De acuerdo al profesor Bernal: “Quienes tienen interés directo en el resultado de la elección participan en el proceso de elaboración y ajuste del padrón electoral” (La Estrella de Panamá, 04/05/2026). Es decir, estos son los que tienen y han tenido durante los diez últimos años más opciones para poner y quitar votantes a su arbitrio haciendo que los opositores tengan menos opciones de llevar votantes a ejercer su derecho.
Lo trágico de la postura de las fuerzas que aspiran a continuar con la tutela de la Institución, es que, a pesar de las denuncias del deterioro de la UP, simplemente asumen posiciones que niegan la existencia de una crisis multidimensional. Antes que debatir sus posibles salidas en cada unidad académica, fomentan costosas francachelas, insinuando que la política interna tiene y es de la misma categoría que la política extramuros, con todas sus infamias. Dicen que todo lo tienen controlado, que “van a barrer” porque desde la rectoría hasta las facultades y centros regionales, todos están listos para reelegirse y darle continuidad a su mandato, desarrollando las malas prácticas ya denunciadas, pero que piensan le son útiles y convincentes del voto de los docentes y trabajadores administrativos temerosos de que pierdan sus puestos de trabajo.
Lo trágico de su postura de negación de crisis es que convierte en mera demagogia las promesas de cambios-las escasas ocasiones que lo mencionan para no quedar como vacíos ante la realidad-ya que si no hay convencimiento de la existencia de una crisis de la gravedad que hoy experimentamos en la UP, menos habrá búsquedas serias de alternativas para su superación.
Coincido con el candidato a rector y a directores/as regionales y Decanos/as de facultades que afirman que hay que tener algo muy claramente fijado en nuestros imaginarios y propósitos si queremos salvar a la UP: “El cambio no es una opción entre otras...es una necesidad”.