El ultraderechista Abelardo de la Espriella ganador de la segunda vuelta presidencial de Colombia pronuncia un discurso este domingo, luego de los resultados...
- 23/06/2026 00:00
A 200 años del Congreso Anfictiónico, Panamá orgullosa se viste de Bolívar
Encuentra más de nuestra cobertura en los resultados de búsqueda.
Agrega La Estrella en Google ↗️La tarde de aquel martes 7 del último mes del año 1824, en un salón de la casona La Magdalena en la ciudad de Lima, -llamada por el Protector José de San Martín la “Heroica y Esforzada Ciudad de los Libres”- el Libertador Simón Bolívar, sin dar tregua a las fatigas propias de su gestión independentista en “ese territorio del sur”, y venciendo las afugias que en lugar de mermar su espíritu avivaban su determinación, orientó al patriota peruano José Faustino Sánchez Carrión para plasmar su pensamiento unionista. Este ya había sido expuesto en julio de 1822, siendo presidente de la Gran Colombia, cuando junto con Perú firmaron “un tratado de alianza y confederación”, invitando a los gobiernos de las Provincias Unidas del Río de la Plata, México y Chile a unirse para formar una gran asamblea que promoviese “la creación de una liga continental que sirviera de consejo en los grandes conflictos, punto de contacto en los peligros comunes y conciliador en las diferencias”.
En esta oportunidad, ese 7 de diciembre, dos días antes de la gran batalla de Ayacucho, el Libertador firmaba como jefe de Estado del Perú la convocatoria al Congreso de Panamá. Esta comunicación fue enviada a cada uno de los gobiernos de Colombia la Grande, México, Río de la Plata (Argentina), Chile, América Central (entonces Guatemala), llamando la atención, al decir: “Es tiempo ya de que los intereses y las relaciones que unen entre sí a las repúblicas americanas, antes colonias españolas, tengan una base fundamental que eternice, si es posible, la duración de estos gobiernos...”.
Seguramente en ese momento sus sentimientos estaban colmados por las esperanzas, luchas, sacrificios, conspiraciones, destierros y persecuciones de cientos de patriotas independentistas que durante tres siglos ya, desde 1549, asomaban sus banderas libertarias por los caminos del Cóndor, desde Paraguay hasta México, pasando por la Nueva Granada, Lima, Quito, Brasil, Guatemala, Haití, Uruguay, Cuba, Chile, Venezuela y Panamá en 1821.
En aquel momento luminoso de su caminar insurgente, el Libertador no dio espacio a la tristeza, ni permitió que arribaran a su memoria los sufrimientos de jornadas difíciles, las traiciones, ni las ausencias de compañeros queridos. Rodeado del afecto de Manuela y siempre haciendo mención a la esclava escogida, la negra Hipólita como “su verdadera madre”, dio rienda suelta a su fe -cual galope de batalla- en el propósito de la unidad americana. Recordaría la etapa turbulenta, hacia 1815, cuando escribió la “Carta de Jamaica” exhibiendo su visión geopolítica e imaginando, por primera vez, un “augusto congreso” donde repúblicas, reinos e imperios trataran los intereses de paz y guerra. En esta carta histórica, propone a Panamá como punto de encuentro al decir: “Es una idea grandiosa formar de todo el Mundo Nuevo una sola nación con un solo vínculo... Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos”.
Igualmente, recordaría efemérides de rebeldías y luchas que lo regocijaban como el abrazo del presidente Petión y del pueblo de Haití, que lo animaron a invadir el oriente venezolano. Fue en Angostura donde expone su pensamiento de ser gobierno y organiza el Consejo de Estado, el Consejo de Gobierno, el Consejo Superior de Guerra, la Alta Corte de Justicia y el Consulado, al tiempo que editó su propio órgano de prensa “El Correo del Orinoco”, además de proponer, entre otras iniciativas trascendentes, la creación de la ‘República de Colombia’.
