Muchos periodistas han abrazado el ejercicio de la literatura por las capacidades que surgen en el oficio de escribir cotidianamente y tratar de informar, motivar o ilustrar a la población. Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez, Albert Camus, Emile Zola, Emilia Pardo Bazán, Mariano José de Larra, Vicente Leñero, Juan Villoro, son nombres que saltan a la mente. Pero también a escala local, Gaspar Octavio Hernández, Joaquín Beleño y Gil Blas Tejeira, entre otros.

Precisamente en esta condición y siguiendo el enfoque social de Tejeira, Griselda López se dedicó a estudiar la carrera periodística y luego empezó a escribir sus primeros textos literarios. Dedicó un análisis a su maestro y dijo de él, que: “...se aseguró de deshacer entuertos... y cimentar el sentimiento nacionalista de los panameños...”. Desde sus cuentos iniciales, se percibe esa influencia de Tejeira en temas rurales y profundamente humanos.

Esta periodista se sintió atraída hacia este modelo de estructura y basada en autores como Tejeira en lo nacional o Juan Rulfo en la escala internacional, ella encontró una veta argumental para dar a sus historias un espacio en la literatura.

Aunque se desempeñó como periodista en diarios como La hora y Crítica, su formación le dio una cualidad de dirigir proyectos y asumió la tarea de iniciar la experiencia de la televisión en la Universidad de Panamá, que contaba con un pequeño estudio en la Facultad de Odontología, en un espacio que en algún momento había sido una especie de morgue. Allí organizó un equipo humano para iniciar las transmisiones, que más tarde daría concreción al Canal 11.

La obra de esta insigne escritora se inspiró además en compañeros de una generación poética, la que debió interpretar los pulsos de la posmodernidad en un país pequeño y que vivía una acalorada etapa del nacionalismo por la situación de la presencia del Gobierno de Estados Unidos de América en la administración del Canal de Panamá.

El género cuento le permitió una mayor expresión, fundamentalmente a través de los títulos: Piel adentro (1986), Sueño recurrente (1989), Las capas del tiempo (2017), Ultrasonidos (2021). Además, hay que destacar otros trabajos, de ensayos, sobre la situación nacional y el papel de las mujeres; así encontramos: Gil Blas Tejeira, el Caballero Esplandián y Género, comunicación y periodismo.

Piel adentro, el primer libro parece haber marcado su sello narrativo: contiene temas que ocupan el interés y las preocupaciones de la autora; entre ellos no solo la migración hacia la ciudad, sino también la esperanza por volver. López también alude al significado de la vivienda y la importancia que tiene para la población rural.

En su segundo libro Sueño recurrente trata de la presencia de los estadounidenses y el acceso a la comunidad de Veracruz, que obligaba a pasar por una base aérea y los vínculos de la población y determinados individuos en ese sector. Son temas políticos y la inclusión de determinados personajes que están influenciados por estas razones de la lucha contra el colonialismo.

Las capas del tiempo es el libro más extenso. Tiene varias partes; la primera, con 19 cuentos; la segunda, con 12. Y en la tercera, los dos primeros libros. Quizás es su trabajo más diverso como obra. Ultrasonido es un texto muy personal desde varios puntos de vista. Se divide en dos grandes áreas: en la primera, relatos surgidos de la experiencia migratoria en varios contextos y desde diversas ópticas.

La segunda parte, una vivencia intimista y en primera persona sobre el escenario de un tratamiento en el Instituto Oncológico Nacional. Recuerdo cuando comentó que iniciaría unos exámenes en ese centro hospitalario. Allí estuvo varias veces para atenderse, hasta que se le complicó la salud y pronto ya no la vimos más, pues se encerró en su residencia.

La mirada de Griselda, sus quehaceres periodístico y literario de toda la vida, le brindan las herramientas para abordar, transitar, desenvolverse en ambos microcosmos y salir con una narrativa en que no se pierde tiempo. Su obra es un modelo en el que deben mirarse las actuales generaciones; sobre todo por sus convicciones y compromiso. Su defunción la hace eterna.

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