• 26/05/2010 02:00

Destreza en la Policía

Se debe diagnosticar una enfermedad antes de aplicar los remedios y si la tara es social, por la serie de variables que existe, mayor de...

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Se debe diagnosticar una enfermedad antes de aplicar los remedios y si la tara es social, por la serie de variables que existe, mayor debe ser la consulta. Si tratamos de detectar los problemas de seguridad que debemos combatir, como ahora nos ocurre con la preocupación del público. Lo que sucede es que cargamos con el arrastre de políticas inadecuadas, de un puñado de estrategas, en una interminable parranda como: La mano tiesa, dura, amiga, suave o pendiente. Seguro que también heredamos a los actores de singulares eventos, que justifican, entorchados entre flamantes excusas, sobre el escaso aporte para resolver el problema.

Esa variable concentrada en el narcotráfico con su abultado presupuesto, en el que no se escatima el soborno público, ha sumido a algunos sectores en un estado de anarquía. Allí se desconoce a las autoridades instituidas y además cubren lugares domésticos y extraterritoriales, en una batalla comercial que no tiene comparación alguna ni siquiera cuando estuvo en boga el elixir de la vida o la piedra filosofal. Alguien dijo sobre lo difícil que resulta el rechazar un cañonazo de cincuenta mil dólares.

Podemos bautizar esta gran batalla como la de una encrucijada entre los deberes y los vicios, sobre la realidad de una lucha sin presupuesto, aparte de reconocer los caminos torcidos que debemos evadir, que para muchas personas resulta un imposible, a falta de oportunidades del lado de los buenos. Nos cuestionan sobre esta disposición crítica, pero debemos contestar que es un asunto de conciencia. El silencio es el mejor aliado del desorden; disentir con sólidos argumentos, es una saludable tarea que algunos tildan de peligrosa.

Bueno, sin apartarme de esta línea de combate, es imprescindible la redefinición del papel de la Policía en estos berenjenales. Antes lo he dicho impregnado de la mejor buena fe y consciente de las apreciaciones de algunos uniformados sobre la desconsideración que piensan que les damos en el trato. Cabe señalar que la Policía es un cuerpo amigo, protector, ejemplar y con el que debemos contar siempre, si guardan los rasgos genéticos del concepto del soldado. En una sociedad desarmada, debemos contar con los que custodian la tranquilidad.

La labor preventiva de la Policía se debe y tiene que notar en las calles. El uniforme y los arreos, tienen ínsito el mensaje de advertencia, puesto que ellos como agentes de la autoridad, con la debida supervisión deben guardar el orden, preservar la tranquilidad, actuar con la persuasión antes de repeler, una conducta que debe ser tomada con un cuenta gotas, especialmente por el uso de los instrumentos, que alguien ha malinterpretado y paso a definirlo como los tranquilizantes. A nadie le puede rociar un gas pimienta en los ojos si ya está esposado, por ejemplo.

Un error garrafal consiste en la maniobra de subsumir la investigación judicial a la Policía Nacional. Hay razones contrarias, como la dirección monolítica, la población funcional operativa, la falta de un control eficiente, la diversidad de funciones, la cobertura territorial, los horarios permanentes de trabajo, que afectan su eficiencia. Debe existir un contrapeso en esas investigaciones administrativas y penales, sobre todo por el alto índice de corrupción en todas sus modalidades, pero que para el ejemplo, la ignorancia en el procedimiento, corroe con la misma intensidad que puede producir el cohecho.

Necesitamos al guerrero investido de valores, pero lejos de su papel de guerreador y menos en su postura de gendarme, a pesar de su eterna presencia en el núcleo de la sociedad y el deber de mantener el orden público.

*Abogado y docente universitario. cherrera255@hotmail.com

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