• 09/03/2022 07:45

Historia y Museos

El panameño promedio parece no haberse enterado que desde la segunda mitad del siglo XX se empezó a hablar de una nueva manera de hacer historia

En el 2016, la Red de Museos y Centros de Visitantes de Panamá organizó el Primer Congreso Panameño de Educación y Museos. Representó el primer encuentro dedicado al tema de museos con exclusividad en el país, mientras internacionalmente hay congresos especializados desde los años ´50. Fue la primera vez que museos públicos y privados de todo tipo se juntaron a conversar sobre un “nosotros”, para solventar como colectivo los desfases que se tienen en comparación con muchos países hermanos.

Estos desfases también afectan a la Historia. El panameño promedio parece no haberse enterado que desde la segunda mitad del siglo XX se empezó a hablar de una nueva manera de hacer historia, donde pasaba de la “historia relato” a una “historia problema”, una actividad eminentemente científica como dijo Alfredo Castillero Calvo en 1978, “que busca información mucho más allá de los documentos, en la música, la actividad política, la jerarquía de valores, …la vida material y cotidiana”. Paralelamente, se buscó que los museos dejaran de ser “templos de sabiduría” para ser “foros de reflexión” ciudadana, como expresara en 1971 Duncan Cameron.

En ese mismo Congreso de 2016, la Red de Museos y Centros de Visitantes presentó un recuento de museos que dejó boquiabiertos a muchos, al superar el número de 50. Se continuó avanzando como colectivo, organizando un nuevo Congreso en 2018. En cuanto a la historia, la Asociación de Antropología e Historia organizó a su vez congresos nacionales, y hoy tenemos centros de investigación despegando asociados al Ministerio de Cultura y Senacyt.

Museos e Historia comparten mucho: ambos tienen por objetivo ayudarnos a saber más de nosotros mismos, y cómo llegamos a ser lo que somos. Y solo comprendiendo que somos lo que somos moldeados por nuestra historia, quizás usemos el pensamiento crítico, desarrollado en el camino, para moldear un mejor futuro en las decisiones del presente.

Los museos cuentan Historia e historias, rescatando memorias en una variedad de objetos y de temas que permiten entender quienes somos como nación. Por ejemplo, la colección de botones de tagua que reposa en el Museo de Botones nos permite conocer cómo su comercio implicó un beneficio económico y también, la sobreexplotación de los bosques de Darién al usar semillas de una especie de lenta reproducción. Esa historia puede relacionarse con historia ambiental, poblados, migraciones y economía local.

Por ende, nos alegramos al saber que había gente interesada en mejorar la situación de la Historia a través de una ley, porque pensamos que junto con ella mejorarían los museos. No fue así; de hecho, la ley fue aprobada sin entablar un diálogo con nuestro gremio. Los proponentes sostienen que invitaron a la Red, pero solo se recibió una llamada telefónica meses atrás seguida de una cancelación. Nos preguntamos a quién encargaron de enviar una nueva invitación que nunca llegó, y por qué insistieron con pasar la ley con tanta premura y sin consulta.

Hubiéramos podido conversar sobre las necesidades similares de muchos museos. Sobre la dificultad de poner la etiqueta de “museo de historia nacional” a un museo en un país que no tiene registro oficial de museos aún, ni requisitos para los museos privados. Aún más, les hubiéramos podido contar que, así como no existe el título de “historiador” en el Manual Único de Clasificación de Puestos del Estado, no existe la actividad “museo” dentro de las descritas en ninguna institución que deba darnos los permisos correspondientes de existir o, que deba dirimir si pagamos ITBMS o no. Nuestras funciones de conservación, investigación y educación tampoco están en el lenguaje estatal.

Hubiéramos podido contarles que nosotros quisiéramos tener no solo más historiadores, sino más educadores, más guías, más diseñadores, más conservadores, más gente de mercadeo y más personal de mantenimiento en todos los museos, tanto públicos como privados. Y que podíamos unirnos para pedir fondos para hacer investigaciones, quizás en sinergia con universidades o nuevos institutos, para desarrollar nuevas exhibiciones en todos los museos que lleguen a diversas audiencias.

La ley no logra solventar nada de lo anterior: sólo impone un historiador de planta en museos, públicos y privados, y otros espacios estatales asegurando puestos de trabajo permanentes. Sin embargo, poco logrará un historiador obligado en el museo si su edificio se cae a pedazos, le falta un programa educativo o público, carece de fondos para entrenar al personal, o su colección se deteriora por no contar con insumos y profesionales apropiados.

Reiteramos nuestro propósito de trabajar en conjunto en una nueva ley consensuada, que permita dignificar tanto a los museos como a la Historia y colocarlos en el sitial que ambos se merecen. 

1. Castillero Calvo, Alfredo. (1978). "El perfeccionamiento de la nacionalidad, el nuevo hombre panameño y la nueva Historia. Revista Lotería 272- 273, Panamá, 1978, p. 26

2. Duncan F. Cameron. (1972). The museum, a Temple or the Forum. The Journal of World History special number, “Museums, Society, Knowledge” pag 11-24

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