• 30/08/2015 02:00

“Premio Panamá FairPlay”

No voy a juzgar y sentenciar, pues sería especular —y ni tanto, por lo burdo— las motivaciones del árbitro estadounidense

Es sumo conocido a nivel nacional e internacional lo sucedido en el partido Copa Oro entre Panamá y México, en donde un horror arbitral coartó sin misericordia no solo la esperanza de un pueblo, pequeño en aficionados que puedan llenar el Estadio Lincoln Financial Field de Filadelfia o el Rose Bowl de Pasadena, California, sino que coartó al mismísimo fútbol, a su esencia; y ni hablar del ‘FairPlay'. Un equipo pequeño sí, en llenar estadios de grandes dimensiones y generar divisas, pero grande en orgullo, tenacidad y corazón; tan grande que, con 10 jugadores gran parte del partido, pudo jugar contra un equipo y todo un estadio, en el que probablemente uno o un par de sus jugadores valga —solo monetariamente— toda la selección de Panamá.

No voy a juzgar y sentenciar, pues sería especular —y ni tanto, por lo burdo— las motivaciones del árbitro estadounidense. De eso deben encargarse la Concacaf, FIFA y su propia conciencia e incluso, la fiscal Lynch de New York que lleva actualmente el Caso FIFA, amén que dicha actuación sucedió en territorio de Estados Unidos de América. Apunto, entonces, a las consecuencias de una decisión errónea que en un momento dado pueda tomar un silbante, pues a partir de ahí es donde entra el ‘FairPlay'. Cualquiera puede equivocarse en una decisión, pero está siempre presente la posibilidad de subsanarlo en forma inmediata por quienes deben ser sus verdaderos protagonistas (jugadores y técnicos), aplicando el ‘FairPlay', definido en términos generales como: ‘El comportamiento leal y sincero además de correcto en el deporte, hacia el ‘oponente', respetuoso ante el árbitro y correcto con los asistentes'.

El partido Panamá —vs— México indudablemente es la ilustración práctica perfecta de cómo aplicar el ‘FairPlay', por lo que sería conveniente, para el buen espectáculo del fútbol, que exista un reconocimiento permanente a quien actúe en esa dirección.

Tampoco podemos juzgar a un buen jugador como Andrés Guardado y menos aún si no tiene la orientación de su director, quien en momentos como ésos debió estar para ‘dirigir' y no para hacer muecas, insultar o pegarle a comentaristas; además, a Guardado, con el solo hecho de reconocer públicamente que ‘pensó por un momento tirar afuera el penal', podemos atribuirle, al menos, un ‘FairPlay mental'.

Sin lugar a dudas, han existido situaciones peores, en las que errores arbitrales hayan dado al traste con el espectáculo futbolístico, pero guardo dudas que tan evidentes como estas, en las que en dos partidos seguidos en un mismo torneo se ha beneficiado descaradamente a un mismo equipo, el cual seguramente ni sus propios jugadores piden ni necesitan e incluso, podría asegurar que ni están de acuerdo, siendo que ellos también fueron víctima de ‘errores' en el pasado mundial. Esto último tampoco es justificación, como algunos pocos hayan dado a entender, a lo que sucedió. Si alguien me roba, ello no me legitima a mí a robar. Así de simple.

En efecto, esta tragedia futbolística puede ser una oportunidad de Oro —sin Copa— para que nuestras autoridades futbolísticas eleven una petición para que el ‘Premio FairPlay' que a veces otorga la FIFA a jugadores, equipos o fanáticos, sea permanente, estructurado y escogido todos los años en una ceremonia; y, que el mismo sea denominado ‘Premio Panamá FairPlay' y se otorgue al jugador, técnico y equipo que haya mostrado un alto nivel con los principios de juego limpio, lo que contribuiría al deseo de la gran mayoría de rebasar e inhibir los oscuros intereses del fútbol; premio este que quizá pudiera haberse llamado Andrés Guardado, pero no; premio éste que debería llamarse: ‘Panamá FairPlay'.

EX FUTBOLISTA AMATEUR.

OPINION@LAESTRELLA.COM.PA

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