La representante de San Francisco habla sobre el proyecto Coco Parque, su postura sobre la minería y los planes para el corregimiento
- 29/04/2026 00:00
En dos ocasiones distintas he tenido la oportunidad de observar la imponente estampa de un portaaviones de la Marina de Guerra de los Estados Unidos. Las dos veces fue en el extranjero, y las naves son verdaderamente una maravilla de la ingeniería. En ambos casos, quedaba atónito frente a estos colosos, construidos para imponer poder y proyectar la voluntad política del gigante norteamericano dondequiera que vayan.
Estas proezas del ingenio bélico tienen la capacidad de doblegar el poder de un país mediante el uso de la fuerza bruta, y su sola presencia resulta intimidante. Ver algo así siempre es motivo de asombro y despierta al niño interior que todos llevamos dentro; ese que se llena de curiosidad por pisar la cubierta y verlo funcionar. Es la misma emoción, quizá más desmedida, que la de un par de niños que juegan “piratas y soldados” sobre los cañones y ruinas coloniales de Portobelo.
Sin embargo, hay que ser consciente de que todo tiene su lugar y su momento. En la vida pública, la posición que se ocupa exige decoro y mesura, pues cada acción realizada está sujeta a la interpretación política. En el escenario actual, las constantes declaraciones desde el norte sobre “recuperar” el Canal, afirmando que Panamá obtuvo su soberanía mediante un “mal trato” o que el gobierno norteamericano “vendió el Canal por un dólar”, son motivo de profunda preocupación para una sociedad que luchó por décadas por la recuperación de su territorio con sangre y vidas.
No obstante, en días pasados vimos al alcalde de la capital y a algunos políticos del Movimiento Otro Camino y de la bancada Vamos en visita oficial al USS Nimitz, un portaaviones que está realizando una gira por Latinoamérica como parte del ejercicio multinacional Southern Seas 2026. Según el ministro de Seguridad Pública, Frank Ábrego, esta visita reafirma una relación histórica basada en la confianza, el respeto mutuo y un compromiso compartido con la paz, la seguridad y la estabilidad regional.
Es cierto que los políticos invitados al recorrido tienen derecho a una experiencia interesante, pero como figuras públicas no pueden permitirse el lujo de la ingenuidad infantil cuando representan al Estado. Subir al símbolo máximo del poder militar de una nación que hoy cuestiona nuestra soberanía no es “turismo”: puede interpretarse como un mensaje de subordinación simbólica. Al fotografiarse sonrientes, estos dirigentes validan —quizás involuntariamente— la narrativa de que Panamá sigue siendo un “protectorado”, justo cuando el discurso revisionista estadounidense gana tracción.
Esta no es una visita cualquiera; es un evento que no ocurría desde hace varios años, cuando los últimos portaaviones de la clase Essex surcaban nuestras aguas antes de la reversión del Canal. Que este retorno ocurra precisamente ahora, bajo un clima de retórica revisionista en el norte, convierte la imagen de nuestros políticos en la cubierta en un acto de ligereza histórica imperdonable.
Como dijo Jesús Reyes Heroles: “En política, la forma es fondo”. Un político puede tener buenas intenciones, pero si elige un mal momento o comunica mal su mensaje, este se presta para malentendidos. Actualmente, vemos con preocupación cómo a ciertos dirigentes les importa más quedar bien ante los ojos de la Embajada en Clayton que ante la dignidad del pueblo que los eligió para ser representado.
Es decepcionante ver a estos “nuevos políticos”, que se presentaron como el cambio, replicar las conductas de la política criolla de antaño. Han olvidado que la dignidad nacional es el pilar fundamental de cualquier proyecto de país moderno. Si nuestros políticos actúan hoy sumisos frente al “Gobernador” —citando al dictador Omar Torrijos—, igual que lo hacían muchos de los de antes, entonces cabe preguntarse: ¿dónde está el cambio prometido?
¿Acaso una bonita foto con cascos de piloto para redes sociales vale más que la causa por la cual dieron su vida los Mártires del 9 de enero? ¿O el recuerdo de las víctimas de El Chorrillo en diciembre de 1989? El afán de figurar en redes parece estar pesando más que el cuidado de la imagen pública, generando críticas que pudieron evitarse.
En política, especialmente para quienes ocupan cargos públicos, la percepción es tan importante como la acción. Como bien se dice, la mujer del César no solo debe ser honesta, sino también parecerlo.