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- 23/12/2008 01:00
Tierra de nadie
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Agrega La Estrella en Google ↗️Yo recuerdo de niño cómo podíamos entrar y salir de nuestra casa sin jamás preocuparnos de dejar las puertas cerradas. Recuerdo cómo al bajar o subirnos al carro de mi papá nunca hubo la preocupación ni de manejar con los botones de seguridad activados y menos de trancar el carro al dejarlo estacionado.
Era la época donde las casas tenían jardín, donde en lugar de cerca eran veraneras o papos los que separaban nuestras casas. La época de ventanas sin verjas ni rejas, de puertas sin una puerta de hierro antes de la puerta.
Fueron tiempos donde los niños jugábamos en las calles, donde los jóvenes y caballeros le cedíamos los asientos a las damas, donde no temíamos ni secuestros ni asaltos.
Poco a poco, las cosas fueron cambiando. Primero en la ciudad, donde aparecen rejas en las casas, murallas en las casas, perros y letreros de “perro bravo”, hasta “cerca electrificada”. Aparecen alarmas y preocupación por la frecuencia de robos, más que nada, el famosos ratero o ladrón de la noche.
Hoy, 19 años después del reinicio de nuestra democracia, producto de varios factores, pero dos en especial iniciales: la desmantelación de las Fuerzas de Defensa y desarme de nuestro cuerpo de seguridad para reemplazarlo por una policía desmoralizada y mal armada, y, por otro una población altamente armada también por varios factores, las armas de las antiguas Fuerzas de Defensa abandonadas muchas en la invasión, armas que llegaron de Nicaragua y otras guerrillas centroamericanas y armas traficadas por el ejército norteamericano en los años que salían de Panamá.
Estos dos elementos se conjugan luego para crear una nueva sociedad en el país organizada en pandillas, con el ingrediente adicional del consumo y tráfico de drogas sin control desde la salida del os militares del poder.
Los militares, en su momento, si bien permitieron el tráfico internacional según la DEA, no permitían el consumo interno de la misma ni los laboratorios en el país. En cuestión de casi 20 años, las calles de Panamá se han convertido ahora en tierra de nadie. Las famosas zonas rojas de ayer, fácilmente ubicables en un mapa de la ciudad, hoy cubren casi toda la ciudad. Es más fácil ahora dar el reducido número de cuadras “seguras”, contra una ciudad en manos de la delincuencia.
El problema real es que todos, absolutamente todos, estamos de acuerdo en el diagnóstico del problema, pero igualmente lo malo es que ya muchos creemos que es tarde para actuar, el hampa dominó el país, la delincuencia está imparable y simplemente los honestos hemos decidido reducir nuestros movimientos y dejar las calles a los delincuentes.
Hoy, son pocos los que se aventuran a salir de noche a cenar, al cine, a pasear. Cada día son menos. Las calles, parques y avenidas están llenas de asesinos en potencia, ladrones armados que esperan víctimas para secuestros Express o simplemente matarlos para robar.
Ya no son solamente los miembros de pandillas, son todos los delincuentes que han visto que es más fácil dispararle a alguien y robarle, muera o no, que intentar entrar sigiloso de noche a robar.
Solo un esfuerzo titánico de toda la sociedad con una fuerza pública capacitada y entrenada, con fiscales y jueces que castiguen sin contemplación, podría quizás devolvernos las calles.
Si no, seguirán en manos de los delincuentes, y cada día circularemos menos.
-El autor es ingeniero y analista político.mrognoni@sinfo.net