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- 08/04/2012 02:00
Obediencia
El Hombre nació para practicar el bien en un medio preciso, que al final lo corrompe. Los humanos al principio aprendemos casi todas las cosas por imitación. Podemos extraer como lo hacemos, con la facilidad del Internet estas riquezas que transmitimos con el ánimo de despertar la conciencia, frente a los excesos, a los exabruptos que como actos insólitos nos intentan devorar a diario.
La Humanidad a lo largo de su evolución se ha valido de las costumbres convertidas en hábitos, algunos a los extremos de la degradación, pero tan frecuentes, que se terminan por evangelizar en reales distintivos en las personas y naciones y se hacen notables diferencias en su evolución. Por supuesto que estamos dotados de libertad, cuyo ejercicio tenemos que defender a diario. Como todo en esta vida del Señor, también hay malas costumbres en la involución humana y éstas se reprueban, se combaten y hasta se penalizan. En el Derecho la costumbre es fuente legislativa y por ello, observamos sociedades disímiles en determinados actos aprobados, con especial en el matrimonio. Igual ocurre en el Derecho Internacional con prácticas generales e uniformadas sujetos a la ‘Opinio juris sive necessitatis’ dentro de la comunidad universal, que es algo como la convicción de que es jurídicamente obligatorio, empero no hay un equilibrio en cuanto a la adición universal de la monogamia o poligamia.
Sobre la moral que es como la costumbre proveniente de los mayores (majorum), podemos acotar que aparece como consecuencia de actos voluntarios en la conciencia o por el entendimiento entre la bondad y malicia, y que además son esas reglas o normas regidas por las conductas de un ser humano en concordancia con la sociedad y consigo mismo. Otros opinan que es el conjunto de facultades del espíritu, pero que se relaciona con las libertades. Nos dicen los sabios que al aceptar un valor lo reconocemos como principio que encabeza el de la dignidad humana, un respeto que nos merecemos exclusivamente los seres racionales. Todos sabemos lo extremos entre el bien y el mal, que no se excluye lo relativo a la moral y la ética, que algunos consideran que son sinónimos. A nosotros nos parece que la ética es cumplir con la ley, en todo el sentido de la palabra, o como la disciplina que estudia la moral que es otra cuestión que aplica la costumbre generalizada. Un inmoral viola su propia moral o la pública, por tanto su comportamiento es deleznable, el amoral en cambio carece de moral, como los taoistas, los cuales consideran la moral como algo que corrompe al ser humano.
El taoísmo concibe el Universo como un equilibrio de fuerzas entre el hombre y la naturaleza y se ocupa en destacar la íntima relación, lo que al final se traduce en Dios, si se trata de la creación y sus orígenes. Hay distintas concepciones, como el sociologismo, que se atribuyen el origen de las normas morales de la sociedad que luego se impone al sujeto. El marxismo que concibe la verdad en la historia en función del comportamiento social o la moral absoluta bajo la concepción de Kant y su imperativo categórico que elucubró el mandamiento fundamental sustentado en la razón y no en la concepción divina. Dentro del historicismo, se varían los ritmos en la historia en la sucesión de generaciones que igualmente suceden principios o el Teologismo sobre el origen divino de la moral y así podemos desgranar posturas sobre la condición humana y los enfoques sociales hasta el Relativismo Moral, con la que se niega la moral objetiva emanada de la concepción divina o por la propias leyes naturales, más bien las posturas convencionales de diferentes culturas, la evolución, creencias y las épocas.
Tenemos una apropiada observación en este sentido de la moral sobre el denominado recato, y lo que significa cubrir u ocultar lo que no quiere que se vea. Se tiene como cautela, reserva, honestidad y modestia, y suponemos que es parte de la conciencia humana, porque al resto de los animales no les preocupa exhibir sus genitales. Esta actividad de cubrir las partes pudendas, a menos que exista intimidad con otra persona, es un fenómeno practicado por el resto de la Humanidad.
Dentro de esta evolución convertimos la costumbre en reglas morales y posteriormente en ley, para lo que existe todo un engranaje con el cual tenemos que lidiar para alcanzar este peldaño, que, por supuesto, todos debemos acatar o responder en caso de trasgresión.
Cesar Quintero lo dejó claro en su libro de Derecho Constitucional que lo definió ‘como una norma dictada por una autoridad pública que a todos ordena, prohíbe o permite, y a la cual todos deben obediencia’. Max Weber se refiere a la obediencia sociológica como la principal característica de la dominación en contraste con el poder. De este modo la ley es la ley y es esta última palabra la que nos lleva al tema de la obediencia y la lealtad en conjunto. Es importante definir que en muchos casos oímos sin escuchar, pero cuando llegamos a la lealtad, cuyo origen nos lleva al respeto a la ley en el sentido moral y legal. Si de aquello en cumplir lo que exige las leyes de la fidelidad y el honor, es entonces un compromiso inalienable que se tiene con el prójimo y lo contrario es traición, especialmente al Estado, si para ello se ha jurado dentro de la solemnidad del acto ante los símbolos de la patria a la que se defiende de todo lo malo.
ABOGADO Y DOCENTE UNIVERSITARIO.