• 03/09/2008 02:00

Burla a la Ley de la Policía Nacional

Luego de ardua e insolente presión el señor Mirones abandonó la Policía Nacional. Éste ya había adelantado una serie de medidas: unas po...

Luego de ardua e insolente presión el señor Mirones abandonó la Policía Nacional. Éste ya había adelantado una serie de medidas: unas positivas y otras que no se ajustan al espíritu policial. Por ejemplo: uso excesivo de teñidas de combate, botas militares, el abandono de la placa policial visible al uniforme, amén del uso permanente de boinas al estilo de las gendarmerías coloniales inglesas del siglo XIX y una aparente sobre protección a las unidades involucradas en el uso del arma de fuego.

Mirones no ha sido el único civil que ha regentado a la Policía Nacional. Han sido varios y todos la han conducido al sitial que hoy ocupa, luego de que el anterior cuerpo híbrido llamado primero Guardia Nacional y luego Fuerzas de Defensa colapsara por la ineptitud y vocación política de sus denominados comandantes en jefes, los cuales llevaron al cuerpo policial, supeditado a una disciplina institucional estrictamente militar, al desastre con un enfrentamiento masivo al 50% de la población, que pedía horca y cuchillo para los comandantes policiales (¿militares?). Entonces, no es cierto que los uniformados dirigen mejor la institución que los civiles, pues ellos la llevaron a la bancarrota.

Luego de resistir más de tres meses una especie de extralimitación de funciones Mirones dimite, no sin antes afirmar claramente, tal como establece la Constitución, que el presidente de la República es el jefe de todos los servicios policiales. Al salir Mirones se consolidan los días negros que hoy se viven. Aquí al que verdaderamente se le ha hecho daño es a la Policía y a su vocación institucional lógica conducente a que un uniformado salido de sus filas llegue a la máxima dirección institucional, porque el nombramiento del actual director se hace de forma interina. Si el presidente quería nombrar a un uniformado debió ir a la Asamblea y modificar la Ley de la Policía.

Y no es que el comisionado Ruiz y otros uniformados no tengan capacidad para dirigir la institución, es que en el Estado de Derecho, primero es el “derecho” y después el de “hecho”. Lo que realmente se hizo no fue violar la ley, sino burlarse de la misma. El solo nombramiento de este interino interpone otra confrontación potencial con la sociedad civil y política; interpone a la Policía en un debate y unas sospechas que no le deberían ser propias y se es injusto con la joven oficialidad con plena capacidad para dirigir la institución, incluyendo al interino.

Los que ayer utilizaron a la Guardia Nacional para avasallar a los civiles y asesinar a los propios miembros de la Guardia Nacional, no tienen la catadura ética para recomponer la Policía Nacional. Salvemos la Policía Nacional; los que ayer destruyeron a las Fuerzas de Defensa no tienen nada que enseñar a la Policía Nacional.

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