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- 29/12/2013 01:00
Los compromisos y la ética periodística
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Agrega La Estrella en Google ↗️Una glosa publicada hace poco en cierto diario de la localidad, expone que un medio televisivo devolvió al candidato su embarque de canastas con licores, que al parecer el obsequioso donante enviaba al personal; entre ellos y evidentemente, a los responsables de la información y en concreto, a los periodistas.
No hay tiempo para comprobar la veracidad de estas acciones, pero tan solo con enunciarse, mueven a pensar sobre la importancia que envuelven, en caso que sea cierto, por las implicaciones para la ética periodística y como paso hacia la independencia del quehacer noticioso que la cadena mediática puede tener y más allá, el que debe guardar cada individuo cuyo trabajo se vincula a esta profesión.
Surge entonces la pregunta ¿qué compromisos adquiere quien trabaja en el sector informativo del medio de comunicación cuando acepta dádivas, beneficios, estímulos monetarios y otras canonjías de la persona que puede ser o ha sido su fuente? Sobre todo si este último es la autoridad en alguna esfera del sector gubernamental, un connotado empresario o alguien ligado al poder en cualquiera de sus manifestaciones.
El peor escenario es cuando esta aceptación empieza a teñir el criterio del beneficiario y sus escritos deben satisfacer los intereses del dador. Y esto sucede por lo general y el lector o la audiencia lo intuye cuando acierta a leer o a escuchar una defensa ciega hacia la acción, opinión o punto de vista.
Por lo general, se utiliza la excusa que escapa a las leyes de la lógica y que recuerda al personaje Tres Patines y sus argumentos en aquel programa de La tremenda corte. Aunque parezca chiste, esto es muy grave por cuanto que estas prácticas de algunos tienden a crear la idea de que es fácil comprar conciencias y que solo hay que ofrecer un buen precio para obtener el ‘apoyo’ irrestricto, que se traduce en complicidad.
Mark Twain fue excelente cronista en el siglo XIX, además de autor de célebres historias. En uno de sus textos para los diarios de la época, compara a la raza humana con sus ‘antecesores’, los reptiles y resalta que ‘... hemos mejorado la herencia en muchos grados; pero en cuestión de moral que nos legaron, hemos retrocedido otros tantos...’ Y puntualiza que esa evolución es ‘extraña’ y para él ‘inexplicable y antinatural’.
La situación más cuestionable en esta labor, es cuando el reportero o el profesional de otro nivel en este campo, visita las oficinas del funcionario en alguna entidad y hasta rectores universitarios y deja caer una expresión sobre los problemas financieros que confronta: los de su casa, la cercanía de fiestas como el día de la madre, la Navidad u otras y dice que no hay ‘qué poner en la mesa’ o ‘regalar a la vieja’.
Donald L. Ferguson y Jim Patten en un viejo libro sobre El Periodismo en la actualidad, plantean que ‘el público se pregunta cada vez con más frecuencia hasta qué punto son justos y honrados los periodistas’. Y resaltan que es ‘la ética’ de ellos ‘la que por encima de todo proporciona las guías de trabajo básicas para decidir qué entra a la prensa o se trasmite por radio’, televisión o se publica en otras opciones de medios.
Cuando el informador pone a disposición el espacio donde trabaja, inspirado por algún beneficio económico diferente a su salario normal, pone en peligro su propia credibilidad, el valor de lo que publique o diga y hará más complejo diferenciar los bordes de la línea que separa el oficio responsable de la práctica irresponsable.
Habría que preguntarse entonces si cada vez que el comunicador (periodista, editor, director de noticias o responsable de un espacio o blog) toma la decisión de publicar algún material, piensa que éste se basa en principios éticos que adopta su profesión. Una frase de Walter Lippmann constituye ejemplo preciso para esta idea; ‘... El aspecto más importante es determinar si el periodista, como el investigador y el hombre de ciencia, pone la verdad en primero o en segundo término’.
El trabajo para crear información tiene sus reglas en cuanto a la certeza. Hay pasos que se siguen y por esa razón Lippmann une esta tarea con la del científico; de allí la importancia de lo que se teje o construye en un espacio noticioso con cada texto que se emite al público en forma de nota periodística.
De un puñado de datos e informes de fuentes, se redacta este enjambre de palabras que reproduce la realidad. Esta noticia tiene además una particularidad que sintetiza un hecho, pero que adopta también el enfoque que puede ser rico o pobre, complejo o sintético, serio o relajado, pero que no importa la forma que adquiera, ella ha sido la concreción —acumulación de varias partículas en una masa sólida— de la verdad.
Como su fabricación es humana, ella resulta imperfecta. Mientras más se hayan aplicado las herramientas y los ajustes adecuados, el producto será mejor logrado. Por el contrario, cualquier vicio, se convertirá en un punto de imperfección como los diamantes con el resultado que se reducirá su valor informativo. Por esta razón, cuando hay causas como la coima y otros estímulos, se afecta el criterio y el enfoque.
Twain utilizó dos figuras que encierran la conclusión certera a este tema del compromiso y la ética. Dijo que: ‘No tenemos verdadera moral, moral real, sino solo artificial, una moral creada y preservada por la represión forzada de los instintos naturales e infernales’.
Y en una glosa apuntada en su libro de notas, afirmó, refiriéndose al escenario estadounidense que ‘... tenemos en nuestro país estas tres cosas indeciblemente preciosas: libertad de expresión, libertad de conciencia y prudencia para no ejercer jamás ninguna de las dos...’
PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.