• 01/11/2026 00:00

Para tener un empleo, primero hay que tener experiencia o una palanca

Uno de los grandes desafíos que han enfrentado los gobiernos panameños desde la pandemia ha sido la generación de empleo.

Recuperar la economía, reactivar las actividades productivas y devolverle dinamismo al mercado laboral ha sido una tarea compleja. Sin embargo, hay una realidad que merece mucha más atención, la enorme dificultad que están enfrentando nuestros jóvenes para conseguir su primer empleo.

Panamá es un país de oportunidades, o al menos eso nos hemos acostumbrado a decir. Tiene una posición geográfica privilegiada, un centro financiero internacional, un Canal, puertos, actividad logística, turismo, comercio y una economía que, por sus características, debería ofrecer múltiples posibilidades de desarrollo. Pero hay una generación que comienza a preguntarse dónde están esas oportunidades y, sobre todo, por qué parece tan difícil acceder a ellas.

El problema comienza con una paradoja que se ha convertido en un círculo vicioso y que hemos señalado en columnas anteriores, para conseguir un empleo hay que tener experiencia, pero para adquirir experiencia primero hay que conseguir ese primer empleo. Los jóvenes salen de las universidades y centros de formación con expectativas, preparación y ganas de incorporarse al mundo laboral. Envían sus hojas de vida, participan en entrevistas y se encuentran con una exigencia que se repite: experiencia previa. ¿Cómo se supone que alguien que acaba de graduarse pueda demostrar experiencia si nadie le ofrece la primera oportunidad?

A esto se suma otro obstáculo que, aunque pocas veces se reconoce abiertamente, sigue presente, la necesidad de tener una palanca. Ese contacto o persona que abre una puerta que debería poder abrirse por méritos, preparación y capacidad. Ocurre en el sector público y también está ocurriendo en el privado. Cuando el acceso al empleo depende más de conocer a alguien que de demostrar lo que uno sabe hacer, estamos frente a un grave problema.

Pero hay otra consecuencia que comienza a normalizarse y que particularmente considero preocupante, jóvenes entre 18 y 25 años que terminan aceptando prácticas laborales durante meses, muchas veces sin remuneración, sin incentivos económicos y con la expectativa de que, al finalizar el período, recibirán una carta de recomendación que les ayude a conseguir el próximo trabajo. No se trata de cuestionar las prácticas profesionales. Son necesarias, permiten aprender, adquirir habilidades y acercar la formación académica a la realidad del mercado. El problema aparece cuando se convierten en una alternativa permanente al empleo remunerado, cuando el joven aporta su tiempo y su trabajo, pero la única compensación que recibe es la posibilidad de colocar una experiencia más en su hoja de vida. Estamos construyendo una realidad en la que muchos jóvenes tienen que trabajar gratis para demostrar que merecen un empleo, eso no puede convertirse en la nueva normalidad.

El gran reto del Gobierno Nacional no puede limitarse a presentar cifras de crecimiento económico o anunciar inversiones. Tiene que traducir ese crecimiento en oportunidades concretas para la población, especialmente para quienes están comenzando su vida profesional. Necesitamos una política de primer empleo que involucre al Estado, las universidades y el sector privado. Por eso en Panamá, no podemos darnos el lujo de hablar de desarrollo, competitividad y crecimiento mientras una generación entera se pregunta cómo conseguir una oportunidad para demostrar lo que es capaz de hacer...

Necesitamos generar empleos, un país que no les ofrece oportunidades a sus jóvenes no solamente está comprometiendo su presente, está hipotecando su futuro.

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