• 02/04/2012 02:00

La doctrina Monroe y las Malvinas

El 2 de diciembre de 1823, el Presidente James Monroe de Estados Unidos, pronunció un discurso ante el congreso de su país, en el cual s...

El 2 de diciembre de 1823, el Presidente James Monroe de Estados Unidos, pronunció un discurso ante el congreso de su país, en el cual señaló que ‘los continentes americanos, en virtud de la condición libre e independiente que adquirieron y conservan, no pueden ser considerados, en el futuro, susceptibles de colonización por ninguna potencia europea’. Si al referirse a los americanos incluía a todos los habitantes del hemisferio desde Alaska hasta la Patagonia, ello demostraría la buena fe del mandatario estadounidense, pero lo cierto es que tras la estela de su discurso se produjeron dos consecuencias fundamentales que afectaron a los recién nacidos estados latinoamericanos.

La primera fue que se produjeron durante el siglo XIX e incluso en el XX, situaciones contrarias a la proclama de Monroe, ya que los europeos hicieron caso omiso de sus advertencias. En efecto, tan temprano como en 1833, los británicos, desatendiendo los principios de la doctrina Monroe y desconociendo los derechos de una ya Argentina soberana e independiente, con la que tenían buenas relaciones, ocuparon las islas Malvinas, a las que llamaron Falklands, así como de las Georgias y las Sandwich del Sur. No fueron los únicos en incursionar en la América post colonial; pues, en 1863 Francia invadió México, donde estableció un imperio dirigido por Maximiliano, quien varios años después fue destronado y fusilado en el Cerro de las Tres Campanas de Querétaro. En 1902 tropas británicas bloquearon puertos venezolanos y hundieron varios barcos con el crematístico deseo de cobrar deudas.

La segunda consistió en los apoderamientos, ocupaciones e invasiones que Estados Unidos protagonizó en muchos lugares del hemisferio, algunos motivados por la ambición estratégica de adquirir nuevos territorios, otros para decidir situaciones políticas y en la segunda mitad del siglo pasado, para luchar contra el comunismo mediante el apoyo a regímenes de fuerza.

Hace treinta años, en 1982, tropas británicas desembarcaron en Las Malvinas, con el fin de desalojar a las fuerzas argentinas que, en absurda invocación del principio de hacerse justicia por sí misma, obedecieron las órdenes de los militares entonces en el poder. A pesar de que ya había un convenio denominado Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), un país signatario de este pacto, mejor dicho, su inspirador, apoyó a la potencia europea para que pudiese recuperar la colonia ubicada en territorios arrebatados objeto de legítima reclamación argentina de soberanía. Atrás y olvidadas quedaron las palabras de Monroe y las de Jefferson cuando dijo que ‘América tiene un hemisferio para sí misma’, y que quizás pensaba ya en esa voluntad de dominio y control en que se convirtió el llamado ‘Destino manifiesto’, que semeja una invocación religiosa.

Muchas colonias lograron liberarse de sus detentadores, por no decir de sus dueños; entre éstas, las trece que en Filadelfia declararon la independencia en 1776 y que luego de lograrla cruentamente formaron los Estados Unidos de América. Les siguieron las que hoy forman las naciones latinoamericanas y ya en el siglo pasado, en el último tercio, las del Caribe. No obstante, todavía, transcurrida la primera década del siglo XXI, Inglaterra mantiene una colonia con el argumento de que son sus habitantes, descendientes de quienes ellos llevaron allí luego de la ocupación de 1833, los que deben decidir a qué país desean pertenecer.

De lo que se trata, para evitar que este conflicto continúe agravándose, es de que el Reino Unido se siente a negociar sin condiciones previas con la Argentina sobre el presente y el futuro de las Islas Malvinas. Así lo han pedido resoluciones de la ONU y de la OEA, entidad que ha reafirmado por conducto de los cancilleres de América, ‘la necesidad de que los gobiernos del Reino Unido y Argentina vuelvan a tomar las negociaciones sobre el concepto de soberanía para encontrar una solución pacífica y definitiva del conflicto’. Los países del hemisferio que fueron antiguas colonias de España, Inglaterra, Portugal y Francia, desean unánime y solidariamente que se solucione el diferendo entre Argentina y el Reino Unido de forma satisfactoria y de conformidad con la equidad, la razón y el Derecho.

EXPRESIDENTE DE LA REPÚBLICA.

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