• 12/11/2008 01:00

Fantasma de Noriega se apodera del PRD

Las mentiras de Roberto Díaz Herrera me hacen pensar en cómo callan muchos mientras otros pretenden tergiversar la historia.

Las mentiras de Roberto Díaz Herrera me hacen pensar en cómo callan muchos mientras otros pretenden tergiversar la historia.

El ex jefe del Estado Mayor de Manuel Antonio Noriega dice ahora que su ex jefe y la CIA asesinaron a Omar Torrijos en el ‘81. Él salió de las Fuerzas de Defensa en 1987, al darse cuenta de que Noriega no le iba a cumplir el pacto hecho con Rubén Darío Paredes, para repartirse el cargo de Comandante de la Fuerza Pública por simples intereses personales; allí fue cuando “comenzó” a hablar de la fiesta que tanto había disfrutado.

Cuatro años después del trágico accidente de Omar, en el ’85, cuando yo era legislador de la República, ante el silencio cómplice del Partido Revolucionario Democrático (PRD), infructuosamente pedí en la Asamblea Legislativa que se investigara ese crimen. Inclusive, en el ’85 le toca cumplir al ahora parlanchín ex militar con el nada honroso papel de informar que un alemán —Manfred Hoffman—, que pasaba por aquí, tenía algo que ver con la decapitación de Hugo Spadafora.

El caso del ministro “en licencia” Daniel Delgado Diamante ha revivido los desmanes de la época militar, de la cual el PRD ha tratado de desvincularse —hasta ahora exitosamente—. Salen a relucir ahora los asesinatos sin investigar y que un ex militar como Rubén Darío Paredes, con valentía y humildad, reconoce como errores de la era dictatorial. Pero para Díaz Herrera eso es incurrir en traición: implica acusar a Omar de apadrinar la impunidad y colocarlo al lado de Noriega en el correspondiente juicio de la historia patria.

Si es cierto que Torrijos firmó los tratados con los Estados Unidos, también lo es que para lograrlo vejó los derechos ciudadanos hasta el punto que en 1977, al ratificarse éstos en plebiscito, “votó” a su favor el 97% de la población, cifra que ni ellos mismos creyeron.

¿Qué hará Díaz Herrera cuando aleguen que en la desaparición del Padre Gallego y tantos otros panameños, para proteger a sus allegados y subalternos, Torrijos echó otro manto de impunidad sobre quienes asesinaron, torturaron y desaparecieron a inocentes ciudadanos?

La actual campaña del PRD, afortunadamente para el país, ha estado vinculada a esa impunidad que vuelve a relucir ahora, con aquello de “torrijistas de verdad” y “de corazón”, con una candidata que no puede ocultar su vínculo con el general preso en Miami.

Ya no pueden echar para atrás, por más que sus estrategas políticos pretendan vendernos la imagen de “yo no fui” y proponernos a ésos como la salvación del país.

Tarde o temprano quedaría al descubierto esa época de lesa justicia que sirvió de fundamento para el origen y desarrollo cuartelario del PRD.

Así las cosas, el clamor de cambio es una llama que recorre el país.

*Escritor, abogado, catedrático y político. gcochez@cableonda.net

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