• 10/12/2012 01:00

La Unión Europea, un proyecto de paz y prosperidad compartidas

No faltan aquellos a quienes ha sorprendido la concesión a la Unión Europea del Premio Nobel de la Paz 2012, que hoy se entrega en Oslo....

No faltan aquellos a quienes ha sorprendido la concesión a la Unión Europea del Premio Nobel de la Paz 2012, que hoy se entrega en Oslo. Sin duda, porque desde hace ya demasiados meses la Unión se asocia a dificultades económicas y a desajustes en el proceso de integración. Pero eso, que es cierto, no debe ocultar, ni oculta, la aportación que, a lo largo de 62 años, una Unión cada vez más profunda ha venido haciendo a la causa de la paz, la reconciliación, la democracia y los derechos fundamentales del hombre y de la mujer en el continente europeo e incluso fuera de él. Esa aportación es lo que el Parlamento noruego ha querido distinguir.

Para nosotros, para la Unión Europea, tal distinción es un honor, pero es sobre todo un estímulo. Es un honor porque reconoce lo que se ha logrado, que es tanto y de tanta trascendencia que, probablemente, ni los padres fundadores ni las generaciones que, una tras otra, fueron tomando el relevo en el entusiasmo europeísta hubieran podido soñarlo. El Premio es un tributo a todos ellos y un reconocimiento de su audacia, su clarividencia y sus esfuerzos incansables.

Pero el Premio lo sentimos también como un estímulo, y como tal lo entendemos dirigido no solo a nuestras instituciones y a quienes hoy las encarnan, que también, sino a la totalidad de los 500 millones de ciudadanos europeos, porque hace tiempo que en Europa los ciudadanos somos dueños y responsables de nuestro destino común, sobre la base de un entramado de consensos sin precedentes en nuestra historia.

Tales consensos son muchos, acaso innumerables, pero no quisiera dejar de mencionar los más básicos y trascendentes. El primero se refiere a los objetivos que perseguimos: la paz, la prosperidad y la cohesión social. Otro tiene que ver con los instrumentos: la democracia representativa, un tejido institucional sólido, el respeto a la ley. El tercero, quizá el que más singulariza a la Unión, gira en torno al modelo europeo de integración. No es, evidentemente, un modelo perfecto, pero sí nos ha permitido gozar de un periodo de paz de más de 60 años, nunca antes conocido en nuestra historia; es además lo que nos ha facilitado alcanzar niveles de prosperidad que igualmente no tienen precedentes; y es en definitiva lo que alimenta nuestro estado de bienestar y el ideal de cohesión social que lo inspira.

Y es también un modelo permanentemente abierto al mundo, en un doble sentido. Siempre dispuesto, en primer lugar, a aprender de las experiencias positivas de otros, pero dispuesto también a ayudar a que otros se sirvan de las nuestras, en la medida en que las consideren útiles para superar sus problemas y avanzar hacia la materialización de sus ideales. Porque otra de nuestras convicciones fundamentales es que la paz, la prosperidad y la cohesión social no se construyen en aislamiento y solo se consolidan cuando se generalizan y se comparten. A esa convicción responde la firma en Tegucigalpa, en junio pasado, del Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y América Central.

Mientras tanto, y a pesar de la crisis, seguimos siendo a la vez el principal origen y el principal destino de la inversión extranjera en el mundo; somos además la economía y el mercado más grandes del planeta; también una potencia comercial, industrial, tecnológica y científica de primer orden; y, por cierto, el mayor contribuyente mundial en materia de cooperación al desarrollo y ayuda humanitaria. La crisis es, eso sí, un reto que exige sacrificios a muchos de nuestros conciudadanos y pone a prueba la fortaleza de nuestras instituciones y de nuestros principios. Pero saldremos de ella sin renunciar a nuestras aspiraciones y, como otras veces, sin dar un paso atrás, sino un salto adelante, con más integración, y no con menos, porque estamos convencidos de que la integración no es la causa de nuestros problemas, sino buena parte de la solución.

Hoy, es también el Día Internacional de los Derechos Humanos. Es un terreno en el que el compromiso de la Unión Europea es invariable y permanente, y en el que lo mucho que ya hemos logrado rivaliza solamente con los retos, aun mayores, que tenemos pendientes, dentro y fuera de la Unión. También por ello, para nosotros es hoy día de celebración, pero a la vez de compromiso. Podemos legítimamente celebrar que el respeto a los derechos fundamentales del hombre y de la mujer sea hoy mayor que en ningún momento histórico anterior. Pero debemos también comprometernos a continuar trabajando para que sea aun más sólido y se extienda a lugares donde hoy se les ignora o se les violenta.

Otro tanto ocurre con la entrega a la Unión Europea del Premio Nobel de la Paz 2012. Lo tomamos como un reconocimiento, que celebramos y agradecemos, pero también como un recordatorio de que la consolidación de la paz, la prosperidad y la cohesión social es un desafío permanente que no admite vacilaciones, pausas ni pasos atrás. Es además un compromiso con nosotros mismos, pero también con nuestros muchos socios y amigos en todo el mundo, en cuya compañía aun nos queda mucho camino por hacer.

EMBAJADOR, JEFE DE LA DELEGACIÓN DE LA UNIÓN EUROPEA EN PANAMÁ, COSTA RICA, EL SALVADOR, HONDURAS Y NICARAGUA.

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