• 06/08/2026 00:00

El Niño travieso en el agro

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Un vendaval por aquí, un deslave por allá, derrumbe por acullá, otro maremoto, tormentas por doquier, lluvias intensas, incendios forestales, sequías, caída de árboles, desbordamiento de ríos, calores intensos y temperatura infernales, radiación ultravioleta. Todos estos eventos climáticos y otros están asociados con el fenómeno de El Niño, en una forma u otra, adquiriendo variados matices o intensidades particulares.

Su nombre proviene de los pescadores de las costas de Perú y Ecuador, quienes notaron que una corriente de agua cálida llegaba cada año cerca de la Navidad. Al vincular este fenómeno con el nacimiento del Niño Jesús, bautizaron la corriente con ese nombre, el cual se generalizó y perdura hasta hoy.

Todos hablan o escriben —incluso mi persona— sobre este acontecimiento climático, implicaciones en la mayoría de las actividades del ser humano, naturaleza y repercusiones e impactos que rodean y afectan la vida diaria. Va a dar de qué hablar por buen rato, pues el fenómeno se extenderá durante un largo periodo de tiempo. Y existe abundante información reciente sobre el tema.

En síntesis, el fenómeno del Niño puede definirse “como aquel evento climático natural que calienta las aguas del océano pacifico y altera las lluvias y temperatura en todo el mundo, causando sequías, exceso de lluvias y altas temperaturas, afectan los cultivos, reduciendo las cosechas”.

O también es una fase del ciclo climático llamada El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) y sucede cuando la superficie del océano Pacífico central y oriental logra calentarse a niveles superiores de lo normal. Muchas veces ocurre en forma irregular cada dos a siete años y se extiende entre 9 y 12 meses. Hay un cambio en los vientos y existe abundancia de nubes a nivel general. Ya está confirmado a nivel predictivo, con ocurrencia de certeza, modelos de la NOAA, el IPCC, la FAO y otras agencias internacionales, el Imhpa de Panamá, acerca de la aparición del fenómeno y estragos que está causando en el planeta, pues influye en toda la población y acciones que realiza el hombre.

En cuanto a la afectación, la modificación en la perturbación de los regímenes de precipitaciones y olas térmicas, puede repercutir drásticamente en la agricultura y medios de subsistencia rurales como estamos apreciando hoy día. Haciendo énfasis, para el caso de actividades agropecuarias, puede existir ausencia de lluvias o agua que ocasionan sequías extensas, se altera el ciclo vegetativo, secando y agrietando la tierra, acarreando la desaparición de las plantas. Al contrario, si hay exceso de lluvias, originan inundaciones repentinas, pudriendo raíces e igualmente provocando la muerte de cultivos. Se ha demostrado que el calor y temperaturas extremos causan estrés hídrico a los sembradíos y producen merma en la producción. Además, el clima irregular, contribuye a la aparición de plagas y enfermedades como hongos e insectos.

El “súper El Niño” o “Niño fuerte”, en este caso el travieso, sin pensar que le estamos endilgando otro nombre, pero es el fenómeno, a secas, por esas paradojas del destino y grandes transformaciones del planeta, muchos agricultores en el Arco Seco imploran y ruegan, solicitando la bendición de un “chaparrón”, para sus cultivos o animales, si no tienen riego, ausencia de fuentes de agua o abrevaderos están secos. Por el contrario, en tierras altas los productores, acusan excelentes condiciones de lluvia, entornos atmosféricos óptimos y una producción de alto rendimiento, pero saturando el mercado y los precios se deprimen.

En ambos casos, existen perdidas y déficits (sequía prolongada en el primer caso y características climáticas favorables en el segundo). A final de cuentas, el productor sale afectado, pues conocemos que es una actividad arriesgada, con incertidumbre constante, con la que se camina en el filo de la navaja y el peligro inminente de un secuestro por una garantía prendaria, un préstamo bancario, casa comercial, o distribuidora de insumos.

Específicamente, en el campo de la ganadería su impacto podría ser la ausencia de pastos y forraje, reduciendo el alimento natural para el ganado y otros animales, ocasionando disminución de la producción, peso del ganado y cantidad de leche ordeñada, propenso a enfermedades

El Niño también afecta actividades pesqueras. El calentamiento del océano hace que los peces se movilicen hacia aguas distantes, lo cual encarecerá costos del desplazamiento y combustible, convirtiéndola más onerosa y reduciendo rentabilidad.

Observamos los estragos que puede ocurrir en el sector agropecuario y en el mar. Asimismo se reflejaría en la esfera económica con aumento de costos de producción, insumos, fletes, combustibles, precios bajos ante excesiva oferta, poca demanda, saturación de mercados, escasez de productos o demanda, precios altos.

En fin, “es la economía... est”, como alguien manifestara, se anunciaron medidas de mitigación y adaptación, para el sector agropecuario: mesas técnicas agroclimáticas, riego eficiente, (por goteo), no desperdiciar agua, construcción de nuevas obras, cosecha de agua, reservorios, perforación de pozos, aplicación adecuada de fertilizantes orgánicos y mejorar la estructura del suelo, ensilaje, forraje. En la salud humana, constantemente se está orientando a la población. El Niño travieso permanecerá con sus inquietas alteraciones ambientales, comprobadas científicamente.

* El autor es ingeniero agrónomo
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