• 01/04/2010 02:00

El viejo sueño de Mandela (I)

“Forma parte ya de la realidad sudafricana. Tanto como lo es en Occidente, donde los modelos se hacen a través de la televisión, la radi...

“Forma parte ya de la realidad sudafricana. Tanto como lo es en Occidente, donde los modelos se hacen a través de la televisión, la radio y los periódicos. El que conduce el mejor coche o el que luce las ropas más vistosas es el más venerado por la juventud actual”, asegura Prince Mashele, director del Centro de Investigación Política de Sudáfrica.

Nelson Mandela, la personalidad más sobresaliente del país y auténtico modelo a seguir, para muchos ya no sirve como referente. La escala de valores ha cambiado y los políticos también. Madiba, como es conocido entre sus paisanos, dedicó la mayor parte de sus 91 años a la lucha contra el apartheid. De ellos 27 los vivió encarcelado por el gobierno en la prisión de Robben Island. Hoy, es un símbolo de la libertad y de la defensa de los derechos humanos. Pero, el camino recto trazado por el prisionero número 466/64 no ha tenido continuidad en sus “ herederos ” políticos, absorbidos por excesos que conducen únicamente a la corrupción. El sueño de Mandela se ha transformado en un enorme laberinto de senderos que se bifurcan.

El lujo, las fiestas, los coches de carreras y la ostentación ridícula de los bienes materiales han eclipsado con su brillo a los valores de lucha y esfuerzo que encarna la figura del que fue el primer presidente electo democráticamente en el país africano.

Jacob Zuma, actual jefe de gobierno y líder del Congreso Nacional Africano (ACN, en sus siglas inglesas), encabeza la lista de una nueva clase política que ha olvidado la historia y la grandeza de sus predecesores. Su único interés es engordar sus arcas privadas sin importarle el bienestar del pueblo sudafricano, uno de los más desiguales del mundo, en el que ser blanco todavía supone ganar seis veces más y en el que una gran parte de la sociedad construye su hogar con chapa y cartón. Zuma, la manutención de sus veinte hijos reconocidos y de sus cuatro mujeres le cuesta al Estado la escandalosa cifra de dos millones de dólares al año. Mientras a las puertas de palacio, el 48% de la población malvive con 32 euros al mes.

Sigue mañana..

*Periodista.ccs@solidarios.org.es

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