• 28/10/2026 00:00

La educación y las oportunidades que no pueden esperar

Hay decisiones que, cuando se retrasan, dejan de ser simples asuntos administrativos para convertirse en oportunidades perdidas. Cuando hablamos de educación, esas oportunidades tienen nombres, rostros, aspiraciones y estudiantes que esperan respuestas, que se están preparando para su futuro y que de alguna forma tienen fe de las herramientas que les brinda nuestro sistema educativo.

La tragedia del terremoto del pasado 9 de octubre nos ha dejado una realidad incuestionable. Más de 80 centros educativos están afectados, algunos con daños de consideración, y de acuerdo con las cifras conocidas, más de 3,000 estudiantes están siendo afectados.

Frente a esta realidad, hay una reflexión que me siento obligada a realizar, ¿qué pasaría si los estudiantes de todo Panamá contaran con laptops en estos momentos?

La verdadera discusión en cuanto a las computadoras portátiles es qué oportunidades representan para nuestros estudiantes y cómo pueden convertirse en una respuesta concreta ante las dificultades que hoy enfrenta el sistema educativo.

MEDUCA informó sobre la entrega de 28,585 equipos, mientras todavía 25,415 computadoras están pendientes para completar la cifra prevista. Estamos hablando de una inversión importante y de una iniciativa que, además de la adquisición de los equipos, contempla capacitación para docentes y estudiantes.

Pero hay un elemento que no podemos dejar de lado.

En agosto, el MEDUCA, planteaba la adquisición de más de 50,000 computadoras portátiles, acompañada de un proceso de preparación tecnológica para docentes. Si aquella iniciativa se hubiese concretado oportunamente, posiblemente hoy tendríamos una realidad distinta. Miles de estudiantes afectados por los daños ocasionados a sus escuelas podrían contar con herramientas para mantener la continuidad de sus aprendizajes, independientemente de las dificultades que enfrentan sus centros educativos.

No podemos afirmar que una computadora sustituye una escuela, no lo hace. Tampoco reemplaza a un maestro, un salón de clases, ni las condiciones necesarias para garantizar una educación digna. Pero sí puede representar una alternativa cuando las circunstancias impiden que la educación se desarrolle de manera presencial.

Por eso cuesta entender que, teniendo una inversión en marcha, una infraestructura tecnológica que se busca desarrollar y una necesidad tan evidente, no seamos capaces de acelerar los procesos y aprovechar estas herramientas precisamente cuando más se necesitan.

La pregunta no debería ser quién tiene la razón en una discusión administrativa que se ha politizado. La pregunta debería ser cuántos días más pueden esperar esos estudiantes y cuántas oportunidades están dejando pasar.

La tecnología en la educación no puede seguir siendo vista como un accesorio o una promesa. Es una herramienta para reducir brechas y ampliar oportunidades en un mundo que no espera.

Hoy tenemos una circunstancia lamentable, producto de un fenómeno natural que nadie podía controlar. Pero sí podemos decidir cómo respondemos ante ella. Podemos convertir las herramientas disponibles en soluciones, acelerar lo que está pendiente y entender que la educación de miles de estudiantes no puede quedar atrapada en los tiempos de la burocracia.

Debemos entender que, cuando se trata de educación, llegar tarde tiene un costo. Ese costo no lo pagan quienes discuten y toman las decisiones, lo pagan los estudiantes que esperan en sus comunidades, que quieren aprender y que quieren prepararse.

Porque el futuro de Panamá no puede quedar suspendido mientras nosotros seguimos discutiendo lo que debimos haber hecho.

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