• 16/11/2020 00:00

El modelo es el mismo: el equivocado

Y seguimos en lo mismo, porque no hay cambios reales. Algunos párrafos de hoy han servido de ejemplo anteriormente. Creo que estamos en un impase muy peligroso: nos estamos acostumbrando a los señalamientos de corrupción, robo, desfalcos y demás… y ya no nos asombramos.

Y seguimos en lo mismo, porque no hay cambios reales. Algunos párrafos de hoy han servido de ejemplo anteriormente. Creo que estamos en un impase muy peligroso: nos estamos acostumbrando a los señalamientos de corrupción, robo, desfalcos y demás… y ya no nos asombramos. Lo de la Asamblea Nacional con los dineros nuestros, en tiempos de pandemia, es inaudito. Nos indignamos, pero no reaccionamos con firmeza. Incorporando cada nuevo señalamiento a la vida diaria. Asumirlo como normal. Y en eso que descubrimos cada día, se pierde un poco más de lo que quedaba de confianza.

El nigeriano Tunde Jaiyebo resumió, en un artículo publicado en el Nigerian Tribune, que: “Cuando hay confianza, existe la libertad de confiar y depender de esa persona”. Este señalamiento es perfectamente aplicable a los que nos han gobernado en las últimas décadas y, ante todo, en los sistemas de Gobierno que deben sostener la confianza como uno de sus más importantes propósitos. Pero ya no hay confianza.

En los países en vías de desarrollo, aún a inicios de este nuevo siglo, la impunidad de los que delinquen, o abusan del poder para beneficio personal y de los suyos, es alarmante y desconsolador. Y lo que ha logrado es sumir a los pobladores en una indiferencia contagiosa que no deja ver el horizonte de la corrección social, si es que existe. El sistema no parece poder corregirse por sí solo y la violencia, en aras de esa corrección, no debe ser la solución. Pero, igualmente ¿hay alguien que piensa que esto va a terminar bien? Terminar bien, me refiero a que, en algún momento, de ahora a unos 50 años, podremos mirar a alguien que se mueve en los círculos de poder y los subcírculos y no dudar sobre su honestidad.

Ya sé; hay muchas personas que ni directa ni indirectamente han cometido actos de corrupción o atentado contra la cosa pública, pero no actúan o se sienten impedidos de actuar y denunciar, porque un señalado, o una mencionada, es la sobrina del compadre del hermano, por ejemplo. ¿Qué nos queda? ¿Cuándo podremos recuperar la confianza en los que nos lideran?

A como dé lugar, debemos esforzarnos por provocar las correcciones desde los pocos escenarios medianamente impolutos que quedan; la academia, por ejemplo, y desde allí, fortalecer conductas humanas que han perdido valor, han sido desvirtuadas o han cobrado significado alejado de su razón para conveniencia de los que delinquen.

La confianza y la ética de un pandillero son muy diferentes a lo que en esencia debiera ser en el contexto de garantizar una sociedad más balanceada y estable, pero existen igualmente en los círculos económicos y de poder. Entre esos, como hemos visto en los casos que han sido expuestos al escrutinio público y legal, la ética es un asunto que manejan para su beneficio de grupo social y la confianza tiene matices multieconómicos y sociales.

Si el asunto es no provocar grandes traumas nacionales en el ejercicio ineludible de trasformar el triste modelo de gobernanza y liderazgo que vivimos, es hora de convocar a ciudadanos que manifiesten evidentes conductas superiores de decencia moral y de respeto a la comunidad. Los hay, pero sienten un enorme rechazo, entendible, a la idea de tratar de involucrarse.

Jaiyebo cita a Stephen Covey, señalando que: “La confianza es el pegamento de la vida. Es el ingrediente más esencial en la comunicación efectiva. Es el principio fundamental que mantiene todas las relaciones”.

Fred Hilmer, académico australiano, abogado y hombre de negocios, señala que: “El liderazgo requiere de cinco ingredientes: cerebro, energía, determinación, confianza y ética. Los retos de hoy centran en las dos últimas: confianza y ética”. Para poder gobernar este país, limpiarlo de la miasma de la corrupción y, ante todo, darle oportunidades para un mejor futuro a los que menos tienen (que de eso se trata la oportunidad de gobernar un país), hará falta mucho cerebro, energía y determinación para desmantelar y enjuiciar a los que pertenecen a las diferentes pandillas: los de los barrios y los de las élites.

No se puede gobernar el país bajo el mismo modelo que los anteriores y eso es lo que está ocurriendo. Queda atreverse a restar a los corruptos y cambiar el modelo hacia uno de confianza y respeto a la ciudadanía.

Comunicador

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