• 23/07/2026 00:00

Los algoritmos y la IA en tiempos de la agricultura

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No es una burda copia, ni una alteración del título de un artículo, o su contenido guarda relación con el presente, quizás una analogía aproximativa comparativa entre ambos. Son temas disimiles, pero en su desarrollo existen particularidades intrínsecas y extrínsecas. Intentaré sumergirme en las profundidades del océano misterioso de entelequias de la filosofía, para ir ascendiendo a la superficie del conocimiento más profano de un irreverente aficionado o inquieto curioso por las cosas del alma, espíritu y la materia.

Tengo que confesar (confieso que he vivido, como dijera Neruda) la impostergable obligación de leer en varias ocasiones el artículo “Lo Humano en Tiempos Algorítmicos” de Toribio Pineda Camargo, publicado en La Decana Estrella de Panamá el sábado 18 julio 2026, donde vierte insondables conceptos en forma ontológica sobre la existencia humana, discernimiento, moral y mente racional. Comprender primero y asumir la praxis. Excelente pieza. Por allí hay otros de igual o mayor intensidad. Me declaro neófito sobre estos aspectos.

Fue necesario sufrir las heridas cuerpo y la psique —en forma figurada— para ir comprendiendo las abstracciones que hace gala el autor, desde Kant a Nietzsche y revisar otras anotaciones sobre los dioses griegos Apolo (la razón y el orden e individualidad) y Dionisio (el caos, la emoción y el ego).

De ninguna manera podemos sustraernos, en otro orden de cosas, realidades geopolíticas mundiales en el planeta y ejes hegemónicos de poder, donde existe una lucha permanente y constante por el dominio y supremacía, de la innovación, conocimiento y tecnología. Hay una relación y vínculo estrecho entre la mayoría de los asuntos mencionados con antelación.

Todo lo anterior, rápidamente masticado y digerido, hasta donde era posible, obliga a ir ascendiendo de esas brumas oscuras o descendiendo de ideas platónicas del espacio sideral, para ir complementando nuestros pensamientos, tratar de comprender el “entorno hiperconectado digitalizado” que tiene que ver con nuestra agricultura.

Para ello acudimos nuevamente, con el animo de ampliar los espacios de entendimiento, a una noticia aparecida en el diario El País de España, titulada: “Kimi K3, la IA china que ha puesto en guardia a Silicon Valley” de Manuel G. Pascual, en donde ya se vislumbra el combate interminable, permanente, constante por estar a la vanguardia de esta tecnología

Es una carrera frenética por avanzar y liderar la industria de la inteligencia artificial (IA) y que implicaciones pueda tener en el presente actual para el planeta. Parece que lo sitúan por delante de Claude Fable 5, el más potente de Anthropic o de GPT5.6, el mejor de ChatGPT.

Si nos retrotraemos a la mayoría de lo expresado anteriormente, observamos en la apoteosis triunfante del “hierro y la información procesable”, todavía hay márgenes de maniobra para no convertirnos en maquinas frías, saturada de megas y bytes, en donde el teclado u orden del comando desnaturalice la real esencia de lo humano y terrenal.

Para el caso concreto y especifico de nuestra actividad agropecuaria, la humanidad dio un salto cualitativo, desde el arado arrastrado por bueyes, hasta el tractor con cabina de aire acondicionado, la trilla, segadora a una moderna cosechadora para grandes extensiones de superficie. Fue la revolución industrial.

Entonces, a pesar del incuestionable progreso, la supuesta modernidad sigue empeñada a la racionalidad tecnocientífica, cada día dependemos y estamos sujeta a la mente fría del metal y los botones de un ordenador. Casi toda la estructura esquemática mental está en función y concordancia con las maquinas. Por allí anda la parafernalia de los drones, chips, microprocesadores, software, hardware, ciberseguridad, entre algunos de los dogmas (son muchos) de la religión tecnológica del siglo 21.

Para el caso del sector agropecuario, producción de alimentos, se están empleando plataformas, agricultura de precisión y lo que ello implica dispositivos físicos y una variedad de otras herramientas digitales, robots impulsando cosechas, satélites equipados con cámaras multiespectrales sirven identificar cultivos, plagas, grados de humedad o estrés hídrico del suelo, sensores para medir en tiempo real la humedad, temperatura, radiación solar y nutrientes, además visión por computadoras dirigidos diagnosticar enfermedades, deficiencias nutricionales, con solo seleccionar una fotografía desde su dispositivo móvil.

Estos son algunos de los tantos aparatos, en teoría, que nos hacen la vida menos dependiente del atraso, ignorancia y desconocimiento. Muchos le llaman Agrotech.

Con esos inmensos arsenales, pretenden alimentar a una población que va en aumento y la “desruralización” de los campos va siendo palpable y posiblemente exista un conflicto técnico-generacional, aparte de los comentarios filosóficos manifestados anteriormente.

En consecuencia, llegamos finalmente a los algoritmos, serie de procedimientos, reglas, mecanismos especializados diseñados con el propósito de solucionar un problema o efectuar acción determinada para obtención de un logro u objetivo específico.

Todos los instrumentos digitales tecnológicos señalados que ya se emplean en la agricultura constituyen el basamento actual en un sector agroalimentario que no puede detenerse, pero intenta armonizar la tensión existente hombre-máquina-conciencia-razón.

Regreso a intentar comprender el mundo. Ojalá el cogito ergo sum cartesiano, ni el idealismo crítico kantiano, sigan en contradicción permanente o lo apolíneo y dionisíaco sean la antítesis de la vida.

¨El autor es ingeniero agrónomo
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