• 19/06/2024 00:00

Las altas capacidades y el síndrome de disincronía

La psicología es categórica al sostener que no existe una configuración de carácter o de personalidad estándar que perfile a las personas superdotadas o de altas capacidades.

Lo puntual de ese colectivo, es que poseen una capacidad sorprendente para comprender cuanto material intelectual, simbólico o específico tengan acceso de forma profunda sin aparente previa mediación escolar formal o informal. Su enorme curiosidad por aprender y la creatividad con que generan nuevas y atípicas ideas desde temprana edad, los distingue del niño “estimulado en casa” de alto rendimiento escolar o del “listo” de la clase o del barrio.

Su demanda de conocimiento, información y validación de estos es interna y por lo regular no forman parte del curriculum escolar que corre paralelo a su edad cronológica. Otro puntual indicador en la que coinciden las investigaciones es que pueden presentar un factor de riesgo (no todos) conocido como disincronia o desarrollo heterogéneo. Jean Charles Terrassier (1990) distingue dos clases: La primera interna la refiere como “un desequilibrio en las capacidades del niño producido por una diferencia en el desarrollo del sujeto y que afecta tanto a su propia dimensión interna como a las relaciones con el entorno”. Por decirlo de manera sencilla: Tienen cuatro edades; una que corresponde a su edad cronológica o “fecha de fábrica” y otra a su edad mental que suele ser de dos, tres y hasta cinco años superior a la anterior. En la edad emocional/afectiva se ubican muy por detrás de la cronológica (niño de ocho años con pataletas de una criatura de cuatro años). Los atrasos en la psicomotricidad fina y gruesa parecen no ajustarse nunca, porque el plano psicomotor y gráfico tiene muchas dificultades en ajustarse a su nivel o plano intelectual. Muchos no quieren escribir porque no hay mano que siga la velocidad de sus pensamientos e ideas. Terrassier (1994) nos indica que la disincronia social o externa “resulta del desfasaje entre la norma interna del desarrollo del niño precoz y la norma social adecuada a la mayor parte de los niños”. Básicamente esta puede darse entre el niño y la escuela, familia y entre sus compañeros. La primera impone un ritmo homogéneo en el aprendizaje de estos niños que terminan no soportando el curriculum obligatorio y van por su cuenta a costos personales, escolares y hasta existenciales. La familia cuando no acepta o afronta adecuadamente el talento excepcional no puede dar las respuestas pertinentes y efectivas que corresponden. El niño conoce de galaxias, fórmulas, saberes e historias y de los héroes del conocimiento humano y la familia vive por el día a día, y más pendientes por la economía doméstica que por la educación de su hijo. Ignora o reprime o se preocupa en exceso porque su “cerebrito” no tenga amigos o futuro esposo según corresponda. Por supuesto que hay sus excepciones, pero por lo regular si el niño tiene notas de alto rendimiento escolar, las altas capacidades o superdotación no son visibilizadas y/o apoyadas.

La mayoría de los niños y niñas de Altas Capacidades y sobre todo los superdotados(as) no se aíslan por capricho. Sus temáticas de interés no son atractivas para sus compañeros de igual edad. Con facilidad pueden interactuar con adultos o niños mayores en debates y temas complejos. Les aburren las explicaciones simples y lo trillado de la vida diaria. Esto representa que sean etiquetados, discriminados, objeto de burlas y acosados por “raros y extraños”. Las niñas tienen el valor agregado de intercambiar aceptación social (entre sus amigas) a cambio de anular su inteligencia brillante aun a costa de parecer tontas (calladita te ves más bonita). La disincronia social pasa factura en la medida que el niño o la niña continua su proceso madurativo, en problemas de adaptación social, ansiedad, depresión y perfeccionismo, baja autoestima y diversos problemas de conducta. Un niño con altas capacidades no es un fenómeno académico o puntuación psicométrica (Cociente Intelectual), es, ante todo, un ser humano que se convierte en persona que tiene que convivir en sociedad y aprender las reglas del juego como son. Sus tareas pendientes están en el orden de aprender estrategias de afrontamientos (sobrevivir como un extraño entre y contra la normo tipicidad), adquirir la estabilidad emocional a pesar de su disincronia interna o la social externa y ajustar su potencialidad, sus expectativas y retos en un mundo que se asusta literalmente frente a lo divergente o lo disruptivo. La tarea no es fácil ni gratis. Requiere del trabajo articulado de la escuela de una familia implicada y responsable y de la participación del niño conforme a su edad, contexto y circunstancias vitales.

El autor es psicólogo
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