También es posible que Bolívar, en ese momento, fuese invadido por las fantasías de la infancia cuando aprendía a jugar, en medio de la exuberante riqueza de los campos que rodeaban sus propios senderos, y que aprendió a correr y recorrer en compañía de la niña esclava Negra Matea y los demás niños negros esclavos, con quienes trenzaba “juegos libertarios” venidos desde el África en murmullos y vientos, y que aquellos migrantes obligados mantenían en secreta identidad.
Bolívar, mientras dictaba aquella maravillosa carta y documento de unidad continental, recordaría también aquel evento extraordinario en la batalla de Boyacá cuando en medio de la alegría, los vivas, sones y estruendos de la conflagración triunfal, emocionado por el momento maravilloso de la victoria fue sorprendido por la sonrisa infantil y picaresca de dos niños con aires de batalla, Pedro Pascacio Martínez y el Negrito José, quienes con bayoneta y lanza en mano llevaron prisionero a su estancia en pleno fragor de la ofensiva al bravo comandante español José María Barreiro.
También pasaron por su mente los vivas de júbilo en Carabobo al liberar definitivamente a su Venezuela del alma, repasaría su andar que lo llevó por el camino de los Andes marchando hacia el sur, y en Popayán, en febrero de 1822, recibió la carta del Coronel José de Fábrega, anunciándole el triunfo de la Independencia de Panamá de España y la decisión de su anexión a la Gran Colombia, detallándole cómo el Istmo logró su emancipación de manera pacífica el 28 de noviembre de 1821 y se ponía a disposición del proyecto bolivariano.
Merece nuestro reconocimiento esta primera manifestación de unidad latinoamericana que enaltece a Panamá como ejemplo de compromiso y entrega, la cual fue respondida por el Libertador en carta fechada el 1 de febrero de 1822 desde Popayán así: “No puedo expresar el gozo que he experimentado al saber que Panamá, centro del universo, es regenerada por sí misma. Transmita usted a esos beneméritos colombianos mi entusiasmo por su acendrado patriotismo”.
Imposible olvidar, diría Bolívar, su entrada triunfal a Quito en 1822, luego del triunfo en el Pichincha protector, cuando la ciudad colonial lo aclama con celebración de repique de campanas para recibir a los héroes de la independencia. Allí el Libertador vivió una experiencia de amor maravillosa, al ser el único libertador que no recibió en sus cienes la corona de laureles, y sí con ella un golpe en el corazón, por cuanto fue una ferviente patriota quiteña, Manuelita Sáenz, quien atinadamente la arrojó desde un balcón lleno de flores.
En su marcha hacia el sur tuvo que enfrentar en Junín un acometimiento muy doloroso, conocido como “la batalla silenciosa”, evento que abrió definitivamente el camino a la gran victoria final en La Pampa de Quinua comandada por el Mariscal Sucre, hoy venerada y vitoreada como la Batalla de Ayacucho.
Para finalizar esta nota es necesario hacer una recordación sobre la gran convocatoria al Congreso Anfictiónico de Panamá que reafirma el pensamiento emancipador de Bolívar: “(...) para que formásemos una confederación y reuniésemos en el Istmo una asamblea de plenipotenciarios... consiguiendo consejo en los grandes conflictos, punto de contacto en los peligros comunes e intérprete fiel en los tratados... establecer una Confederación de los nuevos Estados Americanos al impulsar la idea de un congreso que reúna a las naciones hispanoamericanas y así lograr la cooperación entre ellas, defender sus intereses, promover la amistad entre las naciones y fortalecer la unión”.
El Congreso Anfictiónico de Panamá cuyo bicentenario celebramos el 22 de junio de 2026, exalta la visión futurista del Libertador aprendida mientras atado a las esperanzas libertarias navegaba por el Mar Caribe y seguramente en una noche estrellada y de buenos vientos, seducido por el sueño emancipador, tal vez percibiendo a estribor la presencia del Istmo de Panamá, va tejiendo la unidad americana que sigue vigente en las tareas de unidad latinoamericana.