• 17/02/2012 01:00

Héroes sin nombre

La lucha contra la delincuencia tiene sabores agridulces. Mientras la Unidad de Control de Multitudes tuvo que desalojar a miles de ind...

La lucha contra la delincuencia tiene sabores agridulces. Mientras la Unidad de Control de Multitudes tuvo que desalojar a miles de indígenas de la carretera Interamericana entre las provincias de Veraguas y Chiriquí, en diversos poblados agentes de la ley caen enfrentando al crimen común.

Un policía fue apuñalado tras impedir un asalto, dos resultaron heridos al evitar el robo en una gasolinera y un teniente de la policía, Manuel Abrego, fue herido de muerte en la comunidad de San José, en el distrito de San Francisco en la provincia de Veraguas.

Todos los días, miles de policías (de ambos sexos) exponen su seguridad personal para garantizar la vida, honra y bienes de panameños y extranjeros.

Son mucho más las historias de valentía que aquellas que se podrían reprochar.

Abrego, con 49 años y a un año de su jubilación en el servicio activo, se enfrentó a tiros con dos antisociales que intentaron robar en el bar Tamica. Fue gravemente herido en el brazo y el pecho y murió trayecto al hospital.

Durante la operación de recuperación de la Interamericana, un agente de la UCM perdió un dedo y otros resultaron heridos por la enormes rocas que lanzaban los indígenas furiosos por la represión policial.

La protesta social o en este caso el reclamo indígena tienen siempre una justificación, pero me pregunto si la violencia debe ser aceptada como parte de la lucha popular.

El pasado jueves en la calle Tumba Muerto en Nueva Esperanza, en la 24 de diciembre, el cabo Luciano Membache fue herido con un puñal en diversas partes del cuerpo.

Salió en defensa de un grupo de pastores mormones, víctimas en ese momento de un asalto.

A ninguno le gustan los policías que te multan por exceso de velocidad, te apliquen el ‘guarómetro’ o que te sometan a una revisión electrónica con el ‘pele police’, porque sentimos que estamos frente a un Estado policiaco.

Sin embargo, reconozco que todas las medidas acosan a la delincuencia, aunque provoquen molestias en los ciudadanos y salvan también muchas vidas.

La Fuerza Pública juega un rol en la democracia que va más allá de las ocho horas laborales, o el trabajo de oficina.

Los policías, el Servicio Nacional de Fronteras, la inteligencia judicial y policial, la policía presidencial y el servicio aeronaval son el principal frente de batalla contra la delincuencia interna y externa.

Los peligros son permanentes. El teniente Manuel Abrego son todos los policías, que día a día expon en su vida por el bienestar del resto de los ciudadanos.

*PERIODISTA.

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