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Agrega La Estrella en Google ↗️El pasado viernes, se realizó la toma de posesión de un nuevo gobierno en la hermana República de Colombia. Fue una ceremonia que se caracterizó por el cambio de muchas de las tradiciones con las cuales tradicionalmente se llevan estas ceremonias cada cuatro años. Una de ellas fue que no se llevó a cabo en Bogotá, sino en la Sultana del Valle, como se le conoce a la bella ciudad de Cali.
Es que, desde mi balcón, no fue un antojo cualquiera, pues los grupos que lo adversaron durante las elecciones habían anunciado manifestaciones y disturbios precisamente en esta ciudad. Este movimiento pudiera considerarse una jugada magistral del presidente De La Espriella, pues neutralizó, por adelantado, lo que hubiera podido convertirse en una muestra de fuerza del grupo perdedor.
Miles de policías y miembros de las fuerzas armadas se tomaron todo el territorio, en una evidente demostración de fuerza, de lo que pudiera ser un anuncio del camino por el cual se conducirá el nuevo gobierno.
Lo interesante es que el nuevo gobernante, que ganó por un muy estrecho margen menor al 2% de los votos, invocó a la confianza de la mayoría, que anhela desesperadamente vivir con seguridad y no con el nivel de incertidumbre que se percibía anteriormente.
El nuevo presidente parece dispuesto a proyectarse como uno disruptivo. Así ha comentado que establecerá una capital alterna en la ciudad de Barranquilla, la ciudad más desarrollada de la región de la Costa, área donde se crió y donde establecería su despacho. Igualmente, Cali fue confirmada, junto con Barranquilla y Medellín, como una de las ciudades que albergará despachos oficiales del alto gobierno de forma permanente. Esto implicaría una descentralización física del nuevo gobierno, que impondría un nuevo reto, pues es conocido que tanto el congreso, así como las altas cortes operan desde Bogotá. Entre los mensajes más importantes que compartió el mandatario, está el anuncio de que no tiene previsto realizar una nueva constituyente para reformar la actual constitución que data del año 1991. Esto significaría que les da garantías a los inversionistas de tranquilidad, que por regla general se afecta cada vez que un país entra a un proceso de reformas. Hizo un énfasis muy interesante sobre la inversión en el tema de hidrocarburos, su explotación y comercialización, la cual se había visto reducida considerablemente.
El tema social tomó un espacio preponderante en el discurso del nuevo mandatario, consciente de que este tema podría convertirse en su talón de Aquiles, pues fue insignia de la campaña de su rival en la segunda vuelta, considerado de izquierda y por ende que habla en ese idioma del cual gustan las clases sociales más necesitadas. Una acción que, si bien es cierto no lo mencionó en su discurso fue que, ordenó el traslado a diferentes cárceles de prisioneros de alta peligrosidad, principalmente a los vinculados al narcotráfico y pandillerismo.
El mensaje a los cárteles, pandillas y grupos fuera de la ley fue duro y directo. El los había invitado a entregarse, con la amenaza que, de no hacerlo les caería todo el peso de la ley. Veo poco probable que esto suceda, pues creo que mientras haya consumo, habrá producción. Considero que el enfoque debería orientarse hacia la trazabilidad del dinero que este “negocio” criminal produce; aunque, sin el apoyo decidido de los países “consumidores” de perseguir a las instituciones bancarias que reciben y “procesan” estos fondos, se hace casi imposible hacerlo.
El nuevo presidente inicia un largo camino. Tiene la suerte de estar acompañado, como vicepresidente, por un hombre inteligente, recto e íntegro, que goza de la confianza de la gran mayoría de los colombianos, incluidos quienes no votaron por esa nómina. La nota discordante podría decirse que fue ese saludo militar, muy efectivo en la campaña política, pero fuera de lugar cuando un civil, que ni siquiera prestó servicio militar obligatorio, pasa revista a las fuerzas armadas. Debe sentirse orgulloso de ser un civil y de gobernar como el primer ciudadano. Igualmente, que no abuse de las invocaciones religiosas que el pasado viernes se excedieron. Al igual que muchos que amamos a esa bella nación vecina, anhelamos lo mejor para los colombianos y esperamos que el nuevo presidente transite por el camino de la democracia plena, respetando a quienes lo adversan y castigando con mano dura a quienes no buscan lo mejor para Colombia.