• 10/06/2026 00:00

Las enseñanzas del fútbol

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La fecha de inicio del mundial de fútbol 2026 está próxima y la fiebre se ha esparcido por el planeta; no solo entre deportistas, sino en todos los rincones con la población global que está al tanto de cada detalle de este clima que se ha convertido en una masiva fiesta. No existe sector donde el nombre de selecciones favoritas no sea defendido con ardor y convicción sobre sus capacidades y destreza en el manejo del balón.

Este entusiasmo frenético también se ha esparcido en el ámbito escolar, donde los estudiantes mencionan nombres y figuras de las que se espera un desempeño excepcional. Para constatar el nivel de adhesión, hay que apreciar el grado de fanatismo que se ha logrado con un álbum que recoge fotos de los jugadores, emblemas, escudos e información para satisfacer el entusiasmo de la clientela que busca llenar los libros con las figuritas respectivas.

Ni la mención de personajes en los cursos de literatura, ni el nombre de lugares o accidentes geográficos se logran aprender en las clases y menos aspectos más complejos como las operaciones en álgebra o procesos de química y física en el aula. Sin embargo, los tanteos de cálculo de probabilidades, aplicación de ejercicios matemáticos, la mención de países de los que ni siquiera se sabe la ubicación, es obligante para seguir los encuentros futbolísticos.

Paralelamente a estas enseñanzas que podría dejar una fiesta que durará tan solo algunas semanas, existe una preocupante situación que, precisamente debe interesar a unos 950,521 estudiantes que se han matriculado este año en el sistema escolar panameño. Con toda probabilidad los 10,288 jóvenes que desertaron porque no fueron inscritos en este período lectivo están ahora al tanto en sus celulares del inicio de los partidos.

Un importante contingente de educadores que alcanza a 52,757 unidades asiste con regularidad a las clases a impartir la gestión de enseñanza-aprendizaje y no logra un nivel de aprovechamiento con índices satisfactorios. Por esa razón, se estima que un 79% de los estudiantes no logra comprender textos básicos, un déficit que impacta fuertemente al país. Ellos no identifican las obras de autores importantes, pero sí pueden pronunciar los apellidos de jugadores que intervendrán en los partidos que están por empezar.

El análisis prolijo del desempeño escolar expone, según cifras de UNICEF, que seis de cada diez estudiantes de tercer grado no logran habilidades mínimas de lectura; cifra que alcanza nueve de cada diez en las regiones indígenas. Otro dato preocupante, es que ocho de cada quince estudiante de 15 años no llegan a tener una competencia mínima en matemáticas y seis de cada diez, no tienen un normal desenvolvimiento en la lectura.

Pese a este cuadro, se ve a niños y adolescentes andar con sus libros de figuritas del mundial bajo el brazo para buscar la forma de completar con “Carrasquilla”, “Mosquera” o “Ronaldo” y lograr hacer las sumas y restas para calcular las estampas requeridas para completar el álbum. De igual manera, se presiona a los padres de familia para que adquieran los aparatos de televisión en las múltiples ofertas que existen para ver los encuentros próximos.

Evidentemente, que esta atmósfera de impacto deportivo que envuelve a la población internacional, puede ser una oportunidad para sacar provecho y fortalecer ciertos espacios oscuros como, por ejemplo, fortalecer la comprensión lectora e impulsar los estudios de literatura e historia. De igual manera, podría suceder con el acceso a las herramientas tecnológicas para utilizar en tareas como el internet en la investigación en el aula.

¿Qué quedará en el conocimiento cuando terminen las fechas del festín futbolero que llenará los espacios informativos y de diversión en los dos meses próximos? Una planificada estrategia didáctica podría aprovechar el intenso flujo de información y curiosidades que han de circular y extraer datos, procesos y técnicas en beneficio de la experiencia educativa nacional.

Definitivamente, que habrá muchas ganancias en estos torneos, pero no se puede esperar que la educación panameña siga con los indicadores actuales. El panorama pinta no muy halagador y los retos que debe enfrentar el país requieren de una formación más fortalecida y trascendente.

* El autor es periodista y docente
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