• 05/05/2010 02:00

Ojalá no haya petróleo

El anuncio parecía revelar una confidencia: Hay petróleo en Darién. Algunos lo recibieron jubilosos y esperanzados; otros, cínicos y sus...

El anuncio parecía revelar una confidencia: Hay petróleo en Darién. Algunos lo recibieron jubilosos y esperanzados; otros, cínicos y suspicaces; otros, preocupados. No es la primera vez que algo así se anuncia; la historia reciente recuerda concesiones para exploraciones otorgadas anteriormente y, en especial, recordamos a un explorador que siempre mantuvo viva su convicción de que había oro negro en el subsuelo panameño. Nunca se ha hallado yacimiento alguno y ahora hay quienes restan crédito a las “evidencias” que parecen justificar la sospecha de que hay petróleo y de que puede ser explotado exitosamente.

Me encuentro entre quienes muestran preocupación. No echo de lado el reconocer que ese descubrimiento traería beneficios materiales que llenarían las arcas del gobierno con ingresos potencialmente mayores que los que hoy nos reporta el Canal; pero, de otro lado, hay claros peligros que asomarían en el horizonte y no tenemos seguridad de que podamos manejarlos con propiedad.

Uno de ellos es el deterioro del ambiente. El Tapón del Darién, esa joya que guarda tanta riqueza forestal y que constituye una barrera protectora de seguridad, sería ultrajado desde la primera etapa de exploración; el precio del “ progreso ” sería aún mayor al iniciarse la explotación cuando se instalara y operara el equipo para hacer producir los pozos petroleros y luego hacer llegar el líquido a los medios de transporte o refinamiento. Peor aún: el riesgo de derrames que causen devastación y daños irrecuperables es un peligro que siempre estará presente, como lo comprueba la enorme mancha de crudo que hoy amenaza manglares, refugios de vida salvaje, playas, criaderos de peces e industria pesquera desde las costas del estado de Louisiana al estado de Florida, causada por el derrame en un pozo averiado en el fondo marino del Golfo de México. Es de recordar también aquel derrame de millones de galones de petróleo, hace más de veinte años, causado por la colisión del petrolero Exxon Valdez contra un arrecife de coral que ocasionó tanto daño a la industria pesquera, a la fauna marina y al turismo en Alaska. Dios quiera que nunca suceda algo semejante en Darién.

Otro peligro es la condición de “ nuevos ricos ” que podría embriagar a los gobiernos, tentando el derroche de esos fondos en proyectos superfluos y dejando de lado su adecuada redistribución a los más necesitados. Asumiendo que la explotación resultara comercialmente viable, siempre estará presente la inclinación hacia depender excesivamente de esos fondos y la tentación de malgastarlos por ser obtenidos sin mayor esfuerzo. Venezuela financia 50% de su presupuesto con ingresos petroleros, pero cada vez que el precio fluctúa en el mercado mundial —por causas a menudo incontrolables localmente— se afectan proyectos de inversiones públicas por depender de una débil tributación interna. Muchos países petroleros tampoco han resuelto el problema de pobreza de su gente y no sería juicioso ponernos en situación de tanta vulnerabilidad, sujetos a precios externos que fluctúan y ponen en entredicho los proyectos gubernamentales.

Ojalá no haya petróleo. Aunque pasar de exploración a explotación requiere mucho tiempo, debemos mantenernos alerta para que esta aventura no nos obnubile llegando a resultar más dañina que provechosa. Los peligros y riesgos parecen mayores que los beneficios dudosos y equívocos, aún cuando pudiese ser explotado a nivel comercial. No creo que estemos preparados todavía.

*Ex diputada de la República.mireyalasso@yahoo.com

